La Cruz Perdida de la Pureza



NO CRUZ, NO CORONA

Donde se puede alcanzar
el camino a la salvación
y desmentir a otros

Un discurso que muestra la naturaleza y disciplina de la Santa Cruz de Cristo,
y que, la negación de uno mismo, y la carga diaria la cruz de Cristo,
es la única forma de ir al reposo y el Reino de Dios.

Por

William Penn

Fundador de Pensilvania y West Jersey

Publicado en 1682


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De la Palabra del Señor en el interior:
"Los dos libros más importantes en este sitio son
El Diario de Jorge Fox y No Cruz, No Corona por William Penn.
No Cruz, No Corona, uno de los mejores libros escritos de todos los tiempos;
¿quién dijo esas frases audaces y decididas?"

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Sobre el Autor

William Penn
(1644-1718)

William Penn, fundador de Pensilvania y West Jersey, era un intelectual en su época, de clase alta y muy educado, quien hablaba cinco más idiomas. En pago por la deuda que el rey tenía con su padre, el rey le dio territorios muy grandes en el nuevo mundo, los que ahora son Pensilvania y Nueva Jersey. Penn quiso nombrar a su nueva colonia Nueva Gales, pero el consejo del rey insistió en que debía ser llamada Pensilvania, a pesar de sus súplicas.


Él estableció colonias en el nuevo mundo para escapar la persecución religiosa que los cuáqueros estaban experimentando por parte de los puritanos, bautistas, presbiterianos, y anglicanos en Inglaterra; estas colonias tuvieron una influencia importante en la forma de gobierno que más tarde fue adoptada por los Estados Unidos de Norteamérica. Sus colonias ofrecían completa libertad de religión, juicios justos, tenían representantes elegidos por el pueblo en el poder, y una separación de poderes—nuevamente, ideas que más tarde formarían la base de la constitución norteamericana. Muy avanzado para su época, Penn escribió y urgió una unión de todas las colonias inglesas en lo que iba a convertirse en los Estados Unidos de América. También fue el primero en proponer los Estados Unidos de Europa como una forma de evitar las continuas guerras en el continente.

El padre de Penn era el Almirante Penn, y mientras Oliver Cromwell estaba en el poder, la familia Penn se exilió en Irlanda. El Almirante era un realista, que respaldaba la reclamación del hijo del rey depuesto a la corona. Él invitó a un predicador cuáquero, Thomas Loe, para que fuera a su casa para y pudieran juzgar de primera fuente cuál era el controvertido mensaje de los cuáqueros; el joven William estuvo profundamente impresionado a los 12 años de edad. Cuando la corona volvió al poder, el apoyo previo del Almirante Penn lo catapultó de nuevo para convertirse en Lord del Almirantazgo y ser nombrado caballero por medio del poderoso apoyo del rey Carlos II y su hermano, el futuro rey Jaime II. A los quince años, Penn fue a Oxford, donde volvió a escuchar la predicación del cuáquero Thomas Loe, quien llevó a cabo algunas reuniones allí. Estuvo profundamente impresionado por su mensaje, y decidió unirse a los cuáqueros.

A la edad de veinticuatro William Penn se convirtió en ministro cuáquero, y a través de su larga vida sirvió fielmente a su Señor y Maestro magníficamente. Penn fue un gigante en el movimiento de los primeros cuáqueros, sirviendo su causa en la corte del rey James II de Inglaterra, fundando y gobernando una colonia en Norteamérica, escribiendo muchos folletos y libros, y ministrando por treinta años por toda Inglaterra, como también en Irlanda, Norteamérica, Holanda, y Alemania.

Penn eligió quizá el camino más difícil posible para un hombre cristiano: un cristiano y dirigente del gobierno. Mientras menos decisiones, más simple es la vida, más fácil es seguir siendo fiel a los requisitos de su Dios. Con una valentía que no puedo imaginar, Penn se abrió paso a través de decisiones, negociación, administración y gobierno de una región del tamaño de Inglaterra — con fe en su Dios y acciones que se mantuvieron fieles a sus principios cristianos. A partir de una tierra salvaje, él forjó una colonia que sobrepasó rápidamente a las colonias vecinas más antiguas, mientras creó y mantuvo una paz con los indios que nunca fue igualada.

En Francia y en el continente europeo los grandes hombres y escritores aprovecharon El Santo Experimento de Pensilvania como el más notable sucedo de la época. Para estos hombres, criados bajo la versión romana del cristianismo y acostumbrados a las atrocidades y horrores infligidos por Cortés y Pizarro en los nativos de América del Sur, la idea de un cristiano que cumple su promesa durante cuarenta años con los indios paganos fue un idealismo hecho realidad. Fue como un refrigerio en un gran desierto cansado. ¿Quién era este hombre, y qué extraño tipo de Cristiano era él que mantuvo su palabra con los paganos, que había hecho lo que nunca se había hecho antes, y lo que se suponía que nunca sería hecho? Voltaire estaba encantado, y a partir de ese momento él amó a los cuáqueros; e incluso pensó en ir a Pensilvania para vivir entre ellos.

A partir de una tierra salvaje, Penn forjó una colonia que sobrepasó rápidamente a las colonias vecinas más antiguas, mientras creó y mantuvo una paz con los indios que nunca fue igualada. Penn caminó la cuerda floja del poder secular con una humildad cristiana; pocos podrían siquiera acercarse a sus logros seculares, y escasamente podría alguien ser capaz de igualar su mantenimiento de la virtud cristiana durante todo ese tiempo. Él alcanzó los logros de un emperador romano, pero con la bondad y la mansedumbre del mayor servidor que haya vivido, su Señor Jesucristo. En verdad, él tenía una nobleza cristiana que probablemente nunca veremos otra vez en la historia.

No Cruz No Corona es una importante obra de Penn, escrita mientras estaba encarcelado en la Torre de Londres por escribir un folleto que desafiaba las opiniones de la iglesia prevaleciente y establecida, que era la iglesia anglicana; ellos reclamaron que él había negado la divinidad de Cristo y lo encarcelaron por herejía. Lejos de negar la divinidad de Cristo, su Señor y Maestro, Penn exalta a Cristo en todo su libro, mientras que implora a aquellos que se llaman a sí mismos cristianos a que despierten de la falsedad de cualquier salvación que no esté basada en su sufrimiento en la cruz; y muestra cómo, siguiendo los pasos de Cristo, para ser verdaderamente salvos de los pecados de lujuria, afectos, servidumbre, y emociones — así para llegar a la eterna paz, gozo, y reposo — en esta vida.

Los engaños de trescientos años atrás, como fue descrito por Penn en este documento, son aún más grandes hoy en día. Las tentaciones y distracciones del mundo han aumentado de manera estrepitosa — haciendo que sus advertencias, ruegos, y consejos que están en este escrito sean aún más importantes hoy en día.

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Prólogo


Estimado lector,

El gran asunto de la vida del hombre es entender el propósito de la vida, por qué él está vivo; lo cual es glorificar a Dios y salvar su propia alma; este es el decreto del cielo, tan antiguo como el mundo. [El único propósito de la vida es buscar a Dios y, al encontrarlo, entrar en unión con él.] Sin embargo al hombre no le importa nada menos que lo que él debe preocuparse más, y menosprecia el investigar acerca de su propio ser, y su deber original y su fin; escogiendo más bien dedicar sus días (los pasos que él debe tomar para la bendición) para gratificar el orgullo, la avaricia, y el lujo de su corazón. Actuando como si él hubiera nacido para sí mismo, o más bien como si se hubiera dado vida a sí mismo, y así no estar sujeto al ajuste de cuentas y juicio de un poder superior, su creador. A esta condición agreste y penosa, el pobre hombre se ha llevado a sí mismo por medio de su desobediencia a la ley de Dios en su corazón,* al hacer lo que él sabe que no debería hacer, y dejando sin hacer lo que él sabe que debe hacer. Y mientras esta enfermedad continúe en el hombre, él hace a su Dios su enemigo, y es incapaz de recibir el amor y la salvación que Dios ha creado por medio de su Hijo, Jesucristo para el mundo.

[*A pesar de que la sangre de Cristo hizo a la ley mosaica obsoleta, la ley interna en el corazón de todo hombre todavía está viva, nunca cancelada (y esta ley interna incluye el centro moral de la ley mosaica); para que seas libre de la ley interna, por la que todos los hombres serán juzgados, Romanos 2:14-16, y estas leyes deben ser obedecidas. Nos hace sentir mal cuando mentimos o robamos. Las leyes morales de la ley interna exceden las leyes morales externas (Mosaicas) porque, como Jesús dijo, él vino a cumplir la ley; y entonces Él nos dijo cómo debía ser fortalecida, lo cual la ley interna refleja. La ley interna fortalecida puede ser entendida como habiendo sido violada cada vez que usted exhibe un fruto de la carne, los cuales incluyen: inmoralidad sexual, impureza, codicia, indecencia, tonterías, bromas groseras, obscenidad, adulterio, desenfreno, hechicería, odio, peleas, celos, iras, ambición egoísta, divisiones, envidias, homicidios, borracheras, fiestas, malos pensamientos, fornicaciones, iniquidad, engaño, blasfemia, orgullo, enojo, jactancia, lisonja, falta de modestia, inmoralidad, e insensatez. Cualquiera de estas cosas descalifica a cualquier hombre del cielo. Para más información acerca de este tema vea Hasta que todas sus palabras y acciones sean ordenadas por Dios, usted debe obedecer a ley interna en el corazón de cada hombre.]

Si usted, lector, es tal persona, mi consejo para usted es que se retire a su interior y mire la condición de su alma, porque Cristo les ha dado vida con la cual lo pueden hacer. Escudriñen cuidadosa y completamente; su vida está en esto; su alma está en juego. Se debe hacer sólo una vez; si usted lo abusa, la pérdida es irreparable; el mundo no es una recompensa suficiente para rescatarlo. ¿Se retardará usted entonces por un mundo así, quedándose más allá del tiempo de su salvación, perdiendo así su alma? Yo le garantizo, esto debe hacerse con paciencia; pero eso también debe tener un fin. Por lo tanto no provoque a Dios quien lo ha creado, para rechazarlo. ¿Sabe usted lo que es el rechazo? Es infierno, la angustia eterna de los malditos. ¡Oh! Lector, como uno que conoce los terrores del Señor, yo les ruego que sean serios, diligentes, y fervientes acerca de su propia salvación. Sí, y como uno que conoce el consuelo, paz, gozo, y placer de los caminos de justicia también, yo les exhorto y les invito a aceptar las reprobaciones y convicciones de la luz y el Espíritu de Cristo en sus propias conciencias, y soporten el juicio quienes han obrado el pecado. El fuego quema todo menos el restrojo. El viento sopla todo menos la paja. Entreguen su cuerpo, alma, y espíritu a Aquel quien hace todas las cosas nuevas: nuevos cielos, y nueva tierra, nuevo amor, nuevo gozo, nueva paz, nuevas obras, una nueva vida y conducta. Los hombres han llegado a ser corruptos y repugnantes por causa del pecado, y deben ser salvados por el fuego, el cual lo limpia. Por lo tanto la palabra de Dios es comparada con el fuego, y el día de salvación a un horno; y Cristo mismo a un refinador y purificador de la plata.

Venga, lector, escúcheme por un momento. Yo busco su salvación, ese es mi plan, usted me perdonará. Un refinador ha llegado a estar cerca de usted, su gracia a aparecido ante usted. Ella le muestra los deseos del mundo, y le enseña a negarlos. Reciba su levadura, y ella lo cambiará; su medicina, y ella lo curará. Él es tan infalible como libre, sin dinero, y con certeza. Un toque de su vestidura lo hizo en el tiempo antiguo, y todavía lo hará. Su virtud es la misma, no puede ser extinguida, porque en Él mora la plenitud. Bienaventurado es Dios por su suficiencia. Él puso ayuda en Él, para que Él pueda ser poderoso para salvar a todos los que vienen a Dios por medio de Él. Si usted hace esto, Él lo cambiará; sí, su cuerpo vil para llegar a ser como el cuerpo glorioso de Él. Él en verdad es el gran filósofo; la sabiduría de Dios, que convierte el plomo en oro, cosas viles en cosas preciosas. Porque Él hace santos a los pecadores, y a los hombres en casi-dioses. ¿Qué nos queda por hacer, testificar su poder y amor? Esta es la corona, pero ¿dónde está la cruz? ¿Dónde está la copa amarga y el bautismo con sangre? Venga, lector, sea como Él. Por este gozo trascendente, levante su cabeza por encima del mundo; entonces su salvación se acerará en verdad.

