La Cruz Perdida de la Pureza


REGISTROS DE PERSECUCIONES

El que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu.
Gal 4:29

Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución. 2 Tim 3:12

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno.
Heb  11:36-38

y así los primeros cuáqueros sufrieron similarmente.

La ramera de Babilonia continuó bebiendo la sangre de los santos.

 

De sus verdaderos seguidores, Jesús dijo: "Ningún siervo es más que su amo." Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. (Juan 15:20). En el tiempo de Fox, habían cinco gobiernos en Inglaterra: Carlos I, Oliverio Cromwell, Carlos II, Jaime II, y William y María. Durante el reinado de Carlos II solamente, 13,562 cuáqueros fueron encarcelados; 338 murieron por heridas infligidas en reuniones o encarcelamiento, y 198 fueron enviados hacia la esclavitud en otros países. (Fuente: Enciclopedia Católica). Bajo los primeros cuatro gobernadores, Los sufrimientos de Besse cuenta 869 cuáqueros que murieron en la cárcel. Cuando fueron enviados a prisión, aún sus hijos fueron vendidos como esclavos. Muchos otros fueron privados de sus propiedades personales y reales como 'botín' para ser tomado por las cortes, después de ser condenados por rehusarse a jurar, por no quitarse sus sombreros en la corte, viajar los domingos, por no ir a los servicios religiosos aprobados por el estado, por no pagar los diezmos a las parroquias aprobados por el estado, y por reunirse en servicios de adoración no aprobados por el estado.

¿Por qué fueron perseguidos los cuáqueros?
Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución. 2 Tim 3:12

Los cuáqueros fueron perseguidos por no quitarse sus sombreros en la corte, negarse a jurar ante la corte, viajar en el así llamado día de reposo cristiano, andar como vagabundos, blasfemia, y juntarse a adorar mientras que no seguían la liturgia y el formato de adoración episcopal. Pero éstas eran sólo excusas, porque las otras así llamadas sectas cristianas odiaban a los cuáqueros; porque así como Pablo fue enviado a las asambleas judías para predicar el evangelio verdadero, así fueron enviados los primeros cuáqueros a esas sectas, clamando el nombre de Cristo, para predicar una salvación que debía experimentarse, oírse, y ser vista dentro de una persona, no sólo suponiendo que ha ocurrido al declarar una creencia o al mojarse.

Los primeros cuáqueros dijeron que la verdadera fe era ser obedientes a Cristo, la Luz y la Palabra dentro del hombre, no sólo una creencia de la exactitud histórica de las declaraciones de la Biblia acerca del nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesús.

Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. Jer 7:23

[Jesús] llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen. Heb 5:9

Los protestantes dijeron que la Palabra era la Biblia y la fuente de salvación. Sin embargo la Biblia se refiere a las palabras que están dentro de ella como las escrituras y que la palabra de Dios es Jesús. Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14 (Este Verbo claramente no es la Biblia, es Cristo, la palabra de Dios.) De modo que los cuáqueros dijeron que a menos que ustedes oigan a Dios hablar dentro de ustedes, y crean que él es le Hijo de Dios, como es puesto en evidencia por la obediencia a la Luz y los mandamientos del Verbo para ustedes, no tienen la fe como Pablo la definió:

«Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos. Rom 10:8
Usted debe tener fe en la palabra que está dentro de ustedes, en su corazón y en su boca;
fe para oír, y fe para obedecer los mandamientos que ha oído.

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Rom 10:17
La fe viene por el oír la palabra que está dentro de usted, y creer que es Cristo, la Palabra de Dios.

Cristo dijo: Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la obedecen. Luc 11:28

Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha. Efe 5:25-27

Claramente la Biblia no puede santificar, no puede purificar, no puede lavar, para llegar a ser santos y sin manchas.
Pero, si usted obedece las palabras que Cristo habla dentro de usted, recibirá la bendición de la pureza y la santificación.

Ellos enseñaron que al ser obedientes a la voz del Señor, la palabra que está en el interior, Cristo, que es la luz, aparece después dentro de su corazón; Cristo, que es la Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo. Ellos fueron perseguidos porque predicaron que una persona debe recibir las convicciones de la Luz como reciben a Cristo, lo cual, cuando se reconoce que es verdad y que viene de Cristo que está en el interior, resultaría en la purificación por medio de la gracia de Dios, que elimina los defectos del corazón; al morar en la Luz, la sangre de Cristo los limpia de todo pecado. Los cuáqueros además dijeron que uno debe testificar (ver y sentir) su salvación, la cual viene después de la pureza, con el regreso glorioso de Cristo en el interior, lo cual resulta en la unión con Dios y la entrada en el reino de los cielos. El bautismo, ir a los servicios de las sectas, orar sin recibir palabras del Espíritu Santo, o simplemente leer la Biblia (sin la guía de la interpretación del Espíritu) eran considerados como una abominación, cosas que vienen de la mente carnal, que es enemistad contra Dios. Sólo cuando el hombre viejo está muerto, y una criatura completamente nueva y regenerada ha aparecido, con un corazón circuncidado—sólo por medio de la cruz, es completada la obra de la salvación. De modo que en vez de tener la presunción de estar salvos, ellos deben permitir que Cristo elimine hasta la inclinación a pecar de sus corazones; y así llegan a ser puros, y entran en el reposo, entran en el reino, entran en el paraíso. Las otras sectas estaban indignadas de que alguien les dijera que no eran salvos; y en su ira, estaban ansiosos de acallar violentamente a cualquiera que fuera tan insolente. A esto los cuáqueros respondieron: ¿prefieren descubrir la verdad después de que estén muertos, y cuando ya sea muy tarde; o ser impresionados ahora al darse cuenta de esto, mientras todavía tienen tiempo para ser cambiados, para que así ustedes también puedan obedecer los mandamientos de Dios? Los cuáqueros dijeron que ellos experimentaban lo que ellos predicaban, que habían sido enviados por Dios a predicarle a los que podían oír, y que ellos hablaban las palabras que el Espíritu Santo les mandaba. Ya que el mensaje de los cuáqueros era contrario a lo que los protestantes habían aprendido de sus ministros y maestros, muchos pensaron que éstos seguramente habían sido enviados por el diablo. Aquellos que tenían hambre y sed de justicia, aquellos que lloraban por el pecado que estaba en ellos, y aquellos que anhelaban oír y ver a su Salvador, testificaron de la verdad de las buenas nuevas de los cuáqueros en sus corazones. ¡Aquellos que pudieron oír, oyeron!

Las escrituras que vienen a continuación resumen lo que los cuáqueros dijeron que era el problema de la mayoría de los cristianos a través de las edades—la presunción de ser salvos—sin la necesaria obediencia—sin la experiencia de ver a Dios y tener comunión con el Padre y con el Hijo, lo cual ocurre después de la crucificción del espíritu egoísta en la cruz interna de la negación propia.

No todo el que me dice: "Señor, Señor" , entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?" Entonces les diré claramente: "Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!" Mat 7:21-23. Estas personas pensaron que eran cristianos salvos y que pensaron que estaban en su nombre, pero todavía pecaban; ellos todavía eran hacedores de maldad. Jesús no los conocía porque: Sabemos que lo hemos conocido si obedecemos sus mandamientos. 1 Juan 2:3

Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. Juan 8:34. Si una persona todavía peca, es esclava del pecado, y Jesús no puede ser su Señor, porque nadie puede servir a dos maestros. Mat 16:24 Lucas 16:13. Ustedes son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea para pecar, lo que lleva a la muerte, o para obedecer, lo que lleva a la justicia. Rom 6:16. Porque la obediencia a todos los mandamientos de Cristo es necesaria.

Los primeros cuáqueros dijeron que la salvación es ver a nuestro Salvador trayendo la salvación, y tener comunión con Cristo y con Dios—una salvación que viene después de la crucificción del espíritu egoísta hacia la pureza en la cruz interna de la negación propia. Ellos testificaron acerca de entrar en el reino del Cielo del cual Cristo dijo que él había venido a predicar. Los cuáqueros fueron enviados a predicar a todos el mismo mensaje que Pablo fue enviado a predicar por Jesús: "para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados." Estas buenas nuevas de obedecer la Luz y la Palabra dentro de ustedes, lo cual al final resulta en la pureza, era una herejía para las sectas protestantes; quienes buscaron un Dios externo en un cielo lejano, quienes oyeron las palabras de la Biblia en vez de la Luz y la Palabra (Cristo) dentro de ellos. Los cuáqueros le dijeron a todas las sectas que su fracaso al no reconocer y obedecer a Cristo en el interior era como el de los judíos, quienes tenían conocimiento de las escrituras, pero rechazaron a Cristo como Mesías. Por predicar a Cristo en el interior, los cuáqueros fueron multados, encarcelados, desterrados y asesinados; a pesar del hecho de que lo que ellos predicaron estaba escrito claramente por toda la Biblia, como sigue:

¿Acaso soy yo Dios de cerca, y no Dios de lejos?, dice Jehovah. Jer 23:23

Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; Hechos 17:24-28

Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 2 Cor 6:16, Lev 26:12

Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Efe 4:6

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, Efe 3:17

A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,
a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; Colosenses 1:27

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Gal 2:20

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Romanos 1:19

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 1 Cor 3:16

Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes, Gal 4:19

En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes. Juan 14:20-23.

¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 2 Corintios 13:5

Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. 1 Juan 2:27

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; (amor, paz, gozo, paciencia, bondad, benignidad, etc. Gal 5:22-23) Juan 15:5.
Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. Juan 15:8

Para oír, usted debe ir a él. Debe esperar en élescuchar en silencio, con la humildad de un pecador que necesita el poder que produce cambio—la gracia. Cuando usted oiga, entonces deberá obedecer cualquier enseñanza o mandamiento que él le de—y así su gran poder lo cambiará. Al hacer esto repetidas veces por mucho tiempo, usted será purificado por la gracia y por la fe—una fe que cree y obedece en la palabra que está en el interior.

De María Howgill's, una profecía de Dios, acerca de por qué fueron permitidas las persecuciones:

El gobierno puritano de Cromwell había perseguido severamente a los cuáqueros por no diezmar ni jurar. El rey Carlos II regresó al trono, y poco después prohibió cualquier servicio excepto el servicio de la iglesia de Inglaterra, imponiendo altas multas, la toma de propiedad, encarcelamiento, y finalmente destierro a las colonias caribeñas de Jamaica y Barbados. Justo antes de que esto sucediera, María Howgill tuvo una visión de las terribles persecuciones que habían de venir. Ella se consternó, y se dirigió al Señor, rogándole que lo impidiera. En respuesta, el Señor le dijo lo siguiente:

"Yo permitiré que venga esta violencia, y que sean rotas las cadenas de las bestias salvajes, para que puedan hacer que se incline este pueblo de dura cerviz y contradictorio [adversario], en contra mía, y en contra de mi nombre. Endureceré el corazón del Faraón, para que yo pueda mostrar mi poder sobre todo hombre y mujer; soportaré que los violentos prosigan con su violencia, para que prueben la fe de mi propio pueblo, a quienes he dado a conocer mi Reino, y les he confiado mis secretos, sobre quienes brillaré en la Luz de mi semblante, y ellos verán la gloria de mi trono, y engrandecerán mi nombre. Y después de la noche de apostasía, y después de la ira del dragón, mi pueblo dará aun más testimonio de mi nombre grande y glorioso, y dejarán registrada una declaración más clara y celestial, de la que mis siervos han dejado hasta ahora, y permanecerá por las edades, y en las generaciones por venir, para que ellos puedan ver cómo Dios se manifiesta sobre su pueblo en días de gran sufrimiento."

Una profecía relatada por María Howgill, 4/1660.

De modo que, gentil lector, las persecuciones que ustedes están a punto de leer, fueron permitidas por dos razones:

1. para traer muchos cuáqueros hacia el reino; Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mat 5:10

2. para que ustedes lean, como dijo el Señor: "un registro de una declaración más clara y celestial de la que mis siervos han dejado hasta ahora, que permanecerá por las edades, y en las generaciones por venir, para que ellos puedan ver cómo Dios se manifestó sobre su pueblo en días de gran sufrimiento."

-del Diario de Jorge Fox
describiendo algunos de sus encarcelamientos
(los que sumaron seis años y medio)

Terminadas las sesiones del tribunal, y nosotros en la cárcel, en virtud de tal condena que no cabía esperar que nos soltaran en mucho tiempo; dejamos de dar al carcelero los siete chelines semanales, cada uno, por nuestros caballos, a más de los siete por cada uno de nosotros, y mandamos los caballos al campo. El carcelero ante esto, se volvió más malo y endiablado, y nos metió en un sitio llamado Doomsdale, lugar sucio y pestilente, donde metían a brujas y asesinos luego de condenados a muerte; el cual era tan malsano, que se decía que muy pocos de los que allí entraban volvían a salir con vida. No había letrina, y, según nos dijeron, hacía muchos años que no se habían sacado los excrementos de los presos que de año en año habían metido allí. De manera que el piso era fango y, por algunos sitios, el agua nos llegaba al borde de las botas. No nos permitían limpiarlo ni tener camas o un montón de paja sobre que dormir. Llegada la noche, algunas personas de la ciudad, nos trajeron una vela y un poco de paja, y quemamos un poco de esta paja para quitar el hedor. Los delincuentes dormían en una habitación encima de nosotros, y el carcelero jefe también en otra a su lado; y sucedió que, entrando el humo en la habitación del carcelero, este se enfureció de tal manera, que cogiendo los vasos de los excrementos de los ladrones, por un agujero, los volcó sobre nuestras cabezas; y quedamos tan llenos de inmundicias, que nosotros mismos no podíamos tocarnos, ni tampoco uno al otro; y, entre la pestilencia y el humo, poco faltó para que no nos ahogáramos y asfixiáramos. Antes, teníamos la porquería en los pies, pero luego en la cabeza y también por la espalda; y habiéndose apagado la paja a causa de la inmundicia que le cayó encima se hizo entonces una gran humareda, y el carcelero se mofaba de nosotros, de la manera más odiosa, llamándonos, "perros de cara aguzada" y tales nombres como jamás los oyéramos en nuestra vida. Estábamos obligados a pasar la noche de esta manera, sin poder sentarnos, de tan lleno como estaba el suelo de excrementos inmundos. Mucho tiempo nos tuvo así, antes de que nos dejara limpiarnos o permitiera que nos trajeran otros alimentos que las que nos daban por la reja; y una vez que una moza nos trajo unas pocas viandas, la arrestó por haber allanado su casa y la llevó al tribunal de justicia de la ciudad, acusándola de haber allanado la prisión; y ante los muchos trastornos que le causó a esta muchacha, se descorazonaron todos los demás y nos costó mucho conseguir un poco de agua para beber, o algún alimento.