La cruz de Cristo es el camino a la corona de Cristo. Este es el tema del siguiente discurso, escrito por primera vez durante mi encierro en la torre de Londres, en el año 1668, ahora reeditado con grandes aumentos de materia y testimonio, para que usted, lector, pueda ser ganado para Cristo; y si ha sido ganado ya, entonces llevado más cerca de Él. Es un camino al que Dios, en su bondad eterna, guió mis pies en la flor de mi juventud, cuando tenía alrededor de veinte años de edad. Entonces Él me tomó de la mano, y me sacó de los placeres, vanidades, y esperanzas del mundo. Yo he probado los juicios y misericordias de Cristo, y de los ceños fruncidos y reproches del mundo. Yo me regocijo en mi experiencia, y la dedico al servicio de ustedes en Cristo. Es una deuda que he tenido por mucho tiempo, y ha sido esperada por mucho tiempo. Ahora la he pagado, y he entregado mi alma. A mi país, y al mundo de los cristianos, la dejo. Mi Dios, si Él desea, la hará efectiva a todos ellos, y alejará sus corazones [de los cristianos] de la envidia, odio y amargura que ellos tienen los unos contra los otros, acerca de las cosas del mundo; sacrificando la humanidad y la caridad a la ambición y la codicia, por la cual ellos llenaron la tierra con angustia y opresión; para que, recibiendo el Espíritu de Cristo en sus corazones, los frutos del cual son amor, paz, gozo, temperancia y paciencia, amor fraternal, y caridad, ellos puedan en cuerpo, alma y espíritu, hacer una liga triple en contra del mundo, la carne, y el diablo, los enemigos comunes de la humanidad; y habiéndolos conquistado a través de una vida de negación propia, por el poder de la cruz de Jesús, ellos puedan al final alcanzar el reposo eterno y el reino de Dios.

Así desee, así ore, amigable lector.

Su ferviente amigo cristiano,

William Penn

Worminghurst en Sussex, el primer día del sexto mes, del año 1682

CAPÍTULO I

Aunque el conocimiento y la obediencia a la Cruz de Cristo es de una importancia infinita para las almas de los hombres, ya que es la única puerta para el verdadero cristianismo, el camino que siempre llevó a la bienaventuranza de los antiguos cristianos; sin embargo, con dolor extremo debo decir: es tan poco comprendido, por lo tanto descuidado, y lo que es peor, tan amargamente contradicho por la vanidad, la superstición y la intemperancia de los que profesan ser cristianos, que debemos ya sea renunciar a la creencia de lo que el Señor Jesús nos ha dicho, que quien no lleva su cruz y viene tras Él, no puede ser su discípulo (Lucas 14:27); o bien, admitir que la gran masa de cristianos miserablemente se engaña y se decepciona a sí misma en su cristianismo y su propia salvación.

2. Porque, no seamos nunca tan sensibles y caritativos en la inspección de esas naciones que se dan el derecho a cualquier interés en el santo nombre de Cristo, pero si vamos a ser justos también, debemos reconocer, que después de todas las misericordiosas ventajas de la luz, y la obligación de fidelidad, que estos últimos siglos del mundo han recibido por la venida, la vida, doctrina, milagros, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, con los dones de su Espíritu Santo; a lo que añadimos los escritos, trabajos, y el martirio de sus queridos seguidores en todo tiempo, parece que queda muy poco del cristianismo aparte del nombre; el cual, siendo ahora usurpado por la antigua naturaleza y vida pagana, hace que quienes se autodenominan cristianos, nada más que verdaderos paganos disfrazados. Porque aunque ellos no adoran a los mismos ídolos [que los paganos], adoran a Cristo con el mismo [impío] corazón [como lo hacen los paganos]; y que nunca puede hacer otra cosa, mientras ellos viven en los mismos deseos. De modo que el cristiano que no ha muerto y el pagano son de la misma religión. Porque aunque ellos dirigen sus oraciones a diferentes objetos, su adoración en ambos es forzada y ceremoniosa, y la deidad que verdaderamente adoran es el dios del mundo,* el gran señor de los deseos. Se inclinan con todo el poder del alma y el sentido al dios de la lujuria. ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué vestiremos? ¿Y cómo vamos a pasar nuestro tiempo? ¿Cómo podremos acumular riquezas, aumentar nuestro poder, ampliar nuestros territorios, y dignificar y perpetuar nuestros nombres y nuestras familias en la tierra? Y esta sensualidad común está más patéticamente expresada y constituida por el amado Apóstol Juan con estas palabras: "La concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la vanagloria de la vida", que, dice, "no son del Padre, sino del mundo " (1 Juan 2:16), y "el mundo entero está bajo el dominio del maligno. " (Juan 5:19)

[* Penn acaba de decir que todos los cristianos adoran a Satanás, aunque creen que están adorando a Cristo. Esto se aplica en el siglo 21, incluso más que en el siglo 17 en el que vivió Penn.]

3. Es una reflexión triste, pero una verdad innegable, que estos deseos mundanos llenan el estudio, el cuidado, y la conversación de la cristiandad miserable. Y, para empeorar las cosas, han aumentado con el tiempo. Porque a medida que el mundo se hace más viejo, se hace peor. El ejemplo de edades anteriores lascivas, y sus conclusiones miserable, no han disuadido, pero han emocionado nuestro tiempo; de modo que la gente de esta edad se ha vuelto más impía, y han llevado el mal más allá que nunca. Así que en lugar de avanzar en la honestidad hacia tiempos mejores, se han hecho escandalosamente peores que los no cristianos. El orgullo cristiano, las indulgencias lujuriosas, la inmundicia, la embriaguez, los juramentos, la mentira, la envidia, las murmuraciones, la crueldad, la traición, la codicia, la injusticia y la opresión, son tan comunes y están tan comprometidos con dicha invención, y con el exceso, que han hecho tropezar y han amargado a los no cristianos un grado de ridiculizar el cristianismo,* que en su lugar, su ejemplo debería ser una inspiración que lleve a la buena conducta.

[* La conducta de los así llamados cristianos es tan impía, su hipocresía hace que los incrédulos rechacen a Cristo. Las personas que se llaman cristianos, son piedras de tropiezo para el mundo que escucha el mensaje de Cristo. De la Palabra del Señor en el interior: " ¿Estás de acuerdo con alguien que en su arrogancia haya dicho que Dios excusa el mal en los creyentes? No es justo, pero a ellos no les importa. Por su evidente despliegue de pecado, los cristianos hacen que mi nombre sea blasfemado entre la gente. Este pueblo ya no me representa; ellos han causado gran indignación. "]

4. En el tiempo de la iglesia primitiva la gloria del cristianismo era la pureza de sus creyentes; pero desde entonces, ha habido un alejamiento miserable de los cristianos de la pureza; de modo que eso debe llamar a los cristianos de hoy a ser una carga mayor para Cristo que los judíos, [quienes lo llamaron impío y lo crucificaron]. Para los judíos, por el poder de la ignorancia y el prejuicio extremo que tuvieron hacia la humilde apariencia de Cristo, no le reconocieron cuando vino; pero durante dos o tres años perseguido y, finalmente, lo crucificaron en un día. Pero la crueldad de los falsos cristianos ha perdurado por más tiempo que los judíos que lo crucificaron. Como Judas, le han profesado, y luego, por estos muchos años, vilmente traicionado, perseguido y crucificado, por una apostasía perpetua en las costumbres, de la abnegación y la santidad de su doctrina; su vida muestra que su fe es una mentira. Estos son los que el autor de la epístola a los Hebreos nos dice: "crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a vituperio" (Hebreos 6:6); acerca de cuyos corazones contaminados Juan escribe en el Apocalipsis, "estarán en la plaza de la gran ciudad que simbólicamente es llamada Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado el Señor de ellos" (Apoc 11:8). Y como dijo Cristo de la antigüedad, los enemigos del hombre son los de su propia casa, por lo que los enemigos de Cristo ahora son principalmente aquellos que dicen ser creyentes; ellos le escupen, le clavan y le perforan, le ponen una corona de espinas, y le dan hiel y vinagre para beber (Mateo 27:34). Tampoco es tan difícil de entender; porque los que viven en la misma naturaleza y principios impíos que los judíos, que lo crucificaron externamente, le crucifican dentro de sí mismos; porque los que rechazan la gracia ahora en sus propios corazones son uno en acción y generación con los judíos duros de corazón, que resistieron la gracia que luego apareció en Cristo y por Cristo.

5. El pecado es de una naturaleza en todo el mundo. Porque aunque un mentiroso no es un borracho, ni un fornicario un blasfemo, ni tampoco propiamente un asesino, pero todos ellos son de una iglesia; todos son ramas de la raíz impía, todos de una familia. Sólo tienen un padre, el diablo, como Cristo dijo a los judíos profesantes, la iglesia visible de esa edad. Él despreció sus alegaciones acerca de Abraham y Moisés, y les dijo claramente que "todo el que peca es esclavo del pecado" (Juan 8:34). Los líderes religiosos judíos hicieron la obra del diablo, y por lo tanto eran hijos del diablo. El argumento siempre tendrá las mismas razones, porque, como Pablo dijo: sois esclavos de aquel a quien obedecéis, (Rom. 6:16), y Juan le dijo a la iglesia de la antigüedad, "Que nadie os engañe; el que comete pecado es del diablo." (1 Juan 3:7-8). ¿Fue Judas mejor cristiano para decir, "Salve, Maestro", y besar a Cristo? De ninguna manera, eran la señal de su traición; las señales que él dio a los judíos sanguinarios para que pudieran identificarlo y detenerlo. Judas lo llamó Maestro, pero lo traicionó; lo besó, pero lo vendió para que lo mataran; y lo mismo es el resultado de la religión de los cristianos falsos.

Si a un cristiano se le pregunta: "¿Es Cristo tu Señor?", él dirá: "Por supuesto que es nuestro Señor; sí, Él es mi Señor y Salvador."
-Muy bien, pero ¿guardas sus mandamientos?" [Si conoce sus mandamientos él dirá]: "No, ¿cómo podemos hacerlo?"
"Si no guardas sus mandamientos, ¿cómo puedes pretender ser su discípulo?"
"Es imposible," dicen. "¡Cómo! ¿Esperas que guardemos todos sus mandamientos? ¡Ningún hombre puede hacerlo!"

Entonces ¿Cristo ha hecho imposible ser cristiano? ¿Es Cristo irrazonable?
¿Acaso él cosecha lo que Él no ha sembrado? ¿Acaso él exige lo que no ha permitido?

Por lo tanto, como Judas, los cristianos modernos lo llaman Maestro, pero se unen al mal del mundo para entregarle; y lo besan y lo abrazan como creyentes superficiales, fingidos; y luego lo venden como Judas, para satisfacer sus pasiones indulgentes. Por lo tanto, como Dios dijo hace mucho tiempo, ¡le hacen servir con sus pecados y por sus pecados también! (Isa 43:24).

[Si usted intenta guardar todos los mandamientos que están sólo en el Nuevo Testamento, se sentirá reprimido. Intente estos:

Amen a vuestros enemigos.
Den la otra mejilla a alguien que les golpea.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, mente, alma y fuerza. (Uno de los Diez Mandamientos)
Ama a tu prójimo como a ti mismo. (Uno de los Diez Mandamientos)
Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Usted no puede obedecer ninguno de estos mandamientos sin ser cambiado a ser como Él. Usted no puede ser perfecto a menos que él lo haga perfecto, no importa cuánto se esfuerce. No puede amar a su prójimo como a sí mismo a menos que Él le ayude, no importa cuánto se esfuerce. No puede amar a sus enemigos sin Su ayuda. No puede amar a Dios con todo su corazón, mente, alma y fuerza, no importa cuánto se esfuerce — a menos que Él le ayude con su favor inmerecido, su gracia. Esto no se hace mediante la lectura de la Biblia, los grupos de estudio bíblico, con orar, ayunar, cantar, escuchar sermones, o tratar, etc. Usted llega a tener esta capacidad de guardar a todos sus mandamientos, (perfección),— por medio de la gracia. Usted obtiene su ayuda al ir a él y estar en silencio para que pueda escucharlo. Si usted está ocupado diciéndole todo lo que usted quiere que Él haga por usted, ¿cómo le puede enseñar? Es así de simple. Él es el Maestro. Él es la Luz que ilumina a todos los hombres. Él está en usted, encadenado, a la espera de que usted le busque para escucharlo. Y cuando usted se sienta en silencio, esperando y escuchando, usted lo oirá y la Luz le mostrará cosas acerca de usted mismo que no son bonitas, lo cual es convicción, que le permitirá arrepentirse; y si usted ama la Luz, lamentará lo que la Luz le muestre, y usted recibirá la fuerza para ser diferente a partir de entonces— la operación de la gracia— el proceso de limpieza, purificación, y perfeccionamiento de la gracia.]

6. Que nadie engañe a su propia alma; "Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos" (Mateo 7:16); un lobo no es una oveja, ni es un buitre una paloma. Sea cual sea su forma, el pueblo o la iglesia a la que usted pertenezca, es la verdad de Dios a la humanidad que los que tienen incluso la apariencia de piedad, pero que, por su vida que no es mortificada, niegan el poder de ella, [para purificarlos y librarlos del pecado] no pertenecen a la iglesia verdadera, sino que pertenecen a la iglesia falsa; la cual, aunque ella se llama a sí misma la novia del Cordero, o la iglesia de Cristo (Apocalipsis 21:2; 22:17), ella es ese misterio, o Babilonia misteriosa, aptamente llamada por el Espíritu Santo la madre de las rameras y de todas las abominaciones (Apoc 17:5); porque ella se ha degenerado de la castidad y la pureza cristiana, hacia todas las barbaridades de la Babilonia pagana; una antigua ciudad suntuosa, muy notada por ser sede de los reyes de Babilonia, y en ese tiempo el lugar en el mundo del mayor orgullo y lujo. Como era entonces, así la mística Babilonia es ahora, la gran enemiga del pueblo de Dios.

[Las iglesias protestantes y la iglesia católica son la Ramera de Babilonia, que dice ser su esposa virgen, pero que continuamente comete adulterio espiritual con el mundo al abrazar la codicia, la avaricia, la inmoralidad sexual, la mentira, el engaño, los pasatiempos indulgentes, la envidia, y la idolatría.]

7. Es verdad, aquellos que han nacido de la carne odian y persiguen a los que han nacido del espíritu, que son la circuncisión del corazón. Parece que ellos [que realmente son nacidos del Espíritu de Dios] no puede tener ni adorar a Dios según los inventos, métodos o recetas de la ramera, ni recibir como doctrina sus tradiciones vanas, más de lo que pueden obedecer sus modas y costumbres corruptas en sus conversaciones. Así pues, la Ramera no es sólo una apóstata falsa, sino que se ha convertido en perseguidora de los verdaderos cristianos, [ebria con la sangre de los santos]. No es suficiente que ella misma se ha alejado de la antigua pureza, sino que también lleva a los demás también a la impureza. Ella no da descanso a los que no participan en su degeneración, o reciben su marca. ¿Hay alguien que sea más sabio que ella, la iglesia madre? No, no: y nadie puede hacer la guerra en contra de la bestia sobre la cual ella está montada, esos poderes terrenales que la protegen, y prometen mantenerse en contra de los clamores de sus disidentes. La apostasía y la superstición son siempre orgullosas e impacientes con la disensión; todos deberán conformarse o perecer. Por lo tanto los testigos muertos, y la sangre de las almas bajo el altar (Apoc 6:9), se encuentran dentro de las paredes de esta mística Babilonia, esta gran ciudad de los falsos cristianos, y le son reclamados a ella, por el Espíritu Santo en el Apocalipsis. Tampoco es extraño que ella mate a los siervos que primero crucificaron al Señor: pero es extraño y bárbaro también, que ella mate a su esposo y asesine a su salvador; títulos que parece que ella ama tanto, y que han sido tan beneficiosos para ella; y por los cuales ella se recomienda, aunque injustamente. Pero sus hijos son reducidos tan completamente bajo el dominio de las tinieblas, por medio de su desobediencia continua a la manifestación de la luz divina en sus almas, que se olvidan de lo que el hombre fue una vez, o lo que deberían ser ahora; y no conocen el cristianismo verdadero y puro cuando lo ven; sin embargo se enorgullecen de profesarlo. Sus medidas son tan carnales y falsas con respecto a la salvación, que a lo malo le llaman bueno y a lo bueno malo, que hacen a un demonio cristiano, y a un santo un diablo. Para que a pesar de que la latitud impía de sus vidas es lamentable, ya que para ellos mismos es destrucción; sin embargo ese temor común, que pueden ser hijos de Dios mientras están en un estado de desobediencia a sus santos mandamientos; y son discípulos de Jesús a pesar de que se rebelan de su cruz, y miembros de su iglesia verdadera, que no tiene mancha ni arruga, sin embargo sus vidas están llenas de manchas y arrugas; este es, de todos los engaños de otros sobre sí mismos, el más desastrosa para su condición eterna. Porque ellos están en paz con el pecado, y bajo una seguridad en su transgresión. Sus vana esperanza acalla sus convicciones, y detiene de todos sus movimientos hacia el arrepentimiento; de modo que su error acerca de sus deberes hacia Dios es tan malicioso como su rebelión contra él.

Así entonces ellos caminan al borde de un precipicio, y se halagan a sí mismos, hasta que la tumba se los traga, y las sentencias del gran Dios rompen su letargo, y desengañan sus pobres almas miserables con la angustia de los impíos, como recompensa por sus obras.

8. Esto ha sido, es y será la perdición de todos los cristianos mundanos. Su fin es terrible; esto lo sé porque tengo un conocimiento de los terrores del Señor en el camino y la obra de mi propia salvación. Aunque no esté obligado por el deber a Dios, ni obligado con los hombres, sólo la compasión me motiva a estar en contra de las supersticiones del mundo y a sus deseos, y a invitar a los profesantes del cristianismo al conocimiento y la obediencia diaria a la cruz de Cristo. Porque la cruz es el único camino, dejado por él, y asignado a nosotros para recibir la bendición de Dios. Entonces aquellos que ahora dicen ser cristianos, de verdad pueden llegar a serlo, por el poder de la cruz, a ahora han muerto, en vez de estar muertos en el mundo por ella, pueden ser hechos partícipes de la resurrección que está en Cristo Jesús, a la novedad de la vida. Porque aquellos que están realmente en Cristo, es decir, redimidos por él e interesados en él, son nuevas criaturas (Gal 6:15). Han recibido una nueva voluntad, como para hacer la voluntad de Dios, no la suya. Oran en la verdad, y no se burlan de Dios cuando dicen: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo." Tienen nuevos afectos; establecidos en las cosas de arriba (Col 3:1-3), y hacen a Cristo su tesoro eterno. Una nueva fe (1 Juan 5:4), que supera las trampas y tentaciones del espíritu del mundo en sí mismos, o tal y como aparece a través de otros: y, por último, nuevas obras, no con artificios supersticiosos, o por invención humana, sino los frutos puros del Espíritu de Cristo que trabajan en ellos, como el amor, gozo, paz, mansedumbre, paciencia, templanza, bondad fraternal, fe, paciencia, benignidad y bondad, contra lo cual no hay ley; y aquellos que no tienen el Espíritu de Cristo, y no caminan en él, el apóstol Pablo nos ha dicho, no son de él (Rom 8:9); pero la ira de Dios, y la condenación de la ley, estarán sobre ellos. Porque si no hay condenación para aquellos que están en Cristo; los que no andan según la carne, sino conforme al Espíritu,* que es la doctrina de Pablo; los que no andan conforme al Espíritu Santo, en su doctrina, no están en Cristo: es decir, no tienen ningún interés en él, sólo reclaman la salvación por Él; y en consecuencia, son condenados.

*[Andar conforme al Espíritu es ser llevado por el Espíritu en pensamientos, palabras, y acciones. Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Gal 5:19. Andar conforme a la carne es caminar de acuerdo a su mente carnal y corazón impío, antes de haber sido limpiado y purificado; hasta entonces usted no está en Cristo Jesús porque todavía está caminando en la carne — en sus deseos, afectos, placeres, orgullo, enojo, vanidad, temor, preocupaciones, planes, etc. Cualquier persona que diga estar en Cristo cuando no está crucificada y sentada con Él en el cielo, está tomando su nombre en vano.]

9. Y la verdad es que la religión de los impíos es una mentira: "no hay paz", dijo el profeta ", para los impíos" (Isaías 48:22). De hecho no puede haber nada de paz; son reprendidos en sus propias conciencias, y condenados en su propio corazón, en toda su desobediencia. A donde quiera que vayan, la reprensión va con ellos, y muchas veces los terrores también; porque es un Dios ofendido que les hace remorder la conciencia, y quien, por su luz, pone sus pecados en orden ante ellos. A veces se esfuerzan por aplacarle por medio de su devoción y culto carnal, pero en vano; porque la verdadera adoración a Dios es haciendo su voluntad, la cual ellos violan. El resto es un halago falso, como el que dijo que iría y no lo hizo (Mateo 21:30). A veces huyen a los deportes y la compañía de otros para ahogar la voz que los reprende, y desafila sus flechas, para ahuyentar a los pensamientos de preocupación, y asegurarse de estar fuera del alcance del perturbador de sus placeres; pero el Todopoderoso, primero o último, seguramente se adelantará a ellos. No manera de huir de su justicia final, para los que rechazan los términos de su misericordia. Los rebeldes impenitentes a su ley entonces pueden pedir a las montañas, y correr a las cuevas de la tierra, para obtener protección, pero en vano. Su ojo que todo lo ve penetrará su cobertura más gruesa, y encenderá una luz en esa oscuridad, que aterrorizará sus almas culpables; y que nunca se podrá apagar. De hecho, su acusador está con ellos; no pueden librarse de él más que de sí mismos; él está en medio de ellos y se quedará cerca de ellos. Ese espíritu que da testimonio a los espíritus de los justos dará testimonio en contra ellos. No, sus corazones estarán ampliamente en contra de ellos; y "si nuestro corazón nos reprende", dijo el apóstol Juan, "Dios es más mayor, y sabe conoce las cosas" (1 Juan 3:20); es decir, no hay manera de escapar de los juicios de Dios, cuyo poder es infinito, si el hombre no es capaz de escapar de la condena de sí mismo.

Es en ese orgulloso día cuando los cristianos de lujo aprenderán que Dios no hace acepción de personas; que todas las sectas y denominaciones serán consumidas en estas dos clases: las cabras y las ovejas, justos e injustos; y los muy justos deben tener un juicio para esto; que hizo al hombre santo decir: "Si el justo con dificultad se salva, ¿en qué irá a parar el impío y pecador?" (1 Pedro 4:18). Si sus pensamientos, palabras y obras deben pasar la prueba, y ser objeto de examen ante el juez imperial de los cielos y la tierra, ¿cómo pueden quedar exentos los impíos? No; el que no puede mentir nos dice que muchos incluso dirán: "Señor, Señor!", expondrán su profesión, y contarán las obras que han hecho en su nombre, para motivarlo a la misericordia, y aún así serán rechazados con esta horrible frase: "¡Apartaos de mí, obradores de maldad! Nunca os he conocido" (Mat 7 : 23). Como si hubiera dicho: apartaos de mí, hacedores de maldad; aunque me habéis profesado, nunca los conozco; sus mentiras vanas e impías los han hecho no aptos para estar en mi santo reino. Váyanse de aquí y vayan con los dioses que han servido; sus amados deseos que han adorado, y el mundo impío que han codiciado y adorado tanto. Que estas cosas los salven ahora, si pueden, de la ira que vendrá sobre vosotros, que es la paga por las obras que ustedes han hecho. Este es el final de su obra que construyeron sobre la arena; el aliento del Juez la derribará, y su caída será lamentable. ¡Oh! ahora es que los justos tienen lo mejor de los impíos que dieron un clamor apóstata en los tiempos antiguos: "Muera yo la muerte de los justos, y sea mi final sea como el suyo," (Núm. 23:10).

Porque la sentencia de los justos [los han encontrado la paz y confianza eternas mientras están tierra] es cambiada, y el Juez sonríe. El echa el ojo del amor sobre sus propias ovejas, y los invita, diciendo: "Venid, benditos de mi Padre" (Mat 25:34); aquellos, que a través perseverando pacientemente en hacer el bien, han esperado por mucho tiempo la inmortalidad. El Juez les dice que han sido los verdaderos compañeros de mi tribulación y cruz, y, con incansable fidelidad, en obediencia a mi santa voluntad, valientemente soportaron hasta el final, mirándome a mí, el autor de su preciosa fe, por la recompensa que he prometido a "los que me aman, y no desmayan." ¡Oh! entren en el gozo de su Señor, y hereden el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

[Los católicos romanos dicen: "el hombre se salva al vivir una buena vida," refiriéndose al juicio en el cual las ovejas son separadas de los cabritos sobre la base de la buenas obras. Mat 25:31-48. Esta creencia es mejor que la salvación instantánea de los protestantes ya que reconoce que todo hombre es juzgado por sus palabras y sus obras; pero un fornicario bueno, o un borracho bueno, o un codicioso bueno, o un mentiroso bueno, cualquiera sean sus buenas obras, no se salvarán de la furia de Dios. Es imposible llevar una "buena vida" a menos que Dios le ordene qué obras buenas debe hacer; y a menos que su espíritu egoísta sea crucificado en la cruz interna de la negación propia, para que el Espíritu de Cristo tome su lugar en el trono de su corazón, Dios no le ordenará a su voluntad qué obras buenas debe hacer — su fe estará muerta, y su supuesta salvación será revelada de manera terrible como una mentira que usted amó más que la verdad.]

10. ¡Oh cristiandad! Mi alma implora fervientemente, que después de toda su noble profesión de Cristo, y la religión mansa y santa de él, su vida inadecuada y poco cristiana no les pueda echar fuera hacia la corte del gran juicio del mundo, y que ustedes pierdan una salvación tan grande al final. Escúchenme de una vez, se los suplico: ¿puede Cristo ser su Señor y ustedes no obedecerle? o, ¿pueden ustedes ser sus siervos, y nunca servirle? "No os engañéis, como sembréis, eso cosecharéis" (Gal 6:7). Él no es su Salvador mientras que rechacéis su gracia en vuestro corazón, por la cual Él os salvaría por medio de la purificación. Vengan, ¿de qué los ha salvado Él? ¿Los ha salvado de sus pasiones pecaminosas, sus afectos terrenales, y las conversaciones vanas? Si no, entonces ¡no es vuestro salvador! Porque, aunque él se ofrece como un salvador para todos, sin embargo, en realidad Él es el salvador sólo para los que son salvos por él, y ninguno es salvo por él si vive en esos males por los que se pierde para Dios y de los cuales Él vino a salvarlos.