- y más en su Diario acerca del encarcelamiento de Fox

Después de más discursos, ellos me encerraron otra vez en la cárcel, para dejarme allí hasta la próxima sesión de tribunales; y el coronel Kirby le dio órdenes al carcelero de mantenerme cerca, y no dejar que ningún ser viviente viniera a mí; porque no era bueno que yo 'tuviera conversaciones con hombres.' Fui puesto en una torre, donde el humo de otros prisioneros subió tan denso, que fue como rocío sobre las paredes, y a veces era tan denso que apenas podía ver la vela mientras ardía. Yo estaba encerrado bajo tres candados; y cuando el humo era demasiado, el carcelero apenas podía ser persuadido para venir y abrir una de las puertas más altas porque él temía el humo; de modo que yo fui casi sofocado. Además llovió sobre mi cama; y muchas veces, cuando yo traté de mantenerme fuera de la lluvia durante la fría temporada de invierno, mi camisa estaba mojada como lodo con la lluvia que vino sobre mí mientras estaba trabajando para mantenerla afuera. Y debido a que el lugar era alto y abierto al viento, a veces tan rápido como yo tapaba el hoyo, el viento lo soplaba otra vez. De esta manera yo estuve todo el frío invierno hasta la próxima sesión de los tribunales; y durante ese tiempo yo estaba tan hambriento con el frío y la lluvia, que mi cuerpo generalmente estaba muy hinchado, y mis miembros estaban muy adormecidos.

- y uno (de muchos) ejemplos de Fox siendo atacado, sacados de su Diario

El Primer día siguiente, fui a Tickhill donde se reunían los Amigos de por aquel lado. Cuando los Amigos estuvieron reunidos, en calma y llenos de la vida y poder de Dios, yo sentí la inspiración de dejar la reunión e irme a la iglesia, y, cuando llegué, encontré al sacerdote y a la mayor parte de los jefes de la parroquia reunidos en el presbiterio, y entonces acercándome a ellos empecé a hablar; pero inmediatamente cayeron sobre mí, y el sacristán levantando su biblia, mientras yo hablaba, me dio con ella en el rostro de tal forma que, brotando la sangre, sangré abundantemente en la iglesia, y la gente comenzó a gritar. "Dejen que lo tengamos fuera de la iglesia," y cuando me cogieron en la calle, me pegaron causándome gran dolor y también a puñetazos, y con palos, y tirándome por el suelo me echaron a un cercado, por encima de un seto, y allí me pegaron y luego me volvieron a sacar, y arrastrándome después por una casa hasta la calle, me apedrearon y me pegaron conforme me arrastraban, de tal manera, que estaba cubierto de sangre y de lodo.

- Antecedentes de las persecuciones:

"Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen" Mat. 5:44

De acuerdo con el Diario de Fox:

"Los Amigos nunca temieron sus actos, encarcelamientos, prisiones, lugares de corrección, ni el destierro, ni que les quitaran sus propiedades personales; no, ni siquiera perder la vida; ni tampoco ocurrió ninguna persecución, pero vimos que resultaría en algo bueno. Ni tampoco hubieron prisiones en las que yo haya estado, ni sufrimientos, excepto los que eran para sacar a las multitudes de la prisión; aunque aquellos que encarcelaron la verdad, y apagaron el espíritu en sí mismos, la encarcelaron y la apagaron sin ellos; de modo que hubo un tiempo cuando estuvieron tantos en la cárcel, que se convirtió en un dicho: 'la verdad es escasa para ser hallada, excepto en las cárceles.'"

Los cuáqueros fueron perseguidos por los puritanos, bautistas, presbiterianos, y anglicanos en Europa y América. El sufrimiento de los primeros cuáqueros es un testimonio convincente de la autenticidad de su fe, porque Cristo nos ha dicho que sus discípulos siempre encontrarían odio en el mundo, particularmente las profesas religiones del mundo. Ellos nunca buscaron venganza, aún cuando estaba raramente disponible en las cortes. Los primeros cuáqueros sufrieron pacientemente bajo todos los gobiernos de ese tiempo; bendiciendo, perdonando, y orando por sus acusadores y por los carceleros. Ellos hicieron apelaciones personales y corteses ante las autoridades gobernantes, pero nunca una resistencia o protesta organizada. Su sufrimiento paciente eventualmente resultó en que el parlamento pasó leyes garantizando libertad religiosa, las cuales también fueron incorporadas en la constitución de los Estados Unidos. El Señor usó su sufrimientos como una prueba para llevar a muchos hombres y mujeres a la perfección y hacia el reino de los cielos. Bienaventurados aquellos que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos, el cual miles han recibido. Pero a continuación ustedes pueden ver algo de la venganza que Dios procuró en contra de su pueblo. Hubieron tantas acciones por parte de Dios en contra de los perseguidores de su pueblo, que un libro fue escrito registrando las extrañas muertes de los primeros perseguidores cuáqueros.

Juan Calvino, uno de los hoy en día reverenciados fundadores de los protestantes, hizo que un hombre llamado Servet fuera quemado en la estaca porque él había negado la trinidad, y Calvino continuó defendiendo el quemar a la gente que tenía opiniones herejes. Las enseñanzas de Calvino afectaron a los luteranos, presbiterianos, bautistas, e independientes (puritanos). En el comienzo del movimiento cuáquero, los puritanos ya tenían una fuerte influencia en el gobierno por toda Inglaterra, y pronto se iban a apropiar de la corona en su guerra civil del parlamento de puritanos contra el rey y sus partidarios. Con su fundador, Calvino, abogando por el asesinato de aquellos que estaban en desacuerdo con sus puntos de vista religiosos, los puritanos estaban predispuestos a matar, encarcelar, y robar a los cuáqueros.

Los anglicanos, habiendo sido creados para justificar el deseo del rey Enrique VIII por nuevas esposas, estaban también acostumbrados a matar a cualquier persona que cuestionara su autoridad o la de su gran rey. Muchos fueron quemados en la estaca por cuestionar que el pan realmente se convertía en el cuerpo de Cristo por medio de los sacramentos. En Holanda, cualquier persona que fuera rebautizada estaba de la misma manera en riesgo de ser quemados.

Así se creó el marco para los actos que Fox llamó "la generación más brutal de perseguidores religiosas en la historia de la tierra," todos dirigidos a los cuáqueros que nunca lucharon contra ellos, nunca se vengaron, oraron por sus perseguidores, y razonaron con ellos - pero nunca protestaron o se opusieron a los cinco diferentes gobiernos que estuvieron en poder durante sus persecuciones. Bienaventurados son aquellos que son perseguidos por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos; y así ellos lo recibieron.

La bestia del libro de Apocalipsis es la bestia de la autoridad de las religiones paganas, cuyo poder fue severamente reducido [una herida en la cabeza] por los primeros cristianos, particularmente en la región del Mediterráneo. Pero una segunda bestia se levantó poco después que tenía cuernos como los de un cordero, pero era una bestia. Note que esta bestia parece ser cristiana, y bajo la pretensión de estar bajo la autoridad del Cordero, (aunque actuada por el poder del dragón, está derivada de la primera bestia de las religiones paganas) obliga a los hombres a cumplir tales tradiciones, ceremonias, y rituales, (como deber cristiano), las cuales se parecen a las costumbres de los paganos, en sus alabanzas y supersticiones idólatras. Toda la tierra siguió a esta bestia, y todavía lo hace. Él [la bestia] fue también autorizada a hacer guerra contra el pueblo santo de Dios (los santos) y vencerlos. Y le fue dado poder para extender su autoridad sobre cada tribu, pueblo, nación y lengua. Por lo tanto, la iglesia falsa se levantó, y nadie pudo espiritualmente comprar o vender, (como las vírgenes insensatas con el aceite de sus lámparas), a menos que ellos obedecieran a la bestia y recibieran la marca de la iglesia falsa. Cualquier persona que negara esta iglesia falsa, o tratara de comprar o vender, (obras espirituales por medio de la mente o las manos), fueron martirizados sin la sanción de la iglesia falsa, como sus predecesores lo habían sido anteriormente, bajo el poder pagano, o la primera bestia. Y mientras esta iglesia falsa a menudo es identificada por los protestantes como la iglesia romana, los protestantes son todos partes de la misma ramera falsa, (la bestia tiene muchos nombres), la salvación basada en decir ciertas palabras, en el agua, el pan y el vino - todos rituales supersticiosos - en vez de un cambio completo de corazón - circuncidado para ser un corazón nuevo y una mente nueva.

No sólo era detenida cualquier persona que tratara de aprender o de escuchar una doctrina diferente, para comprar o vender aceite espiritual para sus lámparas, sino que también eran asesinados - lo cual realmente prevenía que ellos pudieran comprar o vender.

Muchas persecuciones católicas romanas fueron justificadas por las famosas palabras de San(?)Agustín: "¿Por qué ... no debería la iglesia usar fuerza para forzar a sus hijos perdidos a regresar, si los hijos perdidos fuerzan a otros a ir a su destrucción?" — Un clásico ejemplo de "el fin justifica los medios", que hacer perder de vista el mandato principal de Cristo para "amar a los enemigos," no destruirlos. Otro supuesto santo(?), Tomás Aquinas escribió: De parte de la Iglesia, sin embargo, hay misericordia que busca la conversión del errante, por lo cual ella no condena de inmediato, sino "después de la primera y la segunda amonestación," como el apóstol los dirige: después de eso, si él es todavía rebelde, la Iglesia ya no espera su conversión, sino busca la salvación de otros, al excomulgarlo y separarlo de la Iglesia, y además lo entrega a un tribunal secular para ser exterminado así del mundo por la muerte. Estos reverenciados santos(?) ignoraron las escrituras del Nuevo Testamento que señalan claramente que debemos amar a nuestros enemigos, que debemos orar por nuestros enemigos, que debemos dar la otra mejilla, y que era algo satánico incluso pensar acerca de matar a aquellos que no comparten nuestras creencias. Jesús además dijo que si alguien está violando las normas de la iglesia (pecando), ellos deben ser advertidos por uno, después advertidos por dos o tres, después censurado por todo el cuerpo de creyentes, — y si ellos no se arrepienten de su error, ellos deben ser expulsados y evitados — no asesinados, ni encarcelados, ni torturados ni privados de su propiedad. Se supone que debemos amar y orar por nuestros enemigos, no destruirlos.

Los protestantes también mataron herejes. Juan Calvino fue el fundador principal del protestantismo, y tuvo gran influencia sobre los presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, y aún luteranos. Calvino hizo arrestar a Servet y presentó cargos de herejía en contra de él, y testificó en contra de él durante su juicio; el crimen de Servet fue haber negado el apoyo bíblico de la trinidad y el bautismo infantil. Los cargos en su contra que Calvino presentó y su eventual arresto resultó en que Servet fuera quemado en la estaca. Jacques Gruet, un conocido opositor de Calvino, fue arrestado, torturado por un mes y decapitado en el 26 de julio, 1547, por poner una carta en el púlpito de Calvino llamándolo un hipócrita. Calvino también hizo que treinta y cuatro mujeres fueran quemadas en la estaca como brujas acusadas de ser responsables por una plaga, mientras que otra versión le atribuye a su teocracia en Ginebra 58 sentencias de muerte. Calvino justificó la ejecución de los herejes, al escribir: Quien sea que sostiene ese mal que es hecho a los herejes y blasfemos al castigarlos se hace a sí mismo un cómplice en su crimen y culpable como ellos. Aquí no hay duda de la autoridad del hombre; es Dios quien habla, y es claro qué ley él hubiera guardado en la iglesia, aún hasta el fin del mundo. Por lo cual él demanda de nosotros una severidad tal, aunque sea para mostrarnos que no le damos el honor debido, mientras que no pongamos su servicio por encima de toda consideración humana, de modo que no perdonemos ni familiares, ni la sangre de ninguno, y nos olvidemos de toda la humanidad cuando el asunto sea combatir para su gloria. Los defensores de Calvino, derramando sangre y olvidando toda humanidad, mencionan que muchos otros protestantes mataron herejes también — (la defensa de "todos lo han hecho"; mejor dicho es: ¿todos los grandes hombres de Dios(?) ellos fueron asesinos).

Jesús dijo: .. cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios. Juan 16:2

Otro protestante venerado era Martín Lutero, que estaba lleno de odio por los judíos. Lo siguiente es tomado de los artículos de Wikipedia acerca de Martín Lutero y acerca Kristallnacht, (La noche de los Cristales Rotos):

Lutero inicialmente recomendó ser amables con los judíos, pero sólo con la intención de convertirlos al cristianismo, lo que se llamaba Judenmission. Cuando sus esfuerzos para convertirlos fracasaron, él se hizo cada vez más hostil hacia ellos. Sus obras principales con respecto a los judíos fueron su tratado de 60,000 palabras llamado Von den Juden und Ihren Lügen (Sobres los judíos y sus mentiras), y Vom Schem Hamphoras und vom Geschlecht Christi (Sobre el santo nombre y el linaje de Cristo) — que fueron reimpresos cinco veces durante su vida — ambos escritos en 1543, tres años antes de su muerte. Él dijo que los judíos ya no eran el pueblo escogido de Dios, sino que eran "el pueblo del demonio." Eran el pueblo degradado y adúltero, es decir, no el pueblo de Dios, y su jactancia de ser el linaje, la circuncisión y la ley debía ser considerada como suciedad." La sinagoga era una "novia contaminada, sí, una ramera incorregible y una mujerzuela impía ..." y los judíos estaban llenos de "las heces del diablo ... en las cuales se revuelcan como cerdos." Él recomendó incendiar las sinagogas, destruir los libros de oraciones de los judíos, prohibirle predicar a los rabinos, confiscar la propiedad y el dinero de los judíos, y asegurar que estos "gusanos venenosos" fueran forzados a hacer trabajos pesados o expulsados "para siempre." Él también parecía sancionar su asesinato, cuando escribió "somos culpables por no destruirlos."