Es pecado aquello de lo cual Cristo ha venido a salvar al hombre, y de la muerte y la ira, que son la paga por él; pero los que no son salvos, (liberados por el poder de Cristo en sus almas del poder que el pecado ha tenido sobre ellos), nunca puede ser salvo de la muerte y la ira, pero tienen por seguro la paga por el pecado en el que viven— la muerte.

Miren hasta qué punto la gente puede obtener la victoria sobre la disposición impía y los deseos carnales, a los cuales han sido adictos. Puede ser tanto hasta el punto en que son verdaderamente salvos, y son testigos de la redención que viene por Jesucristo. Su nombre revela su obra: "Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21) "He aquí", dijo Juan de Cristo, "el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Juan 1:29). Es decir, contemplar a Aquel a quien Dios ha dado para iluminar a la gente, y para la salvación de cuantos le reciben, y reciben su luz y gracia en sus corazones, y toman su cruz cada día y le siguen; aquellos que prefieren negarse a sí mismos del placer de cumplir con sus deseos, que pecar en contra del conocimiento que Él ha dado acerca de su voluntad, o lo que ellos saben que no deben hacer.

[Por lo tanto, no hay duda con respecto a cuál es la evidencia de la salvación, de la biografía de William Penn está su declaración a continuación detallando su recepción de la salvación:

"Sí, es Cristo la verdadera y única simiente de Dios, quien visitó mi alma, incluso en mi juventud, extendió mis pecados en orden delante de mí, me reprendió y trajo tristeza divina sobre mí, haciéndome a menudo llorar en lugares solitarios, y decir dentro de mi alma: ¡Oh, que yo conociera al Señor como debiera conocerlo! ¡Oh, que yo lo sirviera como debo servirle! Sí, a menudo había una gran preocupación sobre mi espíritu acerca de mi estado eterno, deseando desesperadamente que el Señor le diera reposo a mi alma en el gran día de la angustia. Ahora estaba toda la gloria del mundo como una burbuja; sí, nada me era estimado para ganar a Cristo; porque el amor, el placer y la amistad de este mundo fueron una carga para mi alma. En este estado de búsqueda, fui dirigido al testimonio de Jesús en mi propia conciencia, como la verdadera Luz brillante, que me fue dada para discernir los pensamientos y las intenciones de mi propio corazón. Y apenas me volví yo encontré que era lo que desde mi infancia me había visitado, aunque no lo supiera claramente; y cuando lo recibí en su amor, me mostró todo lo que yo había hecho, y reprendió todas las obras infructuosas de las tinieblas, juzgándome como un hombre en la carne, y sentando el juicio a la línea, y la justicia a la plomada en mi. Por el resplandor de su venida en mi alma, el Señor Jesús descubrió al hombre de pecado allí, sobre su trono, y por el aliento de su boca, que es la espada de doble filo de su Espíritu, destruyó su poder y reino; y habiéndome hecho testigo [experimentado por mi mismo] de la muerte de la cruz, también me ha hecho testigo [experimentado por mi mismo] de su resurrección— para que, en buena medida, mi alma pueda ahora decir: Yo soy justificado en el espíritu; y aunque el estado de condenación hasta la muerte era glorioso, la justificación para la vida era, y es, más gloriosa".

El hombre de pecado es revelado, el hijo de perdición; quien se opone y se exalta a sí mismo por encima de todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará como Dios en el templo de Dios [tu corazón] proclamándose como Dios. 2 Tesalonicenses 2:3-4. Esto se refiere al espíritu maligno en usted, el hombre de pecado, que es revelado. Cada hombre comienza con el espíritu de Satanás que es sembrado en su propio corazón. Este espíritu egoísta debe ser crucificado antes de que Cristo pueda reinar. Antes de que Cristo sea revelado, el hombre de pecado es revelado, que le muestra toda clase de mal sobre la tierra; esta es la la abominación desoladora, que está en el templo de su corazón, donde no debería estar. Pero este es el fin de su yo carnal, cuando Cristo después viene y destruye lo que queda del espíritu de Satanás dentro de usted con el brillo de su venida, con su aliento, y el resplandor de su venida, y aplasta la cabeza de Satanás bajo tu calcañar. El juicio final. El verdadero bautismo del Espíritu Santo: en la muerte de Cristo. El bautismo de la muerte. El compartir su muerte. Entonces Jesús es resucitado en usted para ser su verdadero Señor, 2 Cor 4:14,Col 2:11-12,3:1, Efe 2:6, quien ordena (manda) todos sus pensamientos, palabras que deben ser habladas, y acciones que deben ser hechas.]

CAPÍTULO II

Por todo lo que se ha dicho, ¡oh cristiano! y por esa ayuda mayor que está disponible, (si ustedes lo usan), la cual es la luz que el Señor ha iluminado en ustedes; (si no está completamente extinta), es evidente que al principio puede mostrar cuán grande y completa ha sido la apostasía de ustedes, quienes , desde el templo del Señor, se han convertido en un refugio de aves impuras; y en lugar de una casa de oración, una cueva de ladrones, una sinagoga de Satanás, y el receptáculo de todo espíritu inmundo.

A continuación, que todos los que en virtud de esta defección expuesta, ustedes, sin embargo, han valorado su corrupto yo en su profesión de cristianismo, y temerosamente se han engañado a sí mismos con la expectativa de la salvación. Lo primero hace que su enfermedad sea peligrosa, pero lo postrero lo hace casi incurable.

2. Sin embargo, hay piedad en Dios. Aunque Él debe ser temido, no se goza en la muerte eterna de los pobres pecadores, no, aunque son apóstatas (Eze 18:20-24). Él desea que todos vengan al conocimiento y la obediencia de la verdad, y se salven. Él ha puesto a su Hijo como propiciación, y lo dio como salvador para quitar los pecados del mundo entero; de modo que los que creen y le siguen puedan sentir la justicia de Dios en la remisión de sus pecados, cuando él borre sus transgresiones para siempre (Mateo 1:21, Lucas 1:77, Rom 3:25; Heb 9:24-28; 1 Juan 2:1-2). Ahora, he aquí el remedio, una cura infalible designada por Dios: un elixir precioso, que de hecho nunca falla; y esa medicina universal a la que ningún mal puede escapar.

3. Pero, usted dirá: ¿Qué es Cristo? ¿Y dónde se encuentra Él? ¿Y cómo se recibe y aplica esta poderosa cura? Les digo entonces, en primer lugar, Él es la luz espiritual del mundo que alumbra a cada persona que viene al mundo; por medio de la cual él les expone sus obras de oscuridad y maldad, y les reprende por cometerlos. En segundo lugar, Él no está lejos de ustedes (Hechos 17:27), como el apóstol Pablo dice de Dios a los atenienses. "He aquí", dice el mismo Cristo, "yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" (Apoc 3: 20). ¿Qué puerta puede ser esta, sino la del corazón del hombre?

4. Ustedes, como la posada de la antigüedad, han estado llenos de invitados; sus afectos han entretenido a otros amantes; no ha habido espacio para su salvador en su alma. Por lo tanto la salvación aún no ha entrado en su casa, aunque ha llegado a su puerta, y con frecuencia les ha sido ofrecida, y aunque hace tiempo que ustedes la reclaman. Pero si Él llama, si Él todavía llama, si su luz aún brilla, si aún los reprueba, existe la esperanza de su día no ha terminado, y que el arrepentimiento todavía no está oculto de sus ojos; pero el amor de él todavía los busca, y su santa invitación para ser salvo continúa.

Por lo tanto, oh cristiano, crean, reciban, y aplíquenlo correctamente; esta es una necesidad absoluta, para que su alma pueda vivir para siempre con él. Él le dijo a los Judíos: "Si ustedes no creen que yo soy, moriréis en vuestros pecados; y donde yo voy, vosotros no podéis ir" (Juan 8:21-24). Y debido a que ellos no le creyeron, no le recibieron, como tampoco ningún beneficio proveniente de él. Pero los que le creyeron le recibieron; y los que le recibieron, a su propio discípulo amado nos dice, "les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, quienes no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:12-13). Es decir, que no son hijos de Dios por seguir las modas, las prescripciones y tradiciones de los hombres, que se llaman a sí mismos su iglesia y pueblo, que no es según la voluntad de carne y hueso, ni la invención del hombre carnal, desconocedores de la regeneración y el poder del Espíritu Santo, sino de Dios; es decir conforme a su voluntad y la obra y santificación de su Espíritu y la palabra de la vida en ellos. Y los tales eran muy versados en la aplicación correcta de Cristo, porque Él les fue hecho propiciación, la reconciliación, la salvación, la justicia, la redención y la justificación.

Por eso les digo que a menos que crean que Él, que está a la puerta de su corazón y llama, y pone sus pecados en orden ante ustedes, y les llama al arrepentimiento, es el salvador del mundo, morirán en su pecados, y donde él ha ido ustedes nunca irán. Porque si no creen en Él, es imposible que él les pueda hacer el bien, o efectuar su salvación. Cristo no obra en contra de la fe, sino por medio de ella. Se dice de la antigüedad, "No podía hacer muchos milagros en algunos lugares, debido a que la gente no creía en él" (Mateo 13:58, Marcos 6:5). Así que, si realmente creen en Él, su oído estará atento a su voz en ustedes, y la puerta de su corazón estará abierta a cuando él toque. Ustedes se rendirán a los descubrimientos de su luz, y las enseñanzas de su gracia serán muy estimadas para ustedes.

5. Es la naturaleza de la verdadera fe producir un santo temor de ofender a Dios, una profunda reverencia a sus preceptos, y una consideración más tierna al testimonio activo de su Espíritu, por el cual sus hijos en todas las edades han sido llevados con seguridad a la gloria. Porque, así como aquellos que verdaderamente creen reciben a Cristo en toda su ternura hacia el alma, es cierto también que reciben poder de ser hechos hijos de Dios. Ellos reciben y aceptan un poder interno y la capacidad de hacer lo que Él pida; y su poder para hacer morir sus deseos, controlar sus afectos, resistir los movimientos del mal, negarse a sí mismos, y vencer al mundo en sus apariencias más tentadoras. Esta es la vida de la bienaventurada Cruz de Cristo, que es el objeto del discurso siguiente, y lo que tú, oh hombre, debes tomar, si quieres ser discípulo de Jesús. Tampoco se puede decir que recibes a Cristo, o que crees en Él, mientras rechazas la cruz. Porque, así como recibir a Cristo es el medio designado por Dios para la salvación, también llevar la cruz cada día yendo tras Él, es el único testimonio verdadero de haberle recibido, y por lo tanto, es impuesto por Él como la gran señal del discipulado: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. " (Mat. 16:24).

Esto, cristianos, es lo que ustedes han carecido tanto, la falta de lo cual ha probado ser la única causa de su deterioro miserable del cristianismo puro. Consideren esta cruz, porque, como es su deber, resulta en su restauración.

Porque así como el conocimiento de la causa de cualquier enfermedad guía al médico para hacer un juicio correcto y seguro en la aplicación de su medicina, así los iluminará mucho en el camino de su recuperación, para conocer y sopesar la primera causa de esta lapso espiritual y mal que les ha acontecido. Por lo tanto es necesario una visión general de los registros de la iglesia apostólica; y por consiguiente, la labor de los primeros que trabajaron en la viña cristiana; y si en esto algo que se repite, el peso y la dignidad del tema lo soportará, sin la necesidad de una disculpa.

6. La obra del apostolado, nos dice un obrero de primera en ella, era convertir a la gente "de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios" (Hechos 26:18). Es decir, en lugar de ceder a las tentaciones y la inspiración de Satanás, quien es el príncipe de las tinieblas o la impiedad, siendo una cosa metáfora de la otra, cuyo poder oscureció sus entendimientos, y sus almas fueron sostenidas en el servicio del pecado, deben llevar su mente a la venida de Cristo, quien es la Luz y salvador del mundo; quien con su luz brilla en sus almas, y los reprende cuándo ceden al pecado y acerca de cómo ceden; de modo que puedan llegar a ser hijos de la luz, y caminar en la senda de la rectitud. Y para este bendita obra de reforma, Cristo otorgó poder a sus apóstoles con su espíritu y poder, para que los hombres ya no puedan dormir en la seguridad del pecado y la ignorancia de Dios, sino despertar a la justicia, para que el Señor Jesús les dé vida. Para que dejen de pecar, se nieguen a sí mismos el placer de la impiedad, y por el verdadero arrepentimiento, y vuelvan sus corazones a Dios para hacer lo bueno, en lo cual se encuentra la paz. Y en verdad Dios bendijo las obras leales de estos miembros humildes de la sociedad, quienes sin embargo, son sus grandes embajadores de la humanidad, que en pocos años muchos miles que habían vivido sin Dios en el mundo, sin un sentido o temor de Él, sin ley, muy extraños a la obra de su espíritu en sus corazones, siendo cautivados por los deseos carnales, fueron golpeados en el interior y vivificados por la palabra de vida, y sensibilizados por la venida y el poder del Señor Jesucristo como juez y legislador en sus almas, por cuya santa luz y espíritu las cosas ocultas de las tinieblas fueron puestas de manifiesto y condenadas, y el puro arrepentimiento de las obras muertas fue engendrado en ellos, para que pudieran servir al Dios vivo en novedad de espíritu. De modo que a partir de entonces, no vivieron para sí mismos, ni tampoco fueron llevados los deseos varios anteriores, por los cuales habían sido seducidos para alejarse del verdadero temor de Dios; pero "la ley del Espíritu de vida" (Rom 8:2), por el vencieron a la ley del pecado y la muerte, era su deleite, y en ella meditaban día y noche. Su relación con Dios ya no estaba basada en los preceptos de los hombres (Isa 29:13), sino por el conocimiento que habían recibido de la propia obra de Cristo y de sus impresiones de el alma. Porque abandonaron sus antiguos maestros, el mundo, la carne y el diablo, y se entregaron a sí mismos para la guía santa de la gracia de Cristo, que les enseñó a "negar la impiedad y los deseos del mundo, y a vivir sobria, justa, y piadosamente en este siglo presente" (Tito 2:11-12): esta es en verdad la cruz de Cristo, y esta es la victoria que le da a quienes la toman; por esta cruz ellos murieron diariamente a la vida antigua que habían vivido, y con vigilancia santa contra los movimientos secretos de la maldad en sus corazones aplastaron el pecado en su concepción, sí, en sus tentaciones. Así que ellos, como el apóstol Juan les aconsejó, "se guardaban, para que el maligno no los tocara" (1 Juan 4:18).

Porque la luz, que Satanás no puede soportar, y con la que Cristo les había iluminado, lo descubrió en el interior y todos sus acercamientos y asaltos a la mente; y el poder que recibieron a través de su obediencia interior a las manifestaciones de esa luz bendita, les permitió resistir y vencerle a él en todos sus estratagemas. Y así fue que, cuando una vez nada fue examinado, ahora nada se quedó sin examinar; todo pensamiento debe ser juzgado, y su surgimiento y tendencia que sean también aprobadas, antes de que le permitieran cualquier lugar de sus mentes. No había temor de hospedar enemigos en lugar de amigos, mientras que se mantuvo esta estricta guardia en la puerta del alma. Ahora los cielos y la tierra antigua, es decir, la conversación terrenal antigua, y lo carnal antiguo, es decir, el culto judío o sombrío, murió rápidamente, y cada día todas las cosas se hicieron nuevas. No eran más judíos los que lo eran exteriormente, ni esa circuncisión que era en la carne; sino era judío el que lo era en el interior, y esa circuncisión la que era del corazón, en el espíritu, y no en la letra, cuya la alabanza no es de hombre, sino de Dios (Rom 2:28-29).

7. En verdad, la gloria de la cruz brilló tan visiblemente a través de la negación propia de las vidas de aquellos que la llevaron diariamente, que golpeó a los paganos con asombro; y en un corto tiempo sacudió sus altares de tal manera, desacreditó sus oráculos, golpeó a la multitud, invadió la corte, y venció a sus ejércitos, que llevó a los sacerdotes, magistrados y generales en triunfo tras ella, como trofeos de su poder y victoria.

Y, mientras esta integridad habitó con los cristianos, la presencia fue poderosa, e invencible el poder que les asistió; apagó el fuego, intimidó a leones, volvió el borde de la espada, resistió instrumentos de crueldad, condenó jueces, y convirtió verdugos (Heb 11:32-40; Isa 43:2; Dan 3:12-30). De hecho, la forma en que sus enemigos llegaron a destruir, causó que aumentara; y, por la profunda sabiduría de Dios, los que en todos sus diseños se esforzaron para extinguir la verdad se hicieron grandes promotores de la misma (Dan 6:16-28). Ahora, no hubo pensamiento vano, ni palabra ociosa, ni acción indecorosa que fuera permitida; no, ni siquiera una mirada impúdica, ni vestido cortesano, prendas de celebración, respetos por cortesía, u honores personales; y mucho menos las inmoralidades lascivas y vicios escandalosos, que ahora están de moda entre los cristianos, pueden encontrar ya sea ejemplo o consentimiento entre ellos. Su atención no estaba en cómo pasar su valioso tiempo en los placeres, sino en cómo redimirlo (Efe 5:5-6), para tener que esforzarse por su gran salvación, lo cual ellos hicieron cuidadosamente, con temor y temblor; no con pelotas y máscaras, con teatros, bailes, festejos y juegos de azar; no, no; asegurándose que su llamamiento y elección celestiales eran mucho más importantes para ellos que los pobres e insignificantes gozos de la mortalidad. Porque como Moisés, habiendo visto lo que es invisible, y habiendo hallado que su bondad era mejor que la vida, la paz de su Espíritu mejor que el favor de los príncipes, ya que no temía la ira de César, ellos prefirieron soportar las aflicciones de los verdaderos peregrinos de Cristo, en lugar de disfrutar de los placeres del pecado que no eran más que temporales; estimando sus reproches de más valor que los tesoros perecederos de la tierra. Y si las tribulaciones del cristianismo fueron más aptas que las comodidades del mundo, y los reproches de Cristo más valiosos que todos los honores del mundo, entonces seguramente no habría ninguna tentación que pudiera sacudir la integridad de los cristianos.

8. En este breve escrito de lo que la Cristiandad era, ustedes pueden ver, oh cristianos, lo que no son; y lo que en consecuencia deben llegar a ser. Pero ¿cómo sucedió que a partir de una cristiandad que era mansa, misericordiosa y abnegada, sufriente, templada, santa, justa y buena, así como para Cristo, cuyo nombre ella llevaba, nos encontramos ahora con una cristiandad que es supersticiosa, idólatra, perseguidora, orgullosa, apasionada, envidiosa, malévola, egoísta, borracha, lujuriosa, inmunda, [sexualmente inmoral], mentirosa, que jura, maldice, avara, opresiva, estafadora, con todas las otras abominaciones conocidas en la tierra?

Pongo esto como la razón indudable de esta degeneración, es decir, el desprecio interno de su mente a la luz de Cristo que brilla en ustedes, que primero les mostró sus pecados y los reprendió, y eso les permitió negarlos y resistirlos.* Porque así como ustedes temieron a Dios, y la santa abstinencia de la injusticia, no era, al principio, enseñada por preceptos de los hombres, sino por la luz y la gracia que revela los pensamientos y propósitos más secretos de sus corazones, y escudriña las partes más internas, poniendo sus pecados en orden ante ustedes, y reprobándolos por ellos, sin que ni un pensamiento, palabra u obra infructífera de la oscuridad quede sin juzgar; así cuando ustedes empezaron a ignorar esa luz y gracia, y se hicieron descuidados con esa santa vigilancia que fue establecida una vez en sus corazones, y no se mantuvieron vigilantes como antes, para la gloria de Dios y su propia paz, el enemigo incansable del bien del hombre rápidamente tomó ventaja de esta negligencia, y muchas veces los ha sorprendido con tentaciones, cuyo conocimiento de sus inclinaciones hizo su conquista de ustedes nada de difícil.

*[Penn y muchos de los primeros cuáqueros habían escrito acerca de su experiencia con la reprensión de la luz hacia el pecado y la maldad que estaba en ellos, cuando eran muy jóvenes. Antes de que yo empezara a buscar intensamente, a la edad de aproximadamente 16 años recuerdo por lo menos una experiencia en la cual yo estaba planeando completar una aventura sexual, y de repente tuve una visión con un entendimiento muy claro y convincente de por qué no debería proceder con mis planes. Cuando hubo acabado, recuerdo haber pensado: "vaya, esta es una razón perfectamente clara de por qué debiera abandonar mi plan – me pregunto de dónde provino. " (No tenía ni la menor idea). Pero, proseguí con mis planes, lo cual hoy en día lamento. Ahora entiendo que este era Cristo, que es la luz en mi interior, reprendiéndome. Si en mi juventud se me hubiera enseñado a esperar que la Luz de Cristo en mi interior me reprenda periódicamente, probablemente hubiera reconocido la fuente y le hubiera puesto mucha más atención. Esto me lleva a preguntarme en qué clase de mundo viviríamos, si se nos enseñara a una edad temprana a esperar las reprensiones convincentes de Dios. El mundo sería un lugar mucho mejor.

También recuerdo una experiencia muy extraña cuando tenía alrededor de 12 años de edad. Un sábado de mañana en el año 1954, estaba caminando en la sección de mercado al aire libre en Knoxville, Tennessee, donde había toda clase de personas corriendo de un lado para otro muy ocupadamente; había hombres de negocios con traje, y granjeros con overoles; mujeres con tacones altos y muy pobres; negros y blancos; y predicadores ambulantes— era una conglomeración de estilos de vida atareados. De repente entendí – viendo estas tremendas diferencias en los estilos de vida, que yo podía ver que cada persona operaba con valores radicalmente diferentes; sin embargo, cada persona estaba convencida que la dirección de su vida era la mejor. La siguiente pregunta surgió en mi mente: ¿cómo pueden estar todos en lo correcto en cuanto a su búsqueda, si todos son tan diferentes? Por supuesto no todos podían estar en lo correcto, de modo que llegué a la conclusión de que tal vez nadie realmente sabía cuál era el mejor curso para su vida. Entonces, después de 24 años de vida agnóstica, me di cuenta que el curso de mi propia vida, a pesar de que era materialmente exitoso, era muy decepcionante – lo cual me llevó a buscar la guía y la voluntad de Dios por el resto de mi vida, desconfiando totalmente de mi propio juicio.]

En resumen, ustedes no tomaron el yugo santo de Cristo, para llevar su cruz diariamente; ustedes fueron descuidados con sus afectos, y no dieron cuenta ni le pusieron atención a sus propias acciones: sino que rehusaron revisar las cuentas en su propia conciencia, con Cristo que es su luz, el obispo más grande de sus almas y juez de sus obras, y así el temor santo decayó y el amor se enfrió, abundó la vanidad, y los deberes se hicieron gravosos. Entonces vino la formalidad, en vez del poder de la piedad; la superstición en vez de la institución de Cristo. A pesar de que la obra de Cristo era alejar la mente de sus discípulos del templo externo, y los ritos y servicios carnales, hacia la adoración interna y espiritual de Dios, apta para la naturaleza de la divinidad; en cambio ahora una adoración mundana, humana y presuntuosa es traída otra vez; y un sacerdocio, templo y altar mundanos son re establecidos. Es como cuando los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran bellas (Gen. 6:2); el ojo puro se oscureció, el cual el arrepentimiento había abierto. El ojo que no había visto ninguna ventaja fuera de Cristo, llegó a ser un ojo de lujuria, abierto otra vez por el dios de este mundo. Esos placeres mundanos que hacen que los que los amen se olviden de Dios, aunque una vez fueron despreciados por amor a Cristo, ahora comenzaron a recuperar su antigua belleza y el interés de sus afectos; y, de ser de su gusto, a llegar a ser el estudio, cuidado, y placer de sus vidas.

Es cierto, todavía permanecían las apariencias exteriores de adoración y una reverencia simbólica y palabrera de Dios y de Cristo, pero eso era todo; porque la ofensa de la santa cruz cesó, el poder de la piedad fue negado, la negación propia se perdió, y aunque fructíferos en inventar adornos ceremoniosos, vacíos de los frutos del Espíritu. Y miles de cascarones no pueden formar un grano, ni muchos cadáveres un hombre viviente.

9. Por lo tanto la religión cayó de la experiencia a la tradición, y la adoración del poder a la apariencia, de la vida a la letra; y, en vez de producir peticiones vivas y poderosas, animadas por un sentido profundo de deseo y la ayuda del Espíritu Santo – por lo cual muchos en el tiempo antiguo oraron, lucharon, y prevalecieron con Dios – he aquí un ritual falso y rutinario, una formalidad apagada e insípida, formada por arrodillamientos físicos y vergüenza, túnicas y grandes lugares de reunión, incienso, sermones, lecturas bíblicas, voces y música, más apropiadas para la recepción de algún príncipe terrenal que la adoración celestial del único Dios verdadero e inmortal, quien es un Espíritu eterno e invisible.

Pero cuando sus corazones se hicieron carnales, también se hizo su religión; y como no les gustó cómo se hizo, ustedes la adaptaron de acuerdo a su propia voluntad: olvidando lo que el profeta santo dijo: "El sacrificio de los impíos es una abominación a Jehová" (Prov 15:8), y lo que dijo Santiago: "Pedís, y no recibís" (Santiago 4:3). ¿Por qué? "porque pedís mal, para gastarlo en vuestros placeres;" es decir, con un corazón que no es recto, que no es sincero, que no ha muerto, que no está en la fe que purifica el alma, y por lo tanto nunca puede recibir lo que pide. Para que el hombre pueda decir con verdad, su condición es peor por causa de su religión, porque ustedes son tentados a pensar que son mejores por causa de ella, y no lo son.