La persecución nazi de los judíos en Alemania comenzó de manera masiva en Kristallnacht, (La noche de los Cristales Rotos), en la cual 200 sinagogas fueron quemadas; libros judíos fueron quemados; 7.500 fachadas de negocios judíos fueron destrozadas, (por eso el nombrecristales rotos); lápidas y tumbas fueron arrancadas; 30.000 judíos fueron arrestados y llevados a campos de concentración; por lo menos 100 fueron asesinados inmediatamente; y muchos hogares fueron saqueados. Una matanza similar de magnitud similar ocurrió en Viena, Austria esa misma noche. Estos eventos ocurrieron en el 9 y 10 de noviembre, 1938: el cumpleaños de Lutero es el 10 de noviembre. El consejo de Lutero se cumplió en Kristallnacht al pie de la letra. Este fue el comienzo de La solución final y El Holocausto.

Según la opinión del Dr. Robert Michael, las obras de Lutero adquirieron un estatus de escrituras en Alemania, y él llegó a ser el autor más leído de su generación, en parte debido a la naturaleza tosca y apasionada de sus escritos. La opinión prevaleciente entre los historiadores es que su retórica anti-judía contribuyó de manera importante al desarrollo del antisemitismo en Alemania, y en la década de 1930 y 1940 proveyó un fundamento ideal para los ataques del partido nacionalsocialista (NAZI) sobre los judíos. Reinhold Lewin escribió que "cualquiera que escribiera en contra de los judíos por cualquier razón creía que tenía el derecho a justificarse a sí mismo de manera triunfante si se refería a Lutero." Según Michael, casi todos los libros en contra de los judíos que se imprimieron durante el Tercer Reich contenían referencias y citas de Lutero. Heinrich Himmler escribió con admiración acerca de sus escritos y sermones sobre los judíos en el año 1940. La ciudad de Nuremberg presentó una primera edición de Sobres los judíos y sus mentiras a Julius Streicher, editor del periódico Nazi Der Stürmer, en su cumpleaños el año 1937; el periódico lo describió como el tratado más radicalmente anti semítico que se haya publicado. En el 17 de diciembre, 1941, siete confederaciones protestantes regionales emitieron una declaración en la que concordaban con la norma que obligaba a los judíos a usar una banda amarilla, "ya que después de su amarga experiencia Lutero ya había sugerido medidas preventivas en contra de los judíos y su expulsión del territorio alemán."

Todas las sectas protestantes y católicas que mataron (o incluso aprovaron la matanza) de aquellos que tenían una opinión religiosa diferente eran muy diferentes a los verdaderos cristianos; al incluso considerar el asesinato, ellos estaban siguiendo y cediendo a su padre el diablo, quien fue homicida desde el principio.

Tal vez usted está comenzando a ver que para el año 388 d. C., el cristianismo se había transformado en sinagogas de Satanás, con ministros de Satanás transformados para parecer ministros de justicia. Agustín y Tomás son dos de los cuatro pilares del catolicismo romano. Calvino y Lutero son los fundadores principales del protestantismo. Si los venerados fundadores de las sectas son impíos, ¿cómo pueden las sectas mismas y las doctrinas que promulgan no ser también impías? Cuando la raíz es mala, no importa cuántas ramas estén en el árbol — son malas también. De la Palabra del Señor en el interior: "Ellos son corruptos, hasta la médula;" y "ay de aquellos que tratan de sacar algo bueno de lo malo."

Y la ramera estaba ebria de la sangre de los santos — la inquisición de la iglesia romana y las masacres a través de toda Europa, en la cual durante la Edad media (del 800 A.C. hasta el 1500 D.C.) nueve millones de almas fueron llevadas a la muerte, acusadas de brujería.

Martín Lutero también fue selectivo en sus creencias de las escrituras. Lutero rechazó la autenticidad de los libros de Ester, Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. Llamó a la epístola de Santiago "una epístola de paja"; también tuvo palabras duras hacia el Libro del Apocalipsis, diciendo que él no podía "detectar de ninguna manera que fuera producción del Espíritu Santo".Cuando Martin Lutero publicó su traducción radical de la Biblia en Alemania, fue una sensación. La gente depravada escuchó sus enseñanzas acerca de la fe y la justificación y concluyó que ellos eran santos; algunos concluyeron que eran profetas; algunos concluyeron que eran apóstoles. Ellos comenzaron a mal completamente interpretar otros pasajes en la Biblia (después de todo, todos eran santos — sí, claro), incluyendo "los mansos heredarán la tierra" como queriendo decir que la propiedad de la clase alta era de ellos por derecho divino; y así ellos organizaron el ejército del Señor de 300.000 hombres, y comenzaron a violar, matar, y saquear a 100.000 católicos y miembros de la nobleza en  la Guerra de los Campesinos.

El rey inglés Enrique VIII, el fundador de los episcopales, hizo que 72.000 opositores (mayormente católicos) fueran asesinados.

Inglaterra, Escocia e Irlanda sufrieron tres guerras civiles de puritanos* en contra de los gobiernos gobernantes, las cuales dejaron a 190.000 personas muertas en Inglaterra (3.7% de la población); 60.000 muertos en Escocia (6% de la población); y 616.000 muertos en Irlanda (41% de la población, la cual era mayormente católica).

*Justificando su revolución como algo que trajo el reino de Cristo a la tierra, los puritanos consideraron a sus adversarios como enemigos de Cristo. Los puritanos oficiales de su ejército frecuentemente inspiraron a sus tropas al gritar una cita del Antiguo Testamento en contra de la idolatría pagana: "¡Maldito el que haga con negligencia la obra de Jehovah! ¡Maldito el que retraiga su espada de la sangre!" Los victoriosos soldados puritanos y parlamentarios, con sus nombres bíblicos extraordinarios — Alabanza a Dios Barebones y Sargento Hew Agag en Pedazos ante el Señor — recorrían el país, destruyendo imágenes en las iglesias, arrancando las pipas de los órganos, rompiendo los vitrales, y guardando sus caballos en catedrales.

Esto fue seguido en el siglo 17 por los protestantes de Inglaterra y Estados Unidos, quienes en 50 años fueron responsables de las muertes de más de 869 cuáqueros, (incluyendo a tres hombres y una mujer ahorcados en Boston por los puritanos creyetes de la Biblia), encarcelando a decenas de miles, y confiscando las propiedades de decenas de miles; los perseguidores de los cuáqueros incluyeron los episcopales, presbiterianos, puritanos congregacionalistas, y bautistas.

La iglesia falsa se jacta que no es una viuda y que no verá llanto. Ella se jacta de que Cristo es su esposo; pero estas iglesias falsas son la ramera de Babilonia, quienes ignoran el mandamiento de Cristo de arrepentirse, sus enseñanzas, sus requisitos, sus advertencias, su necesaria santidad, su evangelio, su Reino, su promesa de libertad del pecado, y su cruz de negación propia — la Cruz Perdida de la Pureza.

Todas las sectas protestantes y católicas que mataron (o incluso aprovaron la matanza) de aquellos que tenían una opinión religiosa diferente eran muy diferentes de los verdaderos cristianos; al incluso considerar el asesinato, ellos estaban siguiendo y obedeciendo a su padre el diablo, quien fue asesino desde el principio.

- del testimonio de Eduardo Burrough
hecho a un ministro de Cristo a los 18, y que murió en la cárcel a los 28:

Todos los sacerdotes y los gobernadores estaban alborotados acerca de nuestra fe. Ella amenazaba sus falsas creencias. Los sacerdotes le pidieron a los magistrados, corrieron de un lado para otro, de una sesión de la corte y de un juzgado al otro, y tomaron juramentos impíos, y calumniaron a los justos con mentiras y reproches, a propósito para enfurecer a todo el pueblo en contra de nosotros. Y los magistrados emitieron órdenes para el arresto de algunos, y dieron órdenes de deshacer nuestras reuniones, y que nosotros no nos reuniéramos en la noche, y tales hombres no debían viajar; y se hizo tal revuelo y oposición en contra de nosotros, que apenas se podía expresar o declarar. Hubieron alborotos en las iglesias, alborotos en los mercados, y a menudo arrastrados ante los magistrados, y nosotros fuimos abusados, y amenazados, y calumniados, y toda clase de males fueron hablados y hechos en contra de nosotros; y grandes injusticias, crueldad y opresión fueron infligidas en contra de nosotros, donde quiera que fuimos, y todo por manos de los sacerdotes, quienes no dudaron en promulgar y concebir malicias en contra nosotros, y buscaron diariamente a los magistrados para perseguir, para que predicaran en sus púlpitos, y para que oraran en contra de nosotros, y para apartar días para buscar a Dios en contra de nosotros, llorando sin cesar, en público y en pecado, herejía, error y blasfemia, y que nosotros éramos engañadores, brujos, y seductores, y cosas por el estilo, las peores cosas que podían decir e imaginar, para despertar los corazones de la gente en contra de nosotros, corriendo a menudo de las sesiones de tribunal, y cortes, para quejarse, e informar de los juramentos falsos en contra de nosotros; y por causa de ellos todo el país estaba en ira y locura, los gobernadores y la gente a menudo encarcelando, y abusando, y resistiéndonos con violencia, desterrándonos de los pueblos, y sacándonos de nuestras posadas, y a menudo amenazando con quemar las casas sobre nuestras cabezas; el grupo entero de gente ruda en un pueblo, a menudo juntando y atacando una casa o una posada donde habíamos entrado para alojar en nuestros viajes. A menudo estuvimos expuestos a viajes y recorridos duros y difíciles, dándonos a nosotros mismos por la cruz, para tomarla en contra de todo lo que era terrenal; a menudo bebiendo agua y poniendo paja en los graneros, después de un día duro de viaje; y aún así por todas estas cosas, el poder y la presencia del Señor estaban con nosotros, y fuimos llevados con mucha audacia y fidelidad en valor, y sin temor ni dudas, a través del peligro frecuente de nuestras vidas en muchas maneras, en alborotos, por hombres malignos, en mercados, y en iglesias, y también en viajes por ladrones, y en cada manera fuimos expuestos a peligros y riesgos, pero a través de todo y sobre todo fuimos llevados, y preservados hasta este día.

Y de esta manera sucedió con respecto a nosotros; y mucho más se puede decir, pero esto podemos declarar brevemente, cómo fuimos buscados y tratados por los sacerdotes, gobernantes, y la gente, a través de todos los condados del norte de Inglaterra, en nuestra primera salida; y por éstos condados viajamos primero para salir de Westmoreland, a través de Cumberland, Northumberland, y hacia partes de Escocia, Durham, Yorkshire, Lancashire, Cheshire, etc. En todos estos condados tuvimos mucha oposición, y grandes sufrimientos, y tratamientos crueles de hombres de todas clases. Cada cárcel puede testificar, en cada condado, cómo cualquiera de ellos raramente estaba sin alguno de nosotros, o nuestros amigos, encarcelados en ellos éstos seis años; y hay muy pocas iglesias o mercados en todos estos condados, pero ellos pueden testificar de las palizas, los golpes hirientes, los impactos al cuerpo, las arrastradas ante las cortes, los abusos, y peligros que sufrimos y sostuvimos. Ni uno de los sacerdotes en todos esos condados puede quedar limpio de odio y malicia, y de envidiarnos, y hacer perversidades en palabras y obras, o pensamientos, o deseos en contra de nosotros; ni tampoco algún juez, ni algún agente del orden, puede ser excusado en todos esos condados de planear o de obrar injusticias en contra de nosotros, ni de amenazarnos o promover crueldad en contra de nosotros. Llamo al cielo y a la tierra para que registren, y la luz en la conciencia de cada hombre, y apelo a aquello en toda clase de personas, que por mano de todas clases nosotros sufrimos mal, y palabras y acciones injustas de parte de ellos. Que el testimonio de Dios en la conciencia de todos los hombres en todo el norte de Inglaterra de un testimonio de qué tratos y qué crueldad sufrimos, y cómo hemos sido tratados, y también de nuestra paciencia e inocencia bajo todo lo que ellos nos han hecho a nosotros.

Pero no obstante todo lo que se hizo y se habló en contra de nosotros, muchos cientos de personas honestas y sobrias nos tenían, y también muchas personas rudas e impías fueron convertidas a la verdad; y digo que muchos cientos de personas en todos estos condados, en un período de dos años, fueron llevados al conocimiento del Señor y a tenernos. Y todo este tiempo trabajamos, y viajamos con paciencia, dándonos a nosotros mismos para vivir o morir, y para toda clase de sufrimientos y reproches, y pruebas difíciles, para que podamos cumplir fielmente aquello para lo que fuimos llamados. Sufrimientos exteriores, de enemigos abiertos y de nuestra propia familia y parientes, y sufrimientos interiores, por causa de la semilla -- todas estas cosas nos familiarizaron con los dolores; aún así en nuestras pruebas y aflicciones, el Señor nunca nos abandonó, pero su sabiduría, amor y paz, y su presencia aumentó en nosotros y con nosotros.

Otra vez del Diario de Fox:

A la mañana siguiente, fui [a la isla de Walney] en un bote a casa de Jaime Lancaster y así que desembarqué, surgieron cerca de cuarenta hombres, armados con tablillas de barril, bastones y cañas de pescar, que cayendo sobre mí me pegaron y me dieron de puñetazos, intentando tirarme al mar. Cuando ya me habían arrastrado casi a la orilla del mar y vi que iban a tirarme, me levanté, mas volviendo a echarse sobre mí, me tiraron por el suelo perdiendo yo el sentido. Cuando volví en mí, abrí los ojos y vi a la mujer de Jaime Lancaster tirándome piedras a la cara, y a su marido, Jaime Lancaster, echado sobre mí para protegerme de los golpes y las piedras. Y esto aconteció, porque las gentes habían persuadido a la mujer de Jaime Lancaster, de que había embrujado a su marido, y le habían prometido que si ella les hacía saber mi llegada, me matarían. Y sabiendo que yo llegaba, muchos de los habitantes de la ciudad se levantaron con tablillas y palos, para matarme, pero el poder del Señor me preservó de modo que no pudieron quitarme la vida. Finalmente, me puse en pie, mas volvieron a pegarme haciéndome caer dentro del bote, lo cual visto por Jaime Lancaster, vino hacia nosotros y me hizo entrar en el agua para huir de ellos, mas cuando estábamos en el agua, a su alcance, nos golpearon con sus cañas y nos tiraron piedras. Cuando llegamos al otro lado, vimos que estaban pegando a Jaime Nayler, pues mientras me pegaban había echado a andar por un campo y no se fijaron en él hasta que yo me hube marchado; entonces cayeron sobre él al grito de, "Mátenlo, mátenlo."