10. Bueno, por esta posibilidad que les es dada de su terrible caída de la cristiandad original, y de su verdadera causa – a saber, una negligencia de la cruz diaria de Cristo – podría ser fácil para ustedes informarse del camino de su recuperación.

Porque el mirar a la puerta de salida es mirar a la misma puerta por la que ustedes deben entrar otra vez; y, así como dejar que la cruz diaria caiga y disminuya es pérdida para ustedes, así el tomarla y soportar la cruz diaria fomentará su recuperación. Es el mismo camino por el cual los pecadores y apóstatas llegan a ser discípulos de Jesús. "Aquel," dijo Cristo, "que venga en pos de mí y sea mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz, y me siga " (Mat 16:24; Marcos 8:34; Lucas 14:27). Nada menos será suficiente; ¡tome nota de esto! Porque, así como es suficiente, también es indispensable; no hay corona sino por medio de la cruz, no hay vida eterna sino por medio de la muerte [en la cruz]. Si es retribución por la cruz santa de Cristo crucificar todos los afectos impíos y brutales, que por tanto tiempo crucificaron a Cristo nuevamente.

CAPÍTULO III

Oh cristianos, la cruz diaria siempre ha sido el camino hacia la gloria. Por lo tanto, la siguiente sección, que se relaciona completamente a la doctrina de la cruz, puede apelar con la mayor cantidad de evidencia y ventaja a la conciencia de ustedes, ameritando así una consideración seria,--

  • Primero, ¿Qué es la Cruz de Cristo?
  • Segundo, ¿Dónde se debe tomar la Cruz de Cristo?
  • Tercero, ¿Cómo y de qué manera se debe cargar?
  • Cuarto, ¿Cuál es el rol principal y la tarea de la cruz?
    En la cual, los pecados que crucifica, con los daños que le siguen, serán muy bien expresados.
  • Quinto y por último, añadiré muchos testimonios de personas con vida y cerca de la muerte, de gran reputación,
    ya sea por su calidad, conocimientos, o piedad, como confirmación general del tratado completo.

A lo primero: ¿Qué es la Cruz de Cristo?

1. La Cruz de Cristo es una figura literaria, tomada del árbol externo, o la cruz de madera, sobre la cual Cristo se sometió a la voluntad de Dios, sufriendo la muerte a manos de hombres impíos. Para que la cruz mística sea esa gracia divina y poder que se cruza con la voluntad carnal de los hombres, y les da una contradicción a sus afectos corruptos, y que consistentemente se opone a los apetitos inmoderados y carnales de sus mentes, y así puede ser considerada el instrumento `del hombre que está muriendo completamente al mundo, y hecho conforme a la voluntad de Dios. Porque nada más puede hacer morir el pecado, o hacer más fácil que nos sometamos a la voluntad divina en las cosas, que son muy contrarias a las nuestras.

2. La predicación de la cruz, por lo tanto, en los tiempos antiguos fue llamada aptamente por Pablo, ese apóstol famoso y hábil en las cosas espirituales, "el poder de Dios," aunque para aquellos que perecen, entonces como ahora, es "locura." Para aquellos que estaban verdaderamente cansados y cargados, y necesitaban ser liberados, para quienes el pecado era opresivo y detestable, la predicación de la cruz, por la cual el pecado debía morir, era el poder de Dios, o una predicación del poder divino por el cual ellos debían ser hechos discípulos de Cristo e hijos de Dios; y la cruz obró de manera tan poderosa sobre ellos, que ningún orgulloso o burlador inmoral podía hacer que ellos se alejaran de la cruz. Pero para aquellos que caminan por el camino ancho, en la latitud completa de sus deseos, y dedican su tiempo y cuidados a los placeres de sus apetitos corruptos, para quienes cualquier yugo o freno es intolerable, la predicación de la cruz es locura.

3. ¿Dónde aparece esta cruz, y dónde debe ser tomada?

Yo respondo, en el interior; esto es, en el corazón y el alma. Porque donde está el pecado, allí debe estar la cruz. Ahora, todo lo impío procede del interior. Cristo enseñó esto: "Del interior," dijo Cristo, "del corazón del hombre proceden todos los pensamientos impíos, adulterios, fornicaciones, homicidios, robos, codicia, maldad, engaño, lascivia, el ojo impío, blasfemia, orgullo, necedad: todas estas cosas impías vienen del interior, y contaminan al hombre " (Mat 15:18).

El corazón del hombre es la sede del pecado, y aquello en lo cual él está contaminado debe ser limpiado y santificado. Donde vive el pecado, allí debe morir; debe ser crucificado. La impiedad es acostumbrada en nuestras culturas, y ha hecho que sea natural que los hombres practiquen el mal. Así como el alma gobierna el cuerpo, así la naturaleza corrupta ejerce dominio sobre todo el hombre; pero aún así, es del interior.

4. La experiencia le enseña a cada hijo e hija de Adán a conformarse a esto; porque las tentaciones del enemigo son dirigidas a la mente, la cual está en el interior. Si las tentaciones son negadas, el alma no peca. Si son aceptadas, la lujuria nace rápidamente, es decir, los deseos excesivos. Cuando la lujuria es concebida, ésta produce pecado. El pecado realizado trae la muerte (Santiago 1:15). Esta es tanto la causa como el efecto, la real genealogía del pecado, su surgimiento y su fin. En todo esto, el corazón del hombre impío es la fábrica del diablo, [su espíritu es sembrado en el corazón del hombre] su lugar de trabajo, el lugar de residencia, donde él ejercita su poder y existe. Por lo tanto la redención del alma es aptamente llamada la destrucción de las obras del diablo, y la llegada de la justicia eterna (1 Juan 3:8; Dan 9:24). Cuando los judíos quisieron hablar mal del milagro de Cristo de sacar demonios, con la blasfema imputación de éste al poder de Belcebú, Él dijo que "ningún hombre puede entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, a menos que primero ate al hombre fuerte " (Mat 12:29). Esto muestra la diferencia entre Belcebú y el poder por el cual Cristo lo despojó, pero también nos enseña que las almas de los impíos son la casa del diablo, y que sus bienes, sus obras impías, nunca pueden ser destruidas hasta que aquel que las produjo, y vigila sus casas, sea atado primero. Todo lo cual hace fácil saber dónde debe ser tomada la cruz, por lo cual el hombre fuerte debe ser atado, sus bienes saqueados, y sus tentaciones resistidas, esto es en el interior, en el corazón del hombre.

5. ¿Cómo se debe tomar la cruz diariamente?

El camino, como la cruz, es espiritual. Es una sumisión interna del alma a la voluntad de Dios, a medida que su voluntad es revelada por la luz de Cristo en la conciencia de los hombres,* aunque es contraria a sus propias inclinaciones. Por ejemplo, cuando el mal es revelado por la luz, aquello que muestra el mal también les dice que no deben rendirse a éste; y si ellos escuchan el consejo de la luz, ésta les da poder para escapar del mal. Pero aquellos que miran y contemplan la tentación, al final caen en ella, y son vencidos por ella; las consecuencias de lo cual son la culpa y el juicio. Juicio porque la Cruz de Cristo es ese espíritu y poder en los hombres, aunque no de los hombres, sino de Dios, que contraría sus deseos y afectos carnales. Por lo tanto la manera en que se toma la cruz es la resignación completa del alma a los descubrimientos y requisitos de la luz de Cristo. En este descubrimiento, no se entretienen en sus placeres mundanos, o en su tranquilidad o interés carnales, porque los que hacen eso son cautivos en un momento. En cambio, vigilan continuamente para evitar la apariencia misma del mal; y por la obediencia de la fe, esto es, del verdadero amor y confianza en Dios, alegremente ofrecen a la muerte en la cruz esa parte impía que es revelada. El Judas en el corazón de cada hombre no quiere soportar el calor de este ataque sobre el pecado; y siendo impaciente en la hora de la tentación, por su relación cercana con el tentador, les sería más fácil traicionar sus almas en las manos de él.

*[La mayoría de la gente no podrá ver la luz de Cristo inmediatamente. Oír la Palabra en el interior, la voz del Señor, es el resultado más típico de los esfuerzos iniciales al esperar al Señor. Incluso oír la Palabra en el interior de su corazón no es algo inmediato en la mayoría de las personas.

A menos que usted escuche la voz del Señor y la siga, la ley interna en el corazón de todo hombre  es su tutor. La ley interna le dice qué pecados debe dejar y le motiva a buscar la gracia del Señor, la cual usted obtiene al venir a Cristo, oírle en silencio, escucharle, y con fe en quien ha oído, obedecerle. Pablo además nos dice: si (y cuando) usted sea guiado (inspirado, ordenado, mandado) por el Espíritu, usted no está bajo la ley, Gal 5:18. Para más información acerca de este tema vea Hasta que todas sus palabras y acciones sean ordenadas por Dios, usted debe obedecer a ley interna en el corazón de cada hombre.

A medida que usted comience a escuchar y obedecer los mandamientos que el Señor le habla, usted crece en la vida de Dios, hasta que la Luz aparece en su corazón. Pedro explica este surgimiento de la Luz: Y nosotros también oímos esta voz dirigida desde el cielo cuando estábamos con él en el monte santo. También [como oímos la voz de Dios desde el cielo sobre el monte] tenemos la palabra profética [la palabra en su corazón]; que es firme. Hacéis bien en estar atentos a ella, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que aclare el día y el lucero de la mañana [Jesús] se levante en vuestros corazones. 2 Ped 1:18-19

Es una cruz para la voluntad del hombre sentarse esperando a Dios, esperando en silencio, luchando para mantener su mente sin que se distraiga; es una cruz para la voluntad del hombre obedecer lo que se le manda y lo que le enseña el Espíritu Santo; esta es la cruz en la que usted debe negarse a sí mismo y tomarla diariamente, y seguir a Jesús. El obedecer su voz y su luz es seguir a Jesús. Así es como podemos hacer lo que hemos orado miles de veces: sea hecha tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Usted no puede ser su discípulo a menos que tome su cruz diariamente y siga sus órdenes. La salvación sólo la reciben aquellos que siguen al cordero dondequiera que vaya — quienes obedecen completamente la voz del Señor, en cualquier cosa que él les mande. No se desanime si no puede oír su voz por un buen tiempo. Aún esperar tiene mérito: Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, en proporción a lo que esperamos de ti. Salmo 33:22]

6. ¡Oh! Esto muestra para la experiencia de cada uno cuán difícil es ser un verdadero discípulo de Jesús. El camino es de verdad angosto, y la puerta es muy estrecha, donde ninguna palabra, no, ni un pensamiento debe deslizarse (Mat 24:42; 25:13; 26:38-41) o escapar el juicio; lo cual requiere tal atención, tal cuidado, tal paciencia, tal constancia, tal santo temor y temblor (Fil 2:12). Esto nos da una fácil interpretación para ese duro dicho que dice: "La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios " (1 Cor 15:50); aquellos que son cautivos de los deseos y afectos carnales: porque ellos no pueden llevar la cruz; y aquellos que no pueden soportar la cruz nunca deben tener la corona. Para reinar, es necesario primero sufrir (2 Tim 2:12; Rom 8:17).

[Ser crucificado en la cruz interna de la negación propia es necesario para evitar ser desterrado del cielo al morir; es necesario para alcanzar la salvación; es necesario para poder estar en Cristo; es necesario para ser un verdadero cristiano. Muchos pueden decir: "Oh, yo realmente no necesito una corona, yo sólo quiero ir al cielo;" – pero a menos que su espíritu egoísta muera en la cruz, usted no es apto para la compañía del cielo; a menos que su naturaleza humana egoísta sea eliminada, a menos que usted viva en obediencia a Dios, usted será miserable en el cielo, lamentando la pérdida de sus viejas adicciones y pasatiempos antiguos.]

CAPÍTULO IV

PERO en cuarto lugar, ¿Cuál es el rol y la tarea principal del hombre con la cruz?

1. Este es en verdad el tiempo crucial para que esta pregunta sea contestada de manera verdadera, clara y completa. Todos los escritos anteriores sólo sirven como prólogo para esto; y el no contestar no es menos que desencaminar el alma de la bendición. Por lo tanto trataré de contestar con la ayuda de Dios, y con lo mejor del conocimiento que Él me ha dado en la experiencia de varios años de discipulado.

2. La gran obra y asunto de la Cruz de Cristo es la negación propia del hombre; una palabra que tiene tanta profundidad en sí misma como contradicción severa al mundo, poco entendida y mucho menos aceptada por el mundo, sin embargo debe ser soportada. El hijo de Dios ha venido ante nosotros, y, por medio de la copa amarga que Él tomó, y el bautismo que Él sufrió, nos dejó un ejemplo para que nosotros sigamos sus pisadas, (1 Ped 2:21), lo cual hizo que él le hiciera esa difícil pregunta a la esposa de Zebedeo y sus dos hijos, después que ella había solicitado que uno de ellos pueda sentarse a su derecha y el otro a su izquierda en su reino: "¿Pueden ustedes beber de la copa que yo bebo, y ser bautizados con el bautismo con el que yo soy bautizado?" Pareciera que su fe era fuerte; ellos le contestaron: "Podemos." Tras lo cual él respondió: "Ustedes en verdad beberán de mi copa, y serán bautizados con el bautismo con el que yo soy bautizado;" pero su recompensa Él la dejó a su Padre (Mat 20:21-23).