Cuando llegué otra vez a la ciudad, al otro lado del agua, surgieron unos hombres con horcas, mimbres y tablillas de barril, para echarme de la ciudad, gritando, "Mátenlo, dénle en la cabeza, traigan el carro y llévenlo al patio de la iglesia." Y cuando así me hubieron ultrajado, me llevaron a un trecho fuera de la ciudad y allí me dejaron. Entonces Jaime Lancaster, se volvió en busca de Jaime Nayler y, estando yo solo, me fui a una acequia y después de haberme lavado (pues mi cara, mis manos, y mis ropas estaban cubiertas de mugre cenagosa) anduve cerca de tres millas, hasta la casa de Tomás Hutton, donde se hospedaba Tomás Lawson, el sacerdote que se había convertido. Cuando entré, apenas podía hablar, de tan magullado como estaba, y solo les dije en donde había dejado a Jaime Nayler y tomando cada uno su caballo fueron y lo trajeron aquella misma noche. Al día siguiente, Margarita Fell, enterada de lo ocurrido, mandó un caballo para mí, pero estaba tan dolorido de las magulladuras, que no pude soportar el traqueteo del caballo, sin gran dolor. Cuando hube llegado a Swarthmoor, el Juez Sawrey y otro juez, llamado Thompson, de Lancaster, dictaron una orden contra mí, mas habiendo ya regresado el juez Fell, no se cumplió la orden en contra mía; ya que el juez Fell había estado ausente del país todo este tiempo en que yo había sido víctima de tan malos tratos. Así que volvió, mandó decretos de prisión a la isla de Walney, para prender a todas aquellas personas, causantes del tumulto, por lo que muchos se escaparon del país. La mujer de Jaime Lancaster, se convenció más tarde a la verdad, y se arrepintió del mal que me había hecho; y así también hicieron muchos de los que tan cruelmente me persiguieron; mas el juicio de Dios cayó sobre algunos de ellos. Sawrey, que tanto me había perseguido, acabó por ahogarse, y la venganza de Dios alcanzó al juez Thompson, dándole un ataque de parálisis, estando en su sitial, y, luego que lo sacaron de allí, murió. El juez Fell me pidió que le hiciese una relación detallada de la persecución de que fui víctima; mas yo le dije que aquella gente no podía comportarse de otra manera, debido al espíritu en que estaba, no haciendo más que poner de manifiesto los frutos del ministerio de sus sacerdotes, y lo equivocado de su profesión y religión; por lo que dijo a su mujer, que yo hablaba ligeramente de la cuestión, como si no me preocupase, porque, en verdad, el poder del Señor me había curado otra vez.

De la admirable obra de William Penn llamada Un discurso a los protestantes

Penn entonces describe las persecuciones. "Miles han sido excomulgados y encarcelados, familias completas han sido deshechas, no fue dejada una cama en la casa ni una vaca fue dejada en el campo, ni algo de maíz en el granero; viudas y huérfanos fueron desnudados sin misericordia, ni se tuvo consideración de la edad o del sexo. ¿Y para qué? Sólo por causa de sus reuniones en las que adoraban a Dios de una manera diferente a la de la iglesia de Inglaterra; pero de una manera muy pacífica." . . . . "Y aunque nosotros todavía estamos desvestidos, ni una sesión del parlamento ha pasado estos diecisiete años en los cuales no hemos humildemente protestado."

De UNA COLECCION DE LOS SUFRIMIENTOS del PUEBLO LLAMADO LOS CUAQUEROS, José Besse, página 565

El siguiente fragmento describe cómo los estudiantes del ministerio en Oxford trataron a los cuáqueros que se reunían allí:

Estos son pasajes sacados de un relato publicado al cual se suscribieron Jeremías Hayward, Abraham Allen, Tomás Ryland, Enrique Train, Laurence Willier, Tomás Swan, Alejandro Green, y Abraham Badger, testigos oculares, y partícipes de los brutales tratos que encontraron regularmente los cuáqueros en sus reuniones en Oxford, de parte de los estudiantes en ese lugar.

Ellos vinieron a una reunión, y sacaron a uno de los amigos por el pelo de su cabeza; el supervisor mismo sacó a Juan Shackerly por el pelo, lo sacó de la casa de Ricardo Betteris, y violentamente empujó a otros hacia afuera; y varias veces los estudiantes han tirado piedras y tierra a los Amigos, y rompieron la puerta en pedazos, y rompieron las ventanas varias veces, y quitaron la llave de la puerta, y taparon el ojo de la cerradura, y quitaron parte de la terraza.—Y cuando los Amigos venían a la reunión, o se iban de ella, los estudiantes los apretaban al pasar por la puerta, para que algunos de ellos fueran heridos: Y vinieron a la reunión, y quitaron las formas y los asientos donde se sentaban los Amigos, y se montaron sobre las espaldas de tanto hombres como mujeres, como caballos salvajes: Y estos son los frutos de los estudiantes, quienes son llamados ministros jóvenes en Oxford, en contra del pueblo de Dios, perturbando diariamente sus reuniones, como hombres salvajes; y trajeron pólvora y petardos, y los dispararon, y llenaron el cuarto de humo, y los reventaron entre la gente bajo sus ropas, como para incendiar la casa, y para destruir a la gente; y han disparado balas entre los Amigos para sacarles los ojos—pateando salvaje y groseramente como hombres de taberna, gritando que les den cerveza y tabaco.—Y los estudiantes han vendido a estas reuniones entre el pueblo de Dios, y han pedido jovencitas o prostitutas, como los tipos que andan en los burdeles.—Y han traído cerveza fuerte a las reuniones, y se las han tomado por los Amigos, y debido a que aquellos se rehusaban a tomar, se las han tirado sobre sus cuellos, y sus ropas, y sus bandas.—Y han cantado canciones subidas de tono, y han jurado y maldecido.—Y varias veces vinieron a las reuniones, fumando con pipas de tabaco en sus bocas, maldiciendo, y pateando y haciendo que la casa se sacudiera otra vez.—Y sugirieron poner sus manos bajo los delantales de las mujeres, y preguntaron si el Espíritu no estaba allí.—Y los estudiantes han venido a la reunión para hacer una representación de Tobit y su perro, y uno de ellos dividió sus cosas sucias para usos y puntos, así como lo hacen los sacerdotes, y otro levantó doctrinas de un vagabundo y un navegante, y muchas otras acciones impías por medio de burlas, y mofas, y lenguaje obsceno.—Y estos estudiantes han sido tan sinvergüenzas, que después de las reuniones se han metido a la fuerza, y han quitado la comida de sus mesas, y se han metido a las casas de los Amigos donde se llevaba a cabo la reunión, y tomaron el pan, y el guiso de la olla, lamiéndolos como perros avaros, y han robado y han quitado los libros de la casa, y se los han llevado.—Uno de los siervos del Señor que iba de la reunión a su casa, y pasando por el Colegio de Juan, un gran grupo de estudiantes lo llevaron hacia el colegio, lo forzaron a entrar en su residencia, y por la fuerza y con mucha violencia, lo empujaron sobre una silla, y entonces usaron palabras abominables e impías, para quitar la mente del Amigo del temor del Señor; pero cuando no pudieron prevalecer, aunque trajeron cerveza, y como bestias babeantes y cerdos, amenazaron con echársela en el cuello, y le pegaron y lo golpearon con muchos golpes graves, y lo pellizcaron, tanto que él estaba sorprendido, y su sentido natural fue quitado temporalmente por su crueldad; y este hombre, para ese entonces, no había comido ni un pedazo de pan por alrededor de diez días, y estaba muy débil; y ellos le enterraron alfileres en su piel, y lo pellizcaron, y lo dejaron allí con muchas burlas, preguntándole si el espíritu no lo inspiraba ahora.—

Estoy cansado de escribir acerca de sus abominaciones, y terminaré con este comentario, que no importa lo severo que pueda parecer, es natural y justo. Aunque esos estudiante hubieran profesado ser educados allí por los ministros del diablo, no podrían haber dado muestra más certera de su destreza.

En caso de que ustedes piensen que éste era un incidente aislado, a continuación viene una carta que describe hechos similares en Cambridge, de las cartas de Esteban Crisp.

Poco después de la restauración del Rey Carlos Segundo, una carta le fue presentada a él, firmada por veintinueve víctimas de una reunión en Cambridge en el día segundo del quinto mes del año 1660, quien, dando una justa idea de la continuación de la persecución en ese lugar, y de la sencillez y simplicidad que usaban los cristianos para dirigirse a las personas de la más alta autoridad, como sigue:

Al rey Carlos Segundo

No somos un pueblo dado a quejarse sin una causa justa, ni atrasados o sin disposición para soportar la buena voluntad del Señor, al llenar la medida de las aflicciones de Cristo en nuestros cuerpos, mientras otros están llenando la medida de sus pecados. Pero las cosas que nos han sucedido recientemente en Cambridge, siendo completamente contrarias a la Declaración de Libertad y Protección de ustedes, para aquellos que se someten a su gobierno y viven en paz, y en gran medida para la deshonra del compromiso real que ustedes han hecho con nosotros, siendo la autoridad de ustedes fingida con los delitos menores más viles y las peores insolencias, con las cuales ustedes pueden ser abusados así como nosotros, como cuando se declara una cosa y después se tiene la intención de hacer otra, y mucha maldad puede proceder si tales cosas son permitidas. Por lo tanto nosotros no lo ocultaremos del Rey, para que se pueda encontrar un remedio en contra de tales ofensores presuntuosos, o por lo menos que tales cosas puedan ser prevenidas en el tiempo futuro, para que los juicios de Dios puedan, si es posible, ser desviados, los cuales están listos para caer sobre esta nación, si no hay un arrepentimiento rápido y una reforma, por el mal hecho a sus hijos y siervos, y ustedes puedan ser preservados en el día impío de la ira del Cordero, quien está haciendo guerra con las naciones, y pasando su terrible sentencia y muerte a la ramera, el falso profeta, y el trono de la bestia.

Que sea sabido por usted, Oh Rey, que en el día segundo del quinto mes, estando nosotros reunidos en una reunión general, en el lugar habitual, estando en nuestra propia casa alquilada, un tumulto de estudiantes, mujeres lujuriosas, hombres de la ciudad, y niños, reunidos también alrededor del lugar de reunión como los hombres de Sodoma; no estando contentos con las primeras ofensas, insolencias, y humillaciones, realizadas y expresadas hacia los seguidores del Cordero alrededor de un mes atrás, quienes no están ni avergonzados ni atemorizados de hacer las mismas cosas otra vez, aunque las cabezas y los gobernadores de tanto la ciudad como la universidad fueron familiarizados con el disturbio anterior, sino más bien están animados, ya que su merecido castigo se ha demorado. Algunos de ellos se prepararon con exceso de bebida, para que se pudieran olvidar de toda humanidad, y no mostraran ninguna misericordia, no permitieron que nadie pasara por allí sin algún abuso, deteniéndonos y empujándonos de allá para acá, derribando algunos, o tirando tierra o suciedad sobre sus ropas, o sobre sus rostros; y también golpeando a algunos otra vez, y no permitiéndoles que vayan a la reunión, mezclando mucha burla, injurios, y amenazas, con el resto de sus maltratos; y sin parar allí, cayeron sobre nosotros durante nuestras reuniones apacibles, cuando nosotros esperábamos al Señor en temor, golpeando a los que pudieran alcanzar, tirándoles cosas a otros, y haciendo un terrible ruido, con burlas, risas, recriminaciones, gritos, golpes, tamboreando con tablas, y a veces tirando fuego (brea encendida) y pólvora hacia la reunión, para ahogar el sonido de lo que se nos estaba diciendo en el nombre del Señor, y continuamente ejerciéndose en un acto de maldad u otro, para hacer disturbios, o cansándonos para que nos fuéramos de ese lugar; y cuando ellos vieron que no podían hacerlo por todos esos medios, rompieron y derribaron las puertas y las paredes que dan a la calle con martillos y otras herramientas, y aunque nosotros les recordamos de la declaración del rey, en la cual él prometía libertad para las conciencias sensibles, en su primera llegada a Inglaterra, y les mostramos lo ilegítimas que eran sus acciones, sus asaltos, arremetiéndose sobre nosotros, y golpeándonos en nuestra propia casa de alquiler; ellos nos llamaron rebeldes, y pretendían actuar bajo la orden del rey, y corrieron violentamente hacia nosotros, y nos usaron como si nuestras vidas estuvieran a la merced de ellos, arrastrándonos, y empujándonos hacia afuera, y golpeando tanto a mujeres como a hombres (aunque nosotros no levantamos ni una mano en contra de ellos) sin ninguna piedad ni respeto por la edad o ninguna otra condición, con palos, grandes astillas, y pedazos de puertas o vigas. Y aunque aquellos que entraron en la casa nos golpearon con tanta crueldad, aún así no dejaron que sus guardias nos dejaran pasar, hasta que ellos también hubieran satisfecho sus mentes sanguinarias al golpearnos otra vez, de modo que muchos de nosotros fuimos heridos y magullados gravemente. Veintidós personas entre nosotros derramaron sangre; uno fue dejado tan cojo que fue dejado atrás sin poder caminar hacia afuera, y una mujer casi fue asesinada con el trato tan cruel que recibió; y además de esto, algunos de nosotros perdimos nuestros sombreros, y a muchos de nosotros nos rompieron nuestras ropas y las salpicaron y las embedunaron. Y sin embargo nuestros perseguidores no estuvieron satisfechos con todo esto. Cuando ellos nos habían sacado de la casa, y nos habían sacado de las calles, regresaron y destruyeron el resto de las paredes y huecos en cada lado de la casa de reunión, a un lado de las dos entradas, y echaron todo esto hacia la calle, y después nos buscaron y nos persiguieron por toda la casa de reunión, y a aquellos que alcanzaron los abusaron grandemente, y los asaltaron en la casa del concejal donde algunos de nosotros nos alojábamos. Ellos golpearon al dueño de casa en sus propia puerta, y no se fueron mientras estuviera de día.