[La negación propia no es dirigida por el yo. Dios nos enseña lo que debemos negar, en mandamientos y enseñanzas que usted oye y ve a medida que usted espera a Dios diariamente, esperando su pan diario del cielo, sus palabras que imparten espíritu y vida. Los mandamientos de Dios para usted requieren que usted niegue su propia voluntad y en vez de ella haga la voluntad de Dios, así como cuando decimos hágase tu voluntad. Esto es obediencia, pero una obediencia gozosa porque a medida que usted obedece, usted ve que sus pecados desaparecen, usted ve que sus viejos deseos se deshacen ante sus propios ojos. Cada revelación, cada mandamiento, cada enseñanza, cada ánimo, incluso cada reprensión, aumenta su fe y lo cambia para llegar a ser cada vez más como Jesús; porque a medida que usted disminuye, Él aumenta.]

3. ¿Cuál era la copa que él bebió, y el bautismo que él sufrió? Mi respuesta es que éstos eran la negación y el ofrecerse a sí mismo por medio del Espíritu eterno a la voluntad de Dios, pasando por las tribulaciones de su vida y las agonías de su muerte sobre la cruz para la salvación del hombre.

4. ¿Cuál es nuestra copa y cruz que nosotros debemos beber y sufrir? Estas son la negación y el ofrecernos a nosotros mismos, por medio del mismo Espíritu, para hacer o sufrir la voluntad de Dios para su servicio y gloria, lo cual es la vida verdadera y la obediencia a la cruz de Jesús; todavía angosto, pero el sendero está claramente marcado y pisado por el ejemplo de Cristo. Porque cuando no había nadie que pudiera ayudar, nadie que pudiera abrir los sellos, para dar conocimiento, para dirigir el curso de la recuperación del pobre hombre, Él vino en la grandeza de su amor y fortaleza; y aunque vestido con los padecimientos del hombre mortal, siendo fortalecido en el interior con el poder sin fin de un Dios inmortal, Él pasó por todas las penurias y dificultades de la humanidad, y primero, antes que todos los otros, pisó el camino no pisado hacia la bendición.

5. ¡Venid! Sigámosle a él, el más incansable, el más victorioso Capitán de nuestra salvación; ante quien todos los grandes Alejandros y poderosos Césares del mundo son menos que el soldado más pobre de sus tropas puede ser para ellos. Es cierto, todos ellos fueron grandes príncipes de su clase, y conquistadores también, pero de principios muy diferentes. Porque Cristo se hizo a sí mismo de baja reputación para salvar al mundo; pero ellos arruinaron las vidas de masas de personas para mejorar las suyas. Ellos vencieron a otros, pero no a sí mismos. Cristo conquistó el yo, que los excedía a ellos en gran manera. Por sus méritos, él fue por lo tanto, el Príncipe y Conquistador más excelente. Además, ellos avanzaron su imperio por medio de la rapiña y la sangre, pero Él por sufrimiento y persuasión. Él nunca usó la fuerza, ellos siempre la usaron. La miseria y la esclavitud siguió a todas sus victorias; las de él trajeron más libertad y felicidad a los que él venció. Ellos buscaron nada más que complacerse a sí mismos; en todo lo que él hizo él buscó complacer a su Padre, quien es el Rey de reyes y Señor de señores.

Es este modelo tan perfecto de negación propia el que nosotros debemos seguir, si alguna vez queremos llegar a la gloria. Para poder seguir, consideremos la negación propia en su verdadera distinción y alcance.

6. Hay un yo lícito y otro ilícito; y ambos deben ser negados por amor a Él, quien en sumisión a la voluntad de Dios no consideró nada muy estimado para poder salvarnos. Aunque la negación del yo lícito es un concepto avanzado, que la persona mundana al comienzo de la cruz no necesita entender, estando preocupado con ávidos sacrificios diarios al placer del yo ilícito; sin embargo para el beneficio de algunos que están tan avanzados en esta guerra espiritual como para recibir algún servicio de esto, por lo menos tocaré este tema.

7. El yo lícito que nosotros debemos negar es esa conveniencia, facilidad, gozo y plenitud, que en sí mismos están tan lejos de ser malos, que son la abundancia y bendición de Dios para nosotros, como el esposo, la esposa, el hijo, la casa, la tierra, la reputación, la libertad, y la vida misma; estos son los favores de Dios, que podemos disfrutar con placer lícito y mejorarlos justamente como nuestros intereses honestos. Pero cuando Dios los pide, a cualquier hora que el dador los pida o se agrade en probar nuestros afectos al separarnos de ellos; yo digo, cuando ellos son puestos en competencia con Él, no se deben preferir, deben ser negados. Cristo mismo descendió de la gloria de su Padre, y voluntariamente se hizo a sí mismo de baja reputación entre los hombres, para poder hacernos de reputación con Dios; y, de la calidad de pensar que no era usurpación hacerse igual a Dios, se humilló a sí mismo para llegar a la pobre forma de un siervo; sí, la muerte ignominiosa de la cruz (Fil 2:5-8).

8. Es la doctrina que él nos enseña con estas palabras, "El que ama a padre o a madre, hijo o hija, más que a mí, no es digno de mí " (Mat 10:37). Y nuevamente, "Cualquiera de vosotros que no renuncie a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo " (Lucas 14:33). Y él claramente le dijo al joven rico que si quería tener vida eterna, que debía vender todo y seguirlo a Él (Marcos 10:21-22); una enseñanza que es tan triste para él como para aquellos quienes, como él, a pesar de todas sus altas pretensiones de religión, en realidad aman sus posesiones más que a Cristo. Esta doctrina de negación propia es la condición para la vida eterna, "El que venga en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame " (Mat 16:24). [Y si nuestros parientes resisten nuestra búsqueda de Dios, y nuestra decisión de seguir a Cristo con nuestra cruz, debemos arriesgar que escojan retirar su apoyo y sus afectos de nosotros, cuando escogemos seguir a Dios, en vez de abandonar nuestra búsqueda].

9. Esto hizo que esos honestos pescadores dejaran sus legítimos oficios y lo siguieran a Él, cuando Él los llamó, y a otros que esperaron la consolación de Israel para ofrecer sus propiedades, reputaciones, libertad, y también sus vidas, lo cual causó el desagrado y la furia de sus familiares y del gobierno bajo el cual vivían, por la ventaja espiritual que se les acumuló por su adherencia fiel a su santa doctrina. Es cierto que muchos han excusado seguirle a Él en la parábola del banquete; algunos habían comprado tierras, otros se habían casado, y otros habían comprado yugos para sus bueyes, y no podían venir (Lucas 14:18-20); es decir, un amor inmoderado al mundo los detuvo. Sus gozos lícitos, en vez de ser sus siervos, se convirtieron en sus ídolos. Ellos adoraron la búsqueda de estas cosas más que a Dios, y no quisieron dejarlas para ir a Dios. Pero esto está registrado para reproche de ellos; y en esto vemos el poder del yo sobre el hombre mundano, y el peligro que viene del abuso de las cosas lícitas. ¿Qué? ¿Es su esposa más valiosa para usted que su salvador, y es su negocio más preferible que la salvación de su alma? ¡Oh! Tengan cuidado que sus comodidades no sean lo primero – trampas, y después maldiciones. Sobre valorarlas es provocar a aquel que las dio para que nos las quite otra vez. Vengan y sigan a Aquel que le da vida eterna al alma.

10. Ay de aquellos que tienen sus corazones en sus posesiones terrenales, porque cuando éstas se acaben, su cielo se acaba con ellas. Las posesiones son el pecado en común para la mayor parte de la tierra, porque ellos dependen de las comodidades de éstas. Es lamentable ver cómo sus afectos están entrelazados y enredados con sus conveniencias y comodidades. El hombre que verdaderamente se niega a sí mismo es un peregrino; pero el hombre egoísta es un habitante del mundo. El primero lo usa, como los hombres usan los barcos, para transportarse a sí mismos o para orientarse en un viaje a casa; pero el otro no busca más, (sea lo que sea que él afirme verbalmente), más que ser fijado en la plenitud y la comodidad aquí, y le gusta tanto, que si pudiera, no lo cambiaría. Sin embargo, no se molestará en pensar acerca del más allá hasta que esté seguro que está a punto de morir. Pero eso podría ser muy tarde; y por lo tanto no van a Abraham, sino al castigo eterno como el hombre rico y la parábola de Lázaro; y esta historia es tan cierta como triste.

11. Pero, por otro lado, los discípulos de Jesús no se niegan a sí mismos sin un propósito y resultado; y en realidad, Cristo mismo tenía el gozo eterno en la mirada: "Por el gozo que fue puesto delante de él," dice el autor a los Hebreos, "sufrió la cruz" (Heb 12:2); es decir, se negó a sí mismo, y soportó los reproches y la muerte del impío; y despreció la vergüenza, a saber, el deshonor y escarnio del mundo. Esto hizo que no tuviera temor de ser reducido; Él lo desairó; y está sentado a la diestra del trono de Dios. Y para ánimo de ellos, y gran consuelo, cuando Pedro le preguntó lo que debían tener los que habían abandonado todo para seguirlo a Él, respondió: "De cierto os digo que en el tiempo de la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mat 19:27-29), que en ese entonces habían apostatado de la vida y del poder de la piedad. Esta era la situación de los discípulos, los compañeros más cercanos a su tribulación, y los primeros mensajeros de su reino. Pero lo que sigue después es para todos: y "todo aquel que deja casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna " (Mat 19:29). Era esta recompensa, esta eterna corona de justicia, que en cada edad ha producido, en las almas de los justos, una negligencia santa, sí un desprecio por el mundo. A esto se debe la consistencia de los mártires, como a su sangre, el triunfo de la Verdad.

12. Ni es esta una nueva doctrina; es tan antigua como Abraham (Gen 12:1-5). En varios de los ejemplos más sorprendentes, su vida estaba compuesta de negación propia. Primero, al dejar su propia tierra, donde podemos bien suponer que estaba establecido en el medio de la abundancia, por lo menos suficiencia; ¿y por qué? Porque Dios lo llamó. En verdad esto debería ser suficiente razón, pero tal es la degeneración del mundo que de hecho no lo es; y la misma acción, con el mismo incentivo, en cualquiera ahora, aunque fue elogiado en Abraham, sería ridiculizado. La gente es tan propensa a no entender lo que ellos recomiendan; no, a despreciar esas acciones, cuando las ven en las personas de su propio tiempo, las cuales pretenden admirar en sus antepasado.

13. Pero Abraham obedeció. La consecuencia fue que Dios le dio una tierra poderosa. Este fue la primera recompensa por su obediencia. La siguiente fue un hijo en su edad anciana; lo cual agrandó la bendición, después que había, por naturaleza, pasado el tiempo de que su esposa tuviera hijos (Gen 17:16-19). Sin embargo Dios pidió su querido y único hijo, el gozo de su ancianidad, el hijo del milagro, y aquel de quien dependía el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. Por este hijo, yo digo, Dios pidió una gran prueba, que uno podría pensar muy bien que hubiera vencido su fe y hecho tropezar su integridad; por lo menos lo hubiera puesto en disputa consigo mismo. Este mandamiento es irrazonable y cruel; es del tentador, y no puede ser de Dios. Porque, ¿se debe enseñar que Dios me dio un hijo para darlo como sacrificio? ¿que el padre debe ser el asesino de su único hijo? Nuevamente, que él me pida que ofrezca al hijo de su propia promesa, por medio de quien se debe cumplir su promesa; esto es increíble. Yo digo, que así Abraham hubiera argumentado naturalmente con la voz de Dios, y satisfacer sus grandes afectos por su amado Isaac. Pero el buen Abraham, quien conocía la voz que le había prometido un hijo no se había olvidado de conocerla cuando se lo pidió de vuelta; él no disputa, aunque pareció extraño, y tal vez con algo de sorpresa y horror, como un hombre. Él había aprendido a creer que Dios, quien le dio un hijo por medio de un milagro, podía obrar otro para conservarlo o restaurarlo. Sus afectos no podían equilibrarse con su deber, mucho menos vencer su fe; porque él lo recibió de manera que no le permitía dudar de nada de lo que Dios le había prometido.

Él se inclina ante la voz de este Todopoderoso, le edifica un altar, ata a su único hijo sobre éste, enciende el fuego, y estira su mano para tomar el cuchillo; pero el ángel detuvo el golpe. Espera, Abraham, tu integridad ha sido probada. ¿Qué siguió? Un carnero fue sacrificado en su lugar, e Isaac fue suyo otra vez. Esto muestra lo poco que se necesita para servir, cuando todo es resignado, y lo poco de sacrificio que es necesario para contentar al Todopoderoso, cuando el corazón es aprobado. Por lo tanto no es el sacrificio el que recomienda el corazón, sino el corazón que le da aceptación al sacrificio.