Nosotros, cuyos nombres están incluidos aquí, sufrimos estas cosas, y somos testigos de que las cosas que han sido escritas aquí son verdaderas.

Juan Moone, William Pepper, Juan Ainsloe, Juan Parker, Juan Webb, Daniel Ward, Jorge Clark, Juan Forster, Enrique Marshall, Juan Adams, Jeremías Herne, Esteban Crisp, Gregorio Tingy, Daniel Wallis, Benjamín Lunt, William Turner, Giles Fisher, William Witham, Felipe Williamson, Jeremías Wood, Josías Cole, Juan Ostler, William Warbies, Esteban Hart, Tomás Harris, Tomás Payne, Jaime Allen, Juan Pollard, Tomás Rouse.

La razón de estos disturbios de estudiantes no es difícil de entender. Primero: aquellos que han nacido de la carne siempre perseguirán a aquellos que han nacido del Espíritu—ha sido así desde que Caín mató a Abel. Segundo: los cuáqueros negaron a todos los ministros que han sido entrenados en las universidades, en vez de ser entrenados por Cristo. Tercero: y el más importante, los cuáqueros estaban vaciando iglesias por toda Inglaterra de miembros que pagaban, lo cual amenazó seriamente las oportunidades de estos estudiantes bíblicos para encontrar una parroquia de ingresos lucrativos que venían de los diezmos que los miembros eran forzados a pagar, con el apoyo de las cortes. (Siga la pista del dinero).

De la Historia de Sewel, Vol I:

Los primeros cuáqueros que vinieron a Oxford fueron dos mujeres, Elizabeth Heavens y Elizabeth Fletcher, ambas de la región del norte. Esto fue en Junio de 1654. Estas dos mujeres hablaron en las calles a la gente, y en el colegio exhortaron a los estudiantes del ministerio, quienes impíamente recompensaron su celo al empujar violentamente a Elizabeth Fletcher en contra de una lápida, y después la arrojaron dentro de la tumba; y la malicia de ellos creció hasta tal punto, que ellos amarraron a estas dos mujeres juntas, y después las pusieron bajo la bomba de agua. Después que estaban completamente empapadas de agua, las arrojaron a un hoyo cenagoso, por el cual arrastraron a Elizabeth Fletcher, quien era una mujer joven, y la abusaron tan cruelmente, que ella estuvo en una condición dolorosa hasta su muerte, la cual sucedió no mucho tiempo después.

Así los estudiantes ministeriales demostraron que ellos no eran merecedores de ser llamados cristianos, mucho menos de posar como ministros cristianos. De hecho su entrenamiento universitario sólo los calificaba para ser ministros de Satanás en Babilonia, haciéndose pasar por ministros que pertenecen a Cristo, pero que sólo son sepulcros blanqueados llenos de huesos de hombres muertos, siguiendo fielmente en los pasos de sus padres, los fariseos que asesinaron a Cristo. Los colegios bíblicos sólo crean hipócritas: aquellos que hablan de religión, mientras caminan en pecado, hinchados con su conocimiento carnal de las palabras de la Biblia, y sin ninguna vergüenza por no hacer caso de las palabras, de las cuales ellos dicen ser expertos.

Golpear hombres y mujeres desarmados, quienes en principio no pueden defenderse, es un acto de cobardía diabólica.

Del Diario de Jorge Fox:

En otra ocasión, mientras caminaba por un campo en el primer día en la mañana, el Señor me dio a entender que 'ser educado en Oxford o Cambridge no era suficiente para hacer a los hombres aptos y calificados para ser ministros de Cristo'; y esto estimuló mi pensamiento porque ese era el común pensar de la gente. Pero yo lo vi claramente a medida que Dios me lo mostró, y fui convencido de la verdad. Admiré la bondad de Dios, quien abrió estas verdades para mí esa mañana. De modo que lo que se abrió en mí fue lo que vi golpeando al ministerio del sacerdote.

De Un progreso cristiano de Jorge Whitehead,
describiendo los horrores de sus muchos encarcelamientos

Ahora nosotros nos establecimos en la sala común entre los criminales, en un lugar bajo, como un calabozo, bajo un mercado, estando nuestro alojamiento sobre paja de cebada, sobre un piso de tierra mojado, aunque estábamos contentos con eso, y el lugar era santo para nosotros. Pero al no estar dispuestos a contribuir a la extorsión del carcelero, ni libres para comprar su cerveza, ya que él tenía una taberna, y los que cuidaban a los prisioneros estaban a menudo borrachos, su ira se despertó grandemente en contra de nosotros, después que nosotros éramos tanto como cinco, enviados a la cárcel de manera sucesiva, y todos en la sala común, y durante el tiempo de nuestro encierro tomamos agua solamente. La razón por la cual él parecía más enojado, era porque nosotros testificamos en contra de los pecados asquerosos y horribles de la borrachera, de jurar, y otros desórdenes y abusos en contra de los prisioneros, y que los siervos del carcelero ocasionaron al permitir el exceso de bebida para sus ganancias impías por la venta de la bebida para ellos.

Pero el Señor nos ha sacudido más celosamente para clamar en voz alta en contra de la impiedad del carcelero, sus siervos y prisioneros por estos horribles males y desórdenes; porque el carcelero hacía una profesión de la religión y la piedad, siendo miembro de la iglesia presbiteriana en Bury, llamando a los prisioneros en los primeros días de la semana durante la tarde, para instruirles y ejercitar su devoción entre ellos. Porque yo le dije acera de su hipocresía en este asunto, que sus frutos eran tan contrarios, y su hija estando ofendida, me dijo: "¡Qué! ¿llamas a mi padre hipócrita, quien ha sido un santo por cuarenta años?" Ahora para poner en evidencia algunos de sus frutos, y del trato que recibimos de él y sus agentes, observe lo siguiente:

En el día 21 del décimo mes, del año 1655, el carcelero golpeó a Jorge Rose en la cara hasta que le sacó sangre; y en el día 28, él golpeó a Jorge Fox* y a Juan Harwood en sus rostros en frente de varios testigos. En el día 21 del undécimo mes, él golpeó a Jorge Whitehead en su cara hasta que la sangre salió de su boca, sólo por reprender y detectar algunas falsedades que él había dicho en contra de nosotros, lo cual oyeron algunos de los presentes; en esos momentos una mujer de su propia sociedad o profesión, viendo su furia y su violencia, le dijo que él había deshonrado el evangelio. Ella parecía ser más sensible y concienzuda que él.

*Éste no era Jorge Fox, el fundador de los cuáqueros, sino en cambio un hombre más joven del mismo nombre, llamado Jorge Fox, el menor.

Muchas otras veces él nos abusó vergonzosamente tanto en palabra como en acción, por lo cual sus siervos, su camarero y carcelero, y algunos de sus prisioneros borrachos se animaron grandemente a seguir su ejemplo; porque su camarero a menudo nos abusó extremadamente, y no sólo nos amenazó, sino que nos tiró una piedra violentamente, con la cual él golpeó a uno, y en su cólera tomó un taburete con el que nos iba a golpear o lo iba a tirar hacia alguno de nosotros, pero fue impedido por uno presente que lo agarró. Él con frecuencia nos calumnió y golpeó a alguno de nosotros en la cara, y también violentamente nos abofeteó con sus puños, por ninguna otra causa que haberlo reprendido por su maldad y la de ellos.

Algunos de los prisioneros también nos han abusado con frecuencia, al quitarnos nuestra comida, alegando que el carcelero les dio permiso para hacerlo, y de esa manera tomando ocasión de herirnos, golpeando varias veces algunos de nosotros, apedreándonos, usándonos maliciosamente, amenazando con matarnos, y para golpear algunos de nosotros en la cabeza.

Uno dijo que si él nos mataba, no sería ahorcado por eso, y que no había ley para nosotros si él nos mataba; y estando ebrios con la fuerte cerveza del carcelero, él pateó e hirió algunos de nosotros en las piernas, y nos abusó grandemente, sabiendo que era en contra de nuestro principio y práctica pelear o pegarle otra vez; lo cual le hubiéramos hecho fácilmente a él y al resto de los borrachos del carcelero que nos abusaron, si nuestro principio lo hubiera permitido, siendo que nosotros éramos cinco, la mayoría hombres jóvenes capaces y fuertes. Pero nosotros estimábamos que era más cristiano y de mayor valor, sufrir pacientemente esas heridas por Cristo, que pelear por él, o vengarnos por nosotros mismos; y en cambio, cuando somos golpeados en una mejilla, damos la otra en vez de pegar otra vez. Él prisionero borracho mencionado, que nos había abusado de tal manera, cuando estuvo un poco más sobrio, confesó que el carcelero lo hizo peor de lo que él hubiera sido en contra de nosotros. Pero por tal uso inhumano, el carcelero no podía forzar nuestra obediencia con sus designios codiciosos, o prácticas corruptas para obtener ganancias.

En el día 19 del segundo mes, del año 1656, él vino a la sala común, y preguntó si nosotros le pagaríamos por tenernos aquí. Nosotros le preguntamos qué era lo que le debíamos. Él dijo: "Catorce peniques a la semana, cada uno de ustedes;" aunque algunos de nosotros habíamos estado treinta y una semanas en esa cárcel común, y ninguno de nosotros nos habíamos acostado en camas que él nos haya dado; pero cuando trajeron paja para que nos acostáramos en ella, lo cual fue permitido por el condado para el uso de los prisioneros en ese lugar, pagamos para que la trajeran, o no la hubiéramos obtenido. Le dijimos al carcelero que cuando nosotros demandábamos una cárcel gratis, él nos trajo a este lugar; por lo cual él mandó al carcelero que nos quitara las ropas de cama, diciendo: “Quíteles sus ropas, y déjelos con nada más que paja para acostarse sobre ella, y quíteles sus cajas." De modo que el carcelero y camarero las quitó todas, y nos dejó apenas la capa de noche, la cual colgamos en una canasta cerca del la pared.

Y más encima el carcelero amenazó con quitarnos los abrigos de nuestras espaldas; nosotros le dijimos que él podía hacerlo si quería, porque él podía llevárselos así como los otros bienes nuestros, es decir, nuestras ropas de cama, abrigo y capa, y nuestras cajas, lo cual era nuestra comida, por ejemplo, pan y queso, lino y otras cosas. "Entonces," dijo él, “no les quitaré sus abrigos hasta que el clima sea más caluroso." Nosotros le dijimos que él avergonzaba su profesión. Él dijo: "Eso no es un problema, ustedes son todos herejes." Después que fueron quitados los bienes mencionados anteriormente, la hija del carcelero dijo: “Ellos deberían haberles robado todo a ustedes." Esos bienes fueron confiscados por alrededor de veinticuatro semanas, en las cuales fuimos forzados a acostarnos sobre parte de nuestra ropa de diario, sobre la paja; sin embargo el Señor nos dio paciencia y consuelo en nuestros sufrimientos, como lo hizo con sus siervos en el tiempo antiguo, quienes sufrieron gozosamente la pérdida de sus bienes; habiendo sido hechos no sólo dispuestos a sufrir tales pérdidas, sino a dar nuestras vidas por causa de Cristo; gloria sea a su nombre para siempre, quien nos animó y nos consoló así en nuestras tribulaciones.

En el día 28, María Petche, una Amiga honesta y pobre, que fue empleada para traernos nuestras necesidades, que venía a la cárcel con algo de ropa para nosotros, a saber: dos camisas, dos sombreros, dos bandas y cuatro pañuelos. Ya nos habían robado el resto antes. El carcelero le quitó todo a ella y no le dejaba que compartiera nada con nosotros. El mismo día el carcelero le quitó el abrigo a Jorge Rose, el cual él usó frecuentemente; en otras ocasiones, no permitiendo que nuestras provisiones fueran entregadas hasta que él hubiera detenido a la mujer que las trajo y revisado su canasta, para ver lo que ella nos había traído.

Sin aceptar el alojamiento del carcelero, por 2 chelines 4 peniques a la semana por cada uno de nosotros, ni tampoco queriendo pagarle 1 chelín 2 peniques cada uno que él demandaba, por el tiempo que habíamos estado en la cárcel gratuita, la sala común, el propuso ofrecernos algunos privilegios si nos sometíamos a sus términos; lo cual, cuando nosotros nos rehusamos, su ira todavía continuó en contra de nosotros, tanto que en el 3er día del tercer mes, él mandó a su camarero a quitarle el sombrero a Jorge Fox, el cual el camarero tomó para su propia cabeza; pero el mismo día la esposa del carcelero, siendo más compasiva que su esposo, le trajo su sombrero otra vez, y dijo que ella no sabía que su esposo había mandado al camarero a quitárselo.

Habiendo mostrado tales ejemplos de malicia y abuso hacia nosotros, algunos de los prisioneros cuando estaban casi borrachos, todavía estaban deseosos de repetir su violencia en contra de nosotros, especialmente uno que era a menudo el más infame y abusivo, pegándonos y pateándonos, y golpeando a algunos de nosotros en el rostro, sin ser reprendidos por el carcelero o el camarero, cuando ellos han estado presente y han conocido el abuso en contra de nosotros; pero en vez de eso, el camarero también golpeó a uno de nosotros en el rostro, aunque cuando ellos estaban sin bebida, y no enfurecidos por el carcelero, generalmente los teníamos controlados y quietos.