Dios a menudo nos toca en nuestras comodidades más queridas, y pide lo que amamos más, y que estamos menos dispuestos a dejar. Esto no significa que él siempre las quitará completamente, sino para probar la integridad del alma, para advertirnos acerca de los excesos, y para que podamos recordar a Dios, el autor de esas bendiciones que poseemos, y vivir libres con ellas. Yo hablo de mi experiencia. La manera en que podemos mantener nuestros placeres es renunciar a ellos; y aunque esto es difícil, es bonito ver cuando son regresados, como Isaac lo fue a su padre Abraham, con más amor y bendiciones que antes. ¡Oh mundo estúpido! ¡Oh cristianos mundanos, no sólo extraños, sino enemigos de esta excelente fe! y mientras sea así, las recompensas de esto ustedes nunca lo pueden saber.

14. Pero Job es rival de Abraham; su negación propia también era muy digna. Porque cuando los mensajeros de sus aflicciones vinieron en grandes números sobre él, una triste historia tras otra, hasta que fue dejado casi tan desnudo como cuando nació; lo primero que él hizo fue caer sobre la tierra, y adorar a ese poder, y besar la mano que lo desposeyó; tan lejos de murmurar, que él concluye sus pérdidas de posesiones e hijos con estas palabras: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehovah dio, y Jehovah quitó. ¡Sea bendito el nombre de Jehovah!" (Job 1:21). ¡Oh la profunda fe, paciencia, y contentamiento de este excelente hombre! Uno hubiera pensado que las repetidas noticias de catástrofes habían sido suficientes para derrotar su confianza en Dios; pero no fue así; sino que lo hicieron más serio. Pero en realidad él nos dice por qué; su Redentor vivía: "Yo sé," dice él, "que mi Redentor vive" (Job 19:25-26). Y parecía que Él sí vivía; porque lo había redimido del mundo. Su corazón no estaba en sus comodidades terrenales. Su esperanza vivía por encima de los gozos del tiempo y los problemas de la mortalidad; no era tentado con aquellos, no sacudido por éstos; sino que firmemente creyó, que después que los gusanos en su piel hubieran consumido su cuerpo, con sus ojos él vería a Dios. Así estaba el corazón de Job tanto sometido como consolado en la voluntad de Dios.

15. Moisés es el siguiente gran ejemplo en la historia sagrada por su notable negación propia, antes del tiempo de la venida de Cristo en la carne. Él había sido salvado cuando niño por una providencia extraordinaria, y parece por lo que siguió, para un servicio extraordinario. La hija del faraón, cuya compasión fue el medio de su preservación, cuando el rey decretó la matanza de los varones hebreos (Exo 1:15-16), lo tomó como su hijo, y le dio la educación de la corte de su padre. Su propia presencia llena de gracia y sus extraordinarias habilidades, se unieron al amor de ella por él, y el interés de su padre en promoverlo, lo debe haber hecho, si no apto para la sucesión, por lo menos para ser ministro principal bajo ese príncipe acaudalado y poderoso. Porque Egipto era en ese entonces lo que Atenas y Roma fueron después, lo más famoso por su educación, arte, y gloria.

16. Pero Moisés, ordenado para otra obra y guiado por un principio más alto, pronto pasó por los años de moderación, de la impiedad de Egipto, y la opresión de sus hermanos en ese lugar, que llegaron a ser cargas muy pesadas para que él las pudiera llevar. Y aunque un hombre tan sabio y bueno no podía desear esos reconocimientos generosos y agradecidos, esto llegó a ser la bondad de la hija del rey para él; sin embargo él también había visto ese Dios que era invisible (Heb 11:24-27); y no osó vivir en el gusto y la abundancia de la casa del faraón, mientras que sus pobres hermanos eran obligados a hacer ladrillos sin paja (Exo 5:10).

Así el temor del Todopoderoso se apoderó profundamente de su corazón. Él rehusó noblemente ser llamado el hijo de la hija de faraón, y escogió más bien la vida de aflicción, con los Israelitas más despreciados y oprimidos, y ser compañero de sus tribulaciones y peligros, que disfrutar de los placeres del pecado por una temporada; estimando la misma clase de reproches dirigidos a Cristo. Él sufrió por hacer esa elección no mundana, pero buscando riquezas más grandes que todos los tesoros de ese reino.

17. Ni tampoco era él tan necio como ellos pensaban. Él había razonado de su lado; porque se dice que tenía su mirada en la recompensa, él sólo rehusó un beneficio menor por uno mayor. En esto, su sabiduría trascendió la de los egipcios; porque ellos hicieron del mundo presente su elección, tan incierto como el clima, y así perdieron la vida en el más allá que no tiene fin. Moisés buscó más profundamente, y midió los gozos de esta vida en las balanzas de la eternidad, y encontró que no tenían peso allí. Él se gobernó a sí mismo no por posesión inmediata de algo, sino la naturaleza y la duración de la recompensa. Su fe corrigió sus afectos, y le enseñó a sacrificar los placeres del yo, y la esperanza que él tendría una recompensa más excelente en el futuro.

18. Isaías era también un ejemplo considerable de esta bendita negación propia; quien como el hijo de la realeza llegó a ser un profeta, dejó los intereses mundanos de aquello por la fe, paciencia, y sufrimientos de lo otro. Porque su elección no sólo le hizo perder el favor de los hombres, sino su impiedad, airada por su integridad hacia Dios en sus fervientes y audaces reprensiones hacia ellos, lo hizo mártir al final, porque ellos lo cortaron salvajemente con una sierra de madera durante el reinado del rey Manasés. Así murió un hombre excelente, y comúnmente llamado profeta evangélico.

19. Añadiré de muchos, un ejemplo más, que es de la fidelidad de Daniel; un santo y sabio joven. Cuando sus ventajas mundanas estuvieron en competencia con su deber al Dios Todopoderoso, él renunció a todas ellas. En vez de tratar de aferrarse a su posición terrenal, fue cuidadoso de preservar el honor de Dios, por su fidelidad a su voluntad; a pesar del peligro para sí mismo. Y aunque al principio lo expuso a la ruina, sin embargo, como aliento para todos que como él, escogerán mantener una buena conciencia en un tiempo impío, su elección lo hizo avanzar mucho en el mundo; y el Dios de Daniel fue hecho famoso y temible a través de su perseverancia aún en los ojos de reyes paganos.

20. ¿Qué diré de todo el resto, que no contaron nada de valor comparado con la voluntad de Dios; quienes abandonaron sus comodidades terrenales, y expusieron su calma y seguridad, tan frecuentemente como la visión celestial los llamó, a la ira y la malicia de príncipes degenerados y una iglesia apóstata? Más especialmente Jeremías, Ezequiel, y Miqueas, quienes, después de haberse negado a sí mismos, en obediencia a la voz divina, sellaron su testimonio con su propia sangre.

Así fue la negación propia la práctica y gloria de los antiguos, quienes fueron los predecesores a la venida de Cristo en la carne; ¿y podemos ahora esperar ir al cielo sin ella, cuando nuestro mismo Salvador se ha convertido en el ejemplo más excelente de ella? A pesar de que algunos desearon que no tuviéramos que llevar la cruz; pero debemos negarnos a nosotros mismos, y así ser verdaderos seguidores de su bendito ejemplo (1 Pedro 2:21).

21. Quien quiera que usted sea, que desea hacer la voluntad de Dios, pero es débil en sus deseos, debido a la oposición de las consideraciones terrenales; recuerde que le digo, en el nombre de Cristo, que aquel que prefiere a su madre o padre, hermana o hermano, esposa o hijo, casa o tierras, reputación, honor, oficio, libertad, o vida, antes que el testimonio de la luz de Jesús en su propia conciencia, será rechazado por Él en la solemne investigación general del mundo; cuando todos serán juzgados, y recibirán de acuerdo a las obras que hayan realizado, no a la profesión que hayan hecho, en esta vida. Era la doctrina de Jesús que si la mano derecha le ofende, usted debe cortarla; y si su ojo derecho le ofende, usted debe sacárselo (Mat 5:29-30): es decir, si lo más querido, las comodidades más útiles y estimadas que usted disfruta, son un obstáculo, e interrumpen su obediencia a la voz de Dios, y su conformidad a su santa voluntad revelada en su alma, usted está comprometido, bajo pena de condenación, a deshacerse de ello.

22. El camino de Dios es un camino de fe, tan extraño para la mente como la muerte es para el yo. Son los hijos de la obediencia, como Pablo, quien contó todo como basura y escoria, para poder ganar a Cristo, que conocen y caminan en este camino angosto. La presunción no funcionará, ni tampoco las ideas altivas podrán entrar; sólo los obedientes comen los bienes de esta tierra (Isa 1:19). Aquellos que hacen su voluntad, dice el bendito Jesús, conocerán acerca de la doctrina (Juan 7:17); Él los instruirá. No hay lugar para la instrucción donde el yo lícito es señor, y no siervo. Porque el yo no puede recibirlo; ¿qué puede recibir instrucción, si está oprimido por el yo, temeroso, y no se atreve? ¡Oh! ¿Qué dirán mi padre y mi madre? ¿Cómo me usará mi esposo? O finalmente, ¿qué harán los magistrados conmigo? Porque aunque tengo una persuasión muy poderosa, y una clara convicción sobre mi alma, de esto y aquello, sin embargo considero lo poco elegante que es, los enemigos que tiene, y lo extraño y peculiar que les parecerá a ellos. Espero que Dios tenga compasión de mi debilidad. Si yo me hundo, no soy más que carne y sangre; puede que en el futuro él me capacite más; y hay suficiente tiempo. Así con el hombre egoísta y temeroso.

Pero el dejar las cosas para después es lo peor; porque el alma pierde cuando no se hace una decisión, [el no tomar una decisión es una decisión]. El comienzo del proceso trae poder. Dios nunca ha convencido a la gente a menos que ellos sean sumisos, para lo cual él les ha dado poder. Él no pide nada para lo cual él no provea la habilidad de realizar, de otra manera él estaría burlándose de los hombres, no salvándolos. Es suficiente para usted hacer su deber, que Dios le muestre su deber; siempre y cuando usted consulte en su interior, a esa luz y espíritu por el cual Él le da el conocimiento. Aquellos que buscan poder son los que no reciben a Cristo en sus convicciones sobre el alma, y por lo tanto, ellos siempre carecerán de poder; pero aquellos que buscan sus convicciones, reciben poder, como los de la edad antigua, para llegar a ser hijos de Dios, por medio de la obediencia pura de la fe.

23. Por lo tanto, déjenme implorarles, por el amor y la misericordia de Dios, por la vida y la muerte de Cristo, por el poder de su Espíritu, y la esperanza de la inmortalidad, que ustedes, cuyos corazones están establecidos en sus comodidades terrenales, y por lo tanto aman el yo más que estas cosas celestiales, dejen que el tiempo pasado sea suficiente; que no piensen que es suficiente estar libres de tales impiedades, como muchos se encuentran, mientras su amor excesivo por las cosas lícitas ha contaminado su gozo de ellas, y ha alejado los corazones del temor, el amor, la obediencia, y la negación propia de un verdadero discípulo de Jesús. Entonces cambien de rumbo, y escuchen la suave voz en su conciencia; ésta les dice cuáles son sus pecados, y su miseria en ellos; les da un descubrimiento animado de cada vanidad en el mundo, y le abre al alma alguna posibilidad de eternidad, y el consuelo de los justos, quienes están en el reposo. Si ustedes se adhieren a esto, los separará del pecado y del yo. Pronto encontrarán que el poder de sus encantos excede el de las riquezas, el honor y la belleza del mundo; y finalmente les dará paz, la cual las tormentas del tiempo nunca pueden hacer naufragar o desordenar. Así todos sus gozos son bendecidos, aunque pequeños, sin embargo grandes por esa presencia que está en su interior.

Aún en este mundo los justos tienen la mejor parte de él, porque usan el mundo sin ser reprendidos, porque no lo abusan. Ellos ven y bendicen la mano que los alimenta, y los viste, y los guarda. Como al contemplarlo en todas sus obras, ellos no las adoran, sino a Aquel quien las creó; de modo que la dulzura de su bendición es una ventaja sobre aquellos que no lo ven. Además, aquellos que son de Dios no son elevados en sus avances, ni son echados fuera en sus adversidades. ¿Y por qué? Porque por su presencia divina ellos son moderados en lo primero, y consolados en lo último.

En resumen, el cielo es el trono, y la tierra no es más que el banquillo de aquel hombre que ha crucificado al yo bajo sus pies. Aquellos que conocen esta estación no serán movidos fácilmente; ellos aprenden a contar sus días, para no ser sorprendidos con su fin; y para aprovechar su tiempo lo más posible, porque sus días son malos (Efe 5:16); recordando que son mayordomos, y deben dar cuentas a un juez imperial. Por lo tanto no viven para el yo sino para Él, y en Él mueren, y son bendecidos con aquellos que mueren en el Señor. Así concluyo mi discurso acerca del uso correcto de las cosas lícitas en este mundo por el yo.

<Continúa al capítulo 5>>

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