Pero en el día 19 del tercer mes, dos de los prisioneros golpearon tan violentamente a Jorge Fox hijo en el rostro, que le salió sangre de la boca y la nariz. En el día 21 siguiente, uno de ellos escupió vergonzosamente sobre el rostro de Jorge Rose y Jorge Fox, tirándolos de la nariz, como lo habían hecho con nosotros varias veces; y en el día 22 del mismo mes, Jorge Fox estaba de pie en la puerta interior, y uno de los prisioneros le tiró una olla llena de carbones y cenizas sobre su rostro. Así, día a día por un tiempo fuimos abusados, golpeados, abofeteados, pateados, rechazados, usados de manera maliciosa, por ninguna otra causa que haber testificado en contra de las frecuentes borracheras, juramentos, impiedad y mala administración en esa cárcel; y testificando en contra de la tiranía, crueldad, y mal ejemplo del carcelero, su guardia y camarero. Es muy tedioso enumerar todos los abusos y actos de violencia y crueldad en contra de nosotros. Ellos estaban conscientes y sabían que podían ser expuestos. Por temor a ser expuestos, el carcelero amenazó con quitarnos nuestros materiales para escribir, y nos quitaron algunos, con varios papeles, diciéndonos que no deberíamos escribir ya más, a menudo vigilándonos para estorbarnos si escribíamos.

Habiéndonos a menudo amenazado varias veces con encerrarnos en la sala de las mujeres (un cuarto descuidado y sucio), por causa de nuestro constante testimonio en contra de sus grandes desórdenes, y también en contra de permitirle al carcelero que dejara a los prisioneros tomar tanto licor fuerte que tomaban en exceso, y el abuso de sí mismos y de otros; el carcelero, en vez de reformarse, procedió en su comportamiento injustificado permitiendo tales excesos, y castigándonos por nuestro testimonio recto.

En el día 26 del tercer mes, él hizo que Jorge Rose fuera puesto en la sala de las mujeres; después de lo cual Jorge Whitehead le dijo al carcelero que tomara nota, que era por haber declarado en contra de la borrachera y el juramento, lo cual él mismo conspiró, él mismo causó que fuera puesto allí. Por lo cual las palabras del carcelero causaron que él también pronto fuera encerrado en la misma sala; y de la misma manera Jorge Fox hijo y Henry Marshall, siendo uno con nuestro testimonio; de modo que nosotros cuatro fuimos encerrados y recluidos por alrededor de dos horas; y cuando sólo pedíamos una banqueta para sentarnos, ellos no permitían que la tuviéramos.

Y después que nos habían dejado ir a todos, ellos pusieron a Jorge Rose en la misma sala otra vez, y allí lo encerraron por alrededor de cuatro horas, y le tiraron piedras en la ventana, algunos de ellos lo golpearon; el carcelero también tomó licor fuerte en su boca y lo escupió de su boca cuando miraba por la ventana. Pero nuestro castigo de parte del carcelero no terminó allí. Mientras Jorge Rose estaba encerrado en la sala de las mujeres, el carcelero vino a Jorge Whitehead y Jorge Fox, y dijo, “Si ustedes persuaden a Jorge Rose a estar callado, él puede salir.” Jorge Whitehead le dijo que él no lo persuadiría de clamar en contra de la impiedad. Y en este punto en su ira él amenazó ponernos a los tres en el calabozo, y causó que Jorge Rose fuera sacado de la sala de las mujeres, y amenazó con meternos en el calabozo con una canasta atada a una cuerda; pero él y el carcelero nos metieron (Jorge Whitehead, Jorge Fox hijo, y Jorge Rose) en el calabozo bajando por una escalera, donde muy pocas veces ponen a alguien, excepto a los muy conflictivos y asesinos; porque está alrededor de cuatro metros bajo tierra, y es oscuro, y un poco curvado en la parte de abajo. En medio de él había una puerta de hierro, con barras de más de un pie de distancia las unas de las otras, y bajo de ésta un hoyo o poso, el cual no sabíamos que tan profundo era. Pero fuimos advertidos por una mujer que nos vio humillados y se apiadó de nosotros. De modo que nos quedamos cerca de las paredes del calabozo, para no caernos en el hoyo. Allí estuvimos detenidos por cerca de cuatro horas, cantando alabanzas al Señor nuestro Dios, en el dulce gozo y el sentido viviente de su presencia gloriosa, no estando en lo más mínimo temerosos o consternados por sus crueldades, resignados alegremente en la voluntad del Señor para sufrir por causa de su nombre y la verdad, si ellos nos hubieran dejado para perecer en el calabozo oscuro, lúgubre, y apestoso; aunque el Señor no lo permitió. Además el carcelero podría ser ahorcado si él nos hubiera detenido, y si hubiéramos muerto en el calabozo.

Cuando fuimos sacados del calabozo, el carcelero nos encerró en la sala común, y permitió que un prisionero malicioso viniera y golpeara a Jorge Rose violentamente en la cabeza, sin reprenderlo por ello; pero ésa era una práctica común entre estos perseguidores, especialmente cuando estaban borrachos.

Mientras estábamos en el calabozo, varios de nuestros amigos vinieron de Norwich, Colchester, Halsted en Essex, y otros lugares a visitarnos, pero no se les permitió que vinieran a nosotros, ni podíamos hablar con ellos. En otras ocasiones ellos nos habían tratado similarmente a nosotros y a nuestros amigos, cuando ellos hayan viajado muchas millas a vernos. Cuando nuestros amigos fueron dejados fuera y vinieron a la puerta o la ventana, algunos de los del grupo del carcelero les tiraron agua, pretendiendo que tenían una orden de los jueces para que ninguno de nuestros amigos vinieran a vernos; sin embargo él y su esposa les dijeron que si ellos le pagaban al carcelero, ellos podían venir a vernos. El carcelero les dijo que si ellos les daban 6 peniques o 4 peniques por persona, él los dejaría ir a vernos; pero ellos rehusaron gratificar su codicia en eso. Nuestros amigos han sido mantenidos alejados de nosotros injustamente muchas veces; sí, cuando algunos Amigos de Norwich habían esperado por mucho tiempo afuera para venir y vernos, tanto ellos como nosotros habíamos estado desilusionados y sin poder vernos los unos a los otros. Por lo tanto nuestros amigos han sido mantenido lejos de nosotros, y nosotros hemos sido abusado diariamente por dentro.

El prisionero que era más abusivo con nosotros, siendo uno de los borrachos del carcelero, le tiró un cuchillo a uno de los nuestros, y cuando falló, amenazó con matar algunos de nosotros, diciendo que él podía ser ahorcado, y que sólo tenía una vida para perder. Él también nos quitó algunas de nuestras cosas. Nosotros reportamos el robo al carcelero, y le dijimos que si había más sangre derramada por este prisionero, estaría sobre su puerta; y que si él no aprobaba lo que él había hecho en contra de nosotros, que nosotros deseábamos que él lo mandara a restaurar nuestras cosas; pero en vez de hacer eso, su respuesta fue: "Que haga lo que él quiera," en la audiencia de este prisionero tan abusivo; con lo cual él fue animado a abusarnos aún más, así como a abusar la mujer Amiga, que nos había traído nuestras necesidades; en quien puso sus violentas manos, empujándola para atrás. El carcelero también esa noche golpeó a dos de nosotros por rehusar sus aspersiones sobre nosotros, y dijo que él no podía tratarnos suficientemente mal.

Este abusivo prisionero, que nos había amenazado con matar algunos de nosotros, animado por el ejemplo del carcelero, el guardia y el camarero, una noche que estaba furiosamente borracho, después que fuimos encerrados y aprisionados cerca en la sala común, decidió matar uno u otro de nosotros esa noche, y con maldiciones él nos amenazó vez tras vez; nada podía satisfacerlo, a menos que él matara uno de nosotros. Pero con fe en el nombre y el poder del Señor, estuvimos sobre él, creyendo que él tenía poder para herir a cualquiera de nosotros, aunque lo intentó, tomando una marca de fuego; pero él vio que su poder estaba limitado, pero él no podía hacer ningún daño, mucho menos matar a ninguno de nosotros.

Él tenía un niño en el misma sala, alrededor de diez años de edad; y cuando el niño estaba arrodillado cerca de la pared, asustado por ver a su padre tan colerizado, el padre presentemente tomó una botella de piedra, y la tiró violentamente a su pobre niño, pero falló, y se rompió en pedazos en contra de la pared, y el pobre niño apenas se escapó vivo. Porque si le hubiera pegado en la cabeza, él probablemente hubiera matado a su hijo. Aún así el borracho y escandaloso hombre continuó en su furia; él estaba decidido a matar a alguien esa noche, ya sea a su pobre niño, o a algún otro; o si no no hubiera estado en paz. Viéndolo a él así de decidido a matar, inmediatamente vino sobre mí con un gran peso, a medida que creí en el Señor, que no podíamos ver un asesinato cometido en nuestra presencia. En esos momentos yo le dije a mis compañeros de sufrimientos que lo agarráramos, y que lo tomáramos de las manos y los pies, hasta que él estuviera quieto; y ellos presentemente lo agarraron, y lo pusieron con cuidado sobre su espalda, y lo sostuvieron de las manos y los pies, pienso yo, por más de una hora, durante la cual él hizo un sonido como de rugido, pero sin ningún propósito; porque todos nosotros estábamos encerrados en un lugar oscuro y sucio, y era difícil que nos oyeran en otra parte de la cárcel; no, estoy persuadido que si alguno de nosotros hubiera gritado que había un asesinato, apenas hubiera venido alguien a rescatar a alguno de nosotros.

Sin embargo evitamos el previsto asesinato, sosteniendo las manos y los pies del borracho, hasta que estuvo quieto y se quedó dormido. Lo hicimos prometer antes de dejarlo ir, vigilándolo estrictamente, para prevenir que hiciera alguna maldad; porque aunque no teníamos cuerdas para amarrarlo, sabíamos que él necesitaba estar amarrado o contenido para que no hiciera algún mal, así como cualquier persona escandalosa y demente.

Whitehead describe el consuelo de Dios para aquellos que son afligidos con sufrimientos:

Whitehead había sido recién liberado del duro encarcelamiento, que fue descrito parcialmente, de quince meses, por dirigirse a un juez en una carta por la inicial de su nombre y su apellido, en vez de su nombre y apellido. Él no tenía cama, ni cobija, ni visitas, ni ninguna necesidad externa fue proveída, le robaron su abrigo, le robaron su comida; él fue golpeado, maldecido continuamente, y amenazado con asesinato - habiendo sido hospedado en una habitación común con asesinos y ladrones. Y a medida que se relacionaba, recibió el consuelo secreto del Señor:

Sin embargo yo todavía estoy verdadera y humildemente agradecido con el Señor nuestro Dios, recordando su gran bondad para nosotros,- cómo él nos apoyó tan maravillosamente y nos consoló a través y por encima de todas nuestras tribulaciones, prisiones estrechas, y malas costumbres, y nos conservó en buena salud del cuerpo. En el cómodo gozo de su glorioso poder y presencia divina, varios de nosotros hemos sido llevados a cantar en voz alta adorando su nombre glorioso; sí, sus alabanzas en lo alto han estado frecuentemente en nuestras bocas, para el gran asombro y sorpresa de los malhechores encerrados en la misma sala que nosotros. Cuando estábamos caminando así, nuestros corazones fueron elevados a la adoración viviente del Señor, a menudo juntos por varias horas, con voces de melodía. ¡Oh! la dulce presencia y poder del Señor nuestro Dios, qué preciosos para para ser disfrutados en las cárceles y los calabozos, y encierros estrechos. Oh, mi alma todavía te bendice, Señor, y para siempre adora tu excelente nombre, porque el verdadero sentido interno y experiencia tú has tenido frecuentemente y por mucho tiempo, y todavía lo haces, por tu poder divino y bondad indescriptible. La gloria y el dominio sean para nuestro Dios, y para el Cordero que se sienta sobre el trono, por siempre y para siempre. Que la alabanza sea para aquel que es nuestra ayuda, nuestra salvación y fortaleza.

Aunque estábamos reducidos en una sala común y ruidosa, y un patio estrecho y apestoso, sin ninguna comodidad, sin embargo el Señor por su poder santificó de tal manera este encierro en mí, que tuve gran paz, comodidad, y dulce consuelo, y a veces fui transportado y envuelto en el espíritu, como en un campo agradable, teniendo un olor fragante, y el aroma dulce de flores y cosas que crecen en el interior, aunque yo no estaba en un éxtasis o trance, mis sentidos fueron afectados de esa manera. El Señor hizo las cosas amargas dulces para mí, y las dificultades fáciles; aunque estábamos conscientes de que nuestros perseguidores y opresores eran tan crueles hacia nosotros, que a ellos no les importaba si todos hubiéramos perecido en esa cárcel. Pero nuestra confianza y seguridad estaba en el nombre del Señor Jehová, en quien está la fortaleza y la seguridad eterna; a quien sea la gloria eterna, el dominio y la alabanza, el mundo sin fin.

Más tarde Whitehead fue arrestado en una reunión secreta en Affington o Suffolk, condenado por ser un vagabundo y errante, y sentenciado a ser azotado con un latigazo público con el látigo. Whitehead relata la ejecución de la sentencia.

El guardia quería que me desvistiera de arriba de la cintura, lo cual no me podían persuadir a que lo hiciera. En cambio yo lo dejé actuar su propia crueldad. El tipo, con un látigo largo y puntiagudo, lo usó tan violentamente, que él cortó e hirió tanto mi espalda como mi pecho con heridas largas, rompiendo la piel y derramando sangre, hasta que algunas de las personas presentes lloraron en alta voz para que parara. Había un gran número presente, ya que fue hecho en un lugar público, como en un mercado, en la calle, y mucho lloraron al ver su crueldad; sin embargo, por el poder del Señor se me permitió alegremente soportarlo todo con paciencia, gran consuelo y regocijo, aún en el momento mismo de la ejecución, por lo cual muchos estuvieron asombrados y golpeados. Cuántas llagas tenía yo, no lo se muy bien, pero recuerdo que estas marcas fueron vistas por mucho tiempo después, tanto en mi espalda como en mi pecho.

Es muy memorable para mí, cuán maravillosamente el Señor, por su poder divino, me apoyó, aún cuando estaban infligiendo su crueldad y castigo sobre mi cuerpo; que incluso entonces mi espíritu fue levantado, y mi boca se abrió para cantar en voz alta alabanza por el Señor, mi Dios, que él me contó como digno de sufrir por su Nombre y por causa de la verdad.

Cuando la mano del ejecutor fue detenida para no golpearme, por el grito o llamado que fue hecho para pararlo, yo le dije a la gente que era la prueba de un ministerio de Cristo, que pacientemente soporta las aflicciones, persecuciones, llagas, encarcelamientos, como testifica el santo apóstol; "nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias;" como está más plenamente en 2 Cor 6:4. Y mientras yo estaba con mis llagas y heridas desnudo ante ellos, entonces le dije a los oficiales afectados, que si tenían algo más que poner sobre mí, que yo estaba listo y dispuesto a sufrir, siendo esto en la causa de Cristo, por causa de la consciencia. Yo puedo no olvidar el maravilloso poder, la ayuda, y comodidad que el Señor me dio en esa condición sufriente, y el desprecio que mis perseguidores diseñaron envidiosamente para poner sobre mí y nuestros amigos por ese tipo de castigo, legalmente destinado en contra de los canallas y los ladrones, sino injustamente infligido sobre mí, que era inocente.

Al leer esto, no debería haber duda de los primeros cuáqueros habiendo estado verdaderamente unidos en Cristo con Dios, quien permitió su persecución, pero que también los consoló y los compensó con un flujo de su amor y fortaleza, como él ayudó, y ayudará a sus hijos mientras sean perseguidos por la envidia de los hijos de la oscuridad.

 

Un registro de la crueldad infligida sobre el pueblo llamado los cuáqueros en Londres por el gobierno de la ciudad

- de La Historia del pueblo llamado los cuáqueros de William Sewel escrito en 1695
(Durante el tiempo de publicación de Sewel, las persecuciones descritas a continuación habían ocurrido solamente treinta años antes, de manera que William Sewel fue capaz de hablar de víctimas reales, testigos oculares, y examinar registros recientes de la corte.)

El estado de persecución en Londres, donde la furia desesperada ahora rugía; aunque no era solamente en esta ciudad principal que los cuáqueros fueron perseguidos más gravemente; porque un poco antes de este tiempo se publicó un registro corto de la persecución por toda Inglaterra, firmado por doce personas, mostrando que más de cuatro mil doscientos de los llamados cuáqueros, tanto hombre como mujeres, estaban en la cárcel en Inglaterra; notando el número de aquellos que fueron encarcelados en cada condado, ya sea por reunirse frecuentemente, o por negarse a jurar, etc. Muchos de éstos habían sido gravemente golpeados, o sus ropas rotas y quitadas de ellos; y algunos fueron puestos en tales calabozos asquerosos que algunos grandes hombres dijeron que ellos no hubieran puesto a sus perros cazadores allí. Algunas prisiones estaban llenas tanto de hombres como de mujeres, de modo que no había suficiente lugar para que todos se sentaran a la vez; y en Cheshire sesenta y ocho personas estaban de esta manera encerrados en un cuarto pequeño; una señal evidente que ellos eran personas inofensivas, que no pondrían ninguna resistencia, ni usarían fuerza. Por causa de este mal tratamiento muchos se enfermaron, y no pocos murieron en tales cárceles; porque ni la edad ni el sexo fue considerado, sino incluso ancianos de sesenta, setenta, o más años de edad, fueron perdonados; y la mayoría de éstos eran comerciantes, negociantes, y labradores, fueron así reducidos a la pobreza; porque sus bienes también fueron confiscados por no ir a la (así llamada) iglesia, o por no pagar diezmos. Muchas veces ellos fueron forzados a estar en la prisión en el suelo frío y asqueroso, sin que se le permitiera tener nada de paja; y a menudo ellos fueron dejados varios días sin comida; por lo tanto no sorprende que muchos hayan muerto por encarcelamientos tan duros como éstos.

En Londres, y en los suburbios, había en ese entonces no menos de quinientos cuáqueros, encarcelados, y algunos en hoyos tan estrechos, que cada persona apenas tenía la oportunidad de acostarse; y a los criminales se les permitió robarles las ropas y el dinero. Muchos de los que no fueron encarcelados, no obstante sufrieron dificultades en sus reuniones religiosas, especialmente en el lugar de reunión de Londres, conocido por el nombre de Toro y Boca. A ese lugar fueron frecuentemente las bandas entrenadas, armadas generalmente con mosquetes, picos, y alabardas, dirigidos por un oficial militar, por orden de los magistrados de la ciudad; y corriendo apresuradamente, y en una manera muy furiosa, vinieron para golpearlos, y así muchos fueron heridos gravemente, algunos cayeron en un desvanecimiento, y algunos fueron golpeados tan violentamente, que no vivieron por mucho tiempo después. Sus amigos por lo tanto pensaron que era conveniente llevar el cuerpo al lugar de reunión ya mencionado, para que pueda ser expuesto por algunas horas, para ser visto por todos. Cuando se hizo esto, se despertaron condolencias y lástima entre muchos habitantes; porque el cuerpo, golpeado como una gelatina, se veía negro, y estaba extremadamente hinchado. El forense y él fueron llamados; y convocaron un panel de un jurado de vecinos, y se les encargó, de acuerdo a su oficio, que hicieran una investigación verdadera sobre sus juramentos, y que presentaran sus hallazgos sobre la causa de su muerte. Mientras veían el cuerpo, tenían un cirujano o dos con ellos, para saber qué juzgaban ellos con respecto a esto; y al ir así juntos en privado, al final ellos se fueron sin dar su veredicto, sólo deseando que los amigos enterraran el cuerpo, lo cual fue hecho como corresponde esa noche. Y aunque el forense y el jurado se reunieron varias veces después de esta ocasión, y tuvieron muchas consultas, sin embargo ellos nunca dieron un veredicto; pero era suficientemente evidente que el hombre había sido asesinado por una violenta golpiza. La razón que dieron algunos por el suspenso del veredicto era que aunque se había testificado que la misma persona, que ahora estaba muerta, había sido vista golpeada y derribada; sin embargo como fue hecho entre una multitud tan confusa, ningún hombre en particular podía ser señalado, de manera que ninguno podía decir que algún hombre había cometido el acto. Y si se hubiera dado un veredicto de que el hombre difunto fue asesinado, sin culpar a ninguna persona en particular por esto, entonces la ciudad sería responsable de una alta multa por parte del rey, por conspirar en un asesinato así en medio de la ciudad y a la luz del día, no encerrado ni recluido, sino públicamente, y no detuvieron al asesino, sino que le permitieron escapar. Mientras tantos los amigos del difunto dieron un anuncio público del asesinato, y enviaron también una carta al señor alcalde, la cual después publicaron por escrito, junto con un reporte de ese sangriento asunto. En esta carta se decía: 'Se puede suponer que ustedes han escuchado de este asunto, porque no sucedió en la noche, sino al mediodía; no repentinamente, en ignorancia, o accidentalmente, sino intencionalmente, y por un largo tiempo; y no aisladamente, sino en las calles de la ciudad de Londres; y todas estas circunstancias empeoraron grandemente este asesinato, para la vergüenza misma y la infamia de esta famosa ciudad, y su gobierno.'

*Un nombre curioso, el lugar de reunión de los cuáqueros Toro y Boca estaba ubicado en la calle Toro y Boca, lo cual es una corrupción verbal de la puerta Boulogne o Boca, nombrada en honor al rey Enrique VIII, quien tomó el puerto (boca) francés Boulogne en 1544.

La persona que esparció algo de este material impreso fue encarcelado por sus aflicciones; sin embargo otra persona llevó a uno de ellos al rey, y le dijo cómo se había hecho la cosa; a lo cual el rey dijo: ‘Les aseguro que no fue mi consejo que ninguno de los amigos debía ser asesinado; ustedes deben decirle a los magistrados de la ciudad acerca de esto y procesar la ley en contra de ellos.' La respuesta del rey pronto también fue publicada de manera impresa: pero la violencia todavía continuó; porque la persona que fue detenida por esparcir el material impreso, fue enviado a la cárcel, por la orden especial del concejal Brown, de quien, ya que se hace mención de él varias veces en esta obra, me da ocasión de decir algo de qué clase de hombre era.

En el tiempo de Cromwell él había sido implacable en contra de los realistas, especialmente en Abingdon, no lejos de Oxford; por causa de este error él ahora procuró hacer una compensación al perseguir violentamente a los inofensivos cuáqueros; de otra manera él era un hombre atractivo, y cometía crueldades con un semblante sonriente. Pero más de sus acciones pueden ser mostradas de aquí en adelante.

Los cuáqueros, viendo que no podían obtener justicia, dejaron el asunto de la persona asesinada a un lado; porque el sufrimiento ahora era su porción, y por lo tanto ellos dejaron su causa a Dios. A menudo ellos fueron sacados fuera de sus lugares de reunión por los soldados; pero entonces ellos no se iban, sino que se quedaban afuera del lugar, y así aumentaron sus números; y entonces uno u otro de sus ministros generalmente se subían arriba de un banco, o algún otro lugar, y predicaban valientemente. Estando afuera, a veces atraían más oyentes que lo que hubiera atraído adentro. Pero los predicadores a veces eran quitados por los soldados; entonces otro se paraba y predicaba, y así a veces cuatro o cinco, uno después de otro, eran quitados, como ovejas inocentes, y llevados a la cárcel con otros de sus amigos, podía ser hasta cuarenta o cincuenta a la vez. Esto me recuerda lo que le oí decir a mi madre, Judith Zinspenning, quien el año siguiente había venido a Inglaterra, con William Caton y su esposa, quienes vivían en Amsterdam, para visitar a su amigo allí; y llegando a Londres, fueron con otros a la reunión en Toro y Boca. Cuando la entrada les fue negada, ellos se quedaron en la calle, donde ella vio a un predicador después de otro que fue quitado, al instante en que algún oficial gritaba: ‘Guardia, llévenselo.' Varios fueron así llevados. El guardia también fue hacia ella, y observando por su vestido que ella era una mujer holandesa, la tiró por la manga, y dijo con admiración, '¡Qué, una cuáquera holandesa!' pero ya no se metió más con ella. Estas reuniones en las calles se hicieron algo de costumbre en Inglaterra; porque los cuáqueros fueron persuadidos que el ejercicio de la adoración pública era un deber del cual ningún hombre podía liberarlos, y ellos creyeron que Dios les requería que llevaran a cabo este servicio con sus manos. Y al reunirse así en las calles, a veces sucedía que más de uno predicaba a la vez. Tres o cuatro a la vez podían predicar, uno en un lugar, y otro en otro lugar; lo cual no se podía haber hecho convenientemente en sus lugares de reunión. Pero así ellos hicieron que una gran cantidad de personas escuchara su mensaje, y a veces hombres eminentes, quienes pasando en sus carruajes, hacían que sus cocheros se detuvieran. Por esta fortuna inesperada, ellos encontraron que había una cosecha grande, y así su iglesia aumentó bajo los sufrimientos; y en esos tiempos difíciles fueron bien purificados de la escoria, ya que la prueba no era para los que no eran sinceros. Porque al asistir a sus reuniones en un tiempo tal, uno estaba en peligro de ser encarcelado, o golpeado hasta quedar cojo, o hasta la muerte; pero esto no podía apagar el celo de los rectos.

Ahora, el arresto de un predicador, y el surgimiento de otro, se convirtió en una cosa ordinaria en Inglaterra, y perduró por mucho tiempo después, de lo cual yo mismo he sido un testigo ocular. Y cuando no habían más predicadores presentes, una mujer se levantaba, y ministraba la reunión; no, habían tales que en los años que no eran más que niños, fueron dotados con un celo varonil, y animaron a sus amigos a ser firmes. Mientras tanto muchos también fueron encarcelados, sin ser sacados de sus reuniones; porque algunos han sido detenidos por sólo hablar algo a favor de sus amigos; como Rebeca Travers, quien, yendo al teniente de la Torre, le pidió que tuviera compasión de algunos que fueron encarcelados por asistir a las reuniones. Pero el se enfureció con esto; y cuando ella se fue, uno de los guardianes le habló con lenguaje grosero; cuando ella lo exhortó a que fuera bueno en su lugar, a pesar que era la voluntad del Señor que tuviera ese trabajo, estaba tan ofendido, que volviendo con el teniente, él se quejó que ella había hablado traición; y después de esto ella fue detenida y fue enviada a la cárcel. No, los soldados groseros fueron animados a ser crueles por los oficiales que no eran ni un poco mejor, porque ellos mismos a veces ponían sus manos violentas sobre la gente pacífica; como entre el resto de los mencionados anteriormente, el concejal Ricardo Brown, quien anteriormente había sido un comandante general bajo Cromwell, ahora se comportó con una ferocidad tan exorbitante, que incluso los comediantes no dudaron en exponerlo, por una alusión a su nombre Brown, y diciendo: 'El diablo era café (brown).'

Un libro también se imprimió, donde muchos abusos infames, y también su comportamiento furioso fueron expuestos a la vista del público; y este libro fue dedicado a él con esta pequeña epístola:

Ricardo Brown,

‘Si usted todavía no está sellado para la destrucción, y si el arrepentimiento no está completamente escondido de sus ojos, espero que el Señor lo convierta, y lo perdone de todos sus tratos duros y crueles hacia nosotros. Pues nosotros deseamos que usted se arrepienta en vez de que sea destruido; y que el Señor Dios del cielo y la tierra dé un juicio de determinación final entre usted y nosotros, para que toda la tierra pueda conocer si su causa en contra de nosotros o si nuestra causa es justa ante él, quien es el único juez justo.'

Aunque fue publicado sin el nombre el autor, uno de los libros no sólo fue enviado a Brown, sino que como señal de que los así llamados cuáqueros eran los dueños, alrededor de treinta otros fueron enviados al señor alcalde, y los alguaciles de Londres, para que ellos puedan saber qué 'se hacía bajo la autoridad de ellos;' porque algunos, aunque no estaban autorizados, eran audaces al actuar en contra de los cuáqueros de cualquier manera que su malicia los hacía actuar, porque ellos eran favoritos de la corte. Entre éstos estaba un Felipe Miller, quien, aunque no era un oficial, aún así en el mes de mayo de éste año, fue a una reunión de estas personas en la calle John, en la Parroquia de los Sepulcros, en Londres, sin una orden judicial, y llevando un bastón en su mano, le mandó a la muchedumbre lo que acompañaba a arrestar a cualquiera que él quisiera; y entonces él convocó al guardia, a quien había forzado por medio de sus amenazas para que fuera con él, y cinco otras personas que él detuvo, entre quienes estaba Juan Cook, quien se mencionará otra vez más adelante. Algunos días después, este Miller vino al lugar de reunión otra vez y golpeó a varias personas con su bastón porque ellos no se podían ir ante su mandato; y entonces él encargó a los guardias, a quienes él había traído, para asegurar y llevar cautivo a quien él quisiera. Cerca del fin de mes, en un primer día de la semana, el capitán Reeves, y algunos soldados con mosquetes y con espadas desenvainadas, fueron y entraron violentamente a la reunión de Toro y Boca, donde ellos quitaron a la persona que estaba predicando, y entonces agarraron a otro, quien le pidió a Reeves que les mostrara la orden para que él hiciera esto. Reeves le respondió que él no le mostraría su autoridad en ese lugar; pero después nos pareció que él no tenía una orden judicial. Sin embargo hizo que sus soldados se llevaran alrededor de cuarenta personas, (algunos de los cuales no estaban en la reunión, sino que habían sido tomados de las calles), e hizo que los pusieran el el patio de Pablo, donde fueron dejados hasta que la adoración pública se acabó allí; y entonces el concejal Ricardo Brown fue al lugar donde estaban siendo vigilados los prisioneros, y con gran ira y furia puso sus manos sobre una persona de mucha edad, y lo tiró dos veces por el borde de su sombrero, causando su pérdida. Y entonces él trató a otra persona de manera similar, y un soldado golpeó a esta persona fuertemente con una pistola en la cabeza. Brown trató a otros dos de la misma manera, y entonces los envió a todos a la cárcel de Newgate, vigilados por los soldados.

Entonces ese mismo día algunos soldados fueron a la reunión en la calle Tower, y sin ninguna orden judicial, se llevaron a veintiuna personas, de los llamados cuáqueros, y se los llevaron al centro de comercio, donde los tuvieron por un tiempo, y entonces los llevaron ante Ricardo Brown, quien de manera muy furiosa golpeó algunos y pateó a otros; lo cual hizo que uno de los prisioneros, al ver cómo Brown golpeó a uno con sus puños en la cara, y pateó a otro en la espinilla, dijera: '¡Qué, Ricardo! ¿Te volverás un asesino? 'Tú no hacías esto cuando yo era soldado bajo tu mandato en Abingdon, y tú me mandaste a mí y a otros a buscar en las casas de las personas pasteles y carne asada, porque ellos celebraban la Navidad como una ocasión santa; [los puritanos de Cromwell consideraban la Navidad, con el intercambio de regalos y la fiesta, como algo derivado de la celebración pagana del nacimiento del dios sol de los romanos, Saturno], y cuando llevamos a los prisioneros ante el guardia, por observar estas fechas.' Porque Brown era un hombre tan estricto en esos tiempos, que pretendía desarraigar esas costumbres supersticiosas; aunque había un motivo para cuestionar si su corazón era sincero con respecto a esto. Sin embargo, este celo ciego era inadecuado para convencer a la gente supersticiosa. Brown, sabiendo que esto había ofendido a los de la iglesia de Inglaterra, procuró ahora compensar por esta falta, por medio de su brutal ferocidad en contra de los inocentes cuáqueros, y así ganar el favor de los eclesiásticos y cortesanos del rey, que ahora habían vuelto al poder [los anglicanos volvieron al poder, reemplazando a los puritanos, poco después de la muerte de Cromwell]. Una persona de la familia de Brown, habiendo oído lo que se decía de él, respondió 'Allí hay un pájaro de Abingdon.' A lo cual Brown contestó: ‘Él es un canalla por causa de esto,' y lo golpeó con su puño debajo de la barbilla; lo cual hizo que otro prisionero dijera: ‘¡Qué! ¿eres un magistrado y golpeas a la gente?' Ante lo cual Brown lo tiró al suelo con ambas manos por el borde de su sombrero, y entonces le mandó a los soldados a que se los llevaran a todos, y los pusieran en la cárcel de Newgate.

En el primer día de la semana, en el mes llamado de junio, un grupo de soldados fue a la reunión de Toro y Boca, con picos, espadas desenvainadas, mosquetes, y antorchas encendidas, como si fueran a una pelea; aunque sabían muy bien que no encontrarían nada más que gente inofensiva. Pero lo primero que hicieron fue quitar al que estaba predicando, a quien arrastraron fuera de la reunión, regocijándose como si hubieran obtenido una gran victoria; entonces lo llevaron a la guardia principal en la casa de Pablo, y regresaron a Toro y Boca, donde detuvieron a algunos más, a quienes también los llevaron a la casa de Pablo. Después de algunas horas, estos prisioneros fueron llevados a la casa del concejal Brown, y él, preguntando los nombres de los prisioneros, y oyendo el de Juan Perrot, dijo: ‘¡Qué! tu has estado en Roma para trastornar,' pero corrigiéndose a sí mismo dijo: ‘para convertir al Papa.' Ante lo cual Perrot le dijo que él había sufrido en Roma por el testimonio de Jesús. Ante lo cual Brown le contestó que si él hubiera convertido al Papa, que le hubiera agradado mucho más que lo que le agradaba ahora. Y Perrot le respondió que a Dios le agradaba mucho más. Después de un poco más de discurso, Brown los envió a todos a Newgate.

Comentario del editor del sitio: Perrot se convirtió en un feroz perseguidor de los cuáqueros en Virginia, habiendo sido anteriormente expulsado de la Sociedad por su oposición a quitarse los sombreros durante la oración, lo cual causó separación, diciendo que era una forma de imposición sobre la consciencia individual; cuando miles de otros cuáqueros habían entendido, y había sido confirmados por la Luz, de exactamente lo opuesto. Él era inmaduro y tan lleno de orgullo que poco después de su conversión, se sintió digno de ir a Roma para convertir al Papa, pero nunca intercambió una palabra con él. También escribió dos folletos en contra de los cuáqueros y fue atrapado falsificando el nombre de Eduardo Burrough en otro documento lleno de mentiras, el propósito del cual era desacreditar la Sociedad.

De esta manera las reuniones de aquellos llamados cuáqueros fueron perturbadas en ese tiempo, de lo cual yo puedo producir, si fuera necesario, muchos más ejemplos. Una vez un hombre llamado Cox, que era vendedor de vino, fue con algunos soldados a una reunión, donde, después de usar mucha violencia, ellos tomaron a dos cuáqueros, a quienes golpearon muy gravemente porque se negaron a ir con ellos, aunque no mostraron ninguna orden judicial para ello. Finalmente los soldados los llevaron a ambos con mosquetes al patio de Pablo, y cuando los dejaron, arrastraron a uno de ellos por los tobillos sobre su espalda, de una manera muy bárbara; lo cual cuando sucedió, al vendedor de vino mencionado se le oyó decir que él iría y tomaría una copa de brebaje, porque estos demonios lo habían desgastado. Aún así, él se fue a otro lugar de reunión de esas gentes, donde él también se comportó muy impíamente; y al pedírsele la orden, su respuesta la dio sosteniendo la espada en la mano, 'ésta es mi orden.' Y así parece que él se congraciaba con Brown, quien ahora estaba en favor con la corte, fue nombrado caballero, y un tiempo después también fue nombrado señor alcalde de Londres. Por el comportamiento furioso de Cox, los soldados fueron animados a cometer toda clase de males: de tal modo que, cuando se les preguntaba que orden tenían para hacer estas cosas, uno al levantar su mosquete dijo: 'Ésta es mi orden.' De modo que ahora las cosas eran hechas por una ley de club. Ni tampoco los soldados respetaban la edad, sino que sacaron de una reunión a dos niños en Mileend, uno de alrededor de trece y el otro de alrededor de dieciséis; y fueron llevados ante el teniente de Tower, quien a uno que decía que suponía que ellos no tenían ni dieciséis años, y por lo tanto no se les podía castigar por el acto, le respondió que ellos tenían suficiente edad para ser azotados; y ellos debían ser azotados para que dejaran su religión. Y así él los envió a Bridewell, donde sus manos fueron puestas en cepos, y apretadas de tal manera por un espacio de dos horas, que sus muñecas estaban muy hinchadas; y esto fue hecho porque ellos se negaron a trabajar, estando persuadidos de que ellos no merecían ser tratados así; ellos no comieron nada cuando estaban a cargo del asilo de pobres. Estos muchachos, aunque estuvieron por bastante tiempo en esa cárcel, continuaron firmes, regocijándose que ellos eran hallados dignos de sufrir por el nombre del Señor; y ellos le escribieron una carta a los hijos de sus amigos, exhortándolos a ser fieles en llevar su testimonio para el Señor, en contra de toda impiedad e injusticia.

Algunos días antes de este tiempo, Tomás y Juan Herbert, que vivían en Londres, y otros mosqueteros, vinieron con sus espadas desenvainadas hacia algunas moradas privadas, y rompieron dos o tres puertas; (porque cuando algunas personas fueron vistas entrando a la casa, aunque sólo era para visitar a sus amigos, fue llamada una reunión). Ahora sucedió que en una casa, estos hombres groseros encontraron a cinco personas juntas, uno de los cuales era William Ames, quien había venido allí desde Holanda, y otro era Samuel Fisher: y cuando se les demandó qué orden tenían, ellos levantaron sus espadas, y dijeron: 'No nos pidan una orden; ésta es nuestra orden.' Y en esos momentos ellos sacaron a estas personas por la fuerza, y los llevaron al patio de Pablo, donde ellos habían sido el hazmerreír de los soldados. Así fueron llevados al Exchange, donde ellos no encontraron mejor recepción de los soldados groseros. Entonces ellos conducidos a la casa del concejal Brown en la calle Ivy Lane. Él los envió a la [cárcel] de Bridewell con un decreto, para que fueran mantenidos haciendo trabajos forzados. Pero después al reconsiderar y encontrar que su decreto no tenía justicia, (porque estas personas no fueron sacadas de una reunión), a la mañana siguiente él envió otro decreto, por el cual ellos fueron culpados de haberse reunido ilegalmente para adorar. Si uno de los mosqueteros hubiera oído a cualquiera de estas personas hablar a manera de exhortación a los fieles en este tiempo de mucha persecución, esto hubiera sido considerado un cargo suficiente, aunque no reconocido por la ley; pero ellos usaron cargos sospechosos, de manera bastante pobre y tonta.

Así estas personas fueron enviadas a Bridewell, y se les obligó a golpear cáñamo; y fueron tratados tan severamente, que W. Ames se enfermó, hasta estar cerca de la muerte, por lo cual fue liberado; porque de alguna manera se puede decir que su morada estaba en Amsterdam, Holanda, ya que él estaba allí la mayor parte del tiempo por algunos años seguidos; y para que no se le pudiera culpar, él trabajó peinando lana; y si se decía que él era de Amsterdam, parecía que ellos no permitirían que él muriera en la cárcel, como había sucedido con algunos de sus amigos. Los otros, que habían estado por seis semanas en Bridewell, fueron presentados en las sesiones en Old Bailey; [la corte] pero en vez de ser juzgados por aquello por lo que fueron culpados, fueron obligados a tomar un voto de lealtad, como la única razón, (de acuerdo a lo que dijo el ayudante de registrador), por la cual fueron llevados allí. Los prisioneros entonces demandaron que la ley se leyera, en virtud de lo cual se les obligó a que tomaran el voto mencionado. La corte prometió que esto se haría; pero en vez de esto, ellos ordenaron que el empleado leyera la forma del voto, pero no permitían que la ley obligatoria fuera leída. Pero antes que los prisioneros hubieran declarado su voluntad de tomarlo, o su negativa de hacerlo, se dio el mandato que fueran llevados; lo cual los oficiales hicieron con tal violencia, que ellos tiraron a algunos de ellos sobre las piedras. Esto hizo que Samuel Fisher dijera: 'Tomen nota, pueblos, que nosotros todavía no nos hemos negado a tomar el voto; pero la corte se niega a cumplir la promesa que ellos hicieron ahora ante todos ustedes, que el estatuto para esto debía ser leído: si hechos como estos alguna vez prosperan, debe ser cuando no hay Dios.' Pero esto no fue considerado; y los prisioneros sin ninguna justicia fueron enviados a Newgate. Entre éstos, también estaba un Juan Howel, quien había sido enviado por el concejal Brown a trabajar por Bridewell, porque al ser llevado ante él, no dijo repentinamente cuál era su nombre: y al ser demandado en la corte porque no decía su nombre, él respondió, que era porque él había golpeado y abusado en la presencia de Ricardo Brown, cuando fue llevado ante él. Brown, que también estaba en el tribunal, le preguntó toscamente: '¿Dónde fuiste abusado?' Y Howel respondió: 'Sangre fue echada sobre mi en tú presencia; lo cual no debería hacerse en la presencia de un juez de paz.' Pero Brown comenzó a ponerse muy impetuoso, y respondió: 'Deja de balbucear, o se hará lo mismo otra vez aquí en la presencia de la corte.'

Alrededor de la mitad del verano, Daniel Baker regresó a Inglaterra, (quien, como fue relatado, había estado en Malta), y alrededor de una quincena después de su llegada, él, con cuatro otros, fueron tomados por una banda de soldados de la reunión de Toro y Boca, y llevados al patio de Pablo, donde después de haber estado allí algunas horas, fueron llevados a Newgate; pero en la noche fueron llevados ante el concejal Brown, a quien Baker le dijo con mansedumbre: ‘Que el temor de Dios y su paz esté en sus corazones.' Pero Brown se puso a reír, y dijo: ‘Preferiría oír a un perro ladrar;' y usando muchas más expresiones burlescas, él culpó a Baker y a otros de no cumplir la ley del rey a reunirse juntos. A lo cual Baker dijo: 'Los siervos de Dios y en los días de los apóstoles, se les mandó a que ya no hablaran en el nombre de Jesús; y ellos respondieron, y así lo hago yo también, que era mejor obedecer a Dios que a los hombres, juzguen ustedes.' Él también dio como ejemplo el caso de los tres jóvenes en Babilonia, y Daniel, que no obedeció el decreto del rey. Pero Brown estaba tan enojado, que él mandó a sus hombres a golpear a Daniel en la cara. Ellos hicieron esto, y lo tiraron cuatro o cinco veces al suelo, y lo golpearon con sus puños, y estrujaron su cuello de tal manera, como si quisieran asesinarlo. Estos hombres hicieron esto para complacer a Brown, mostrando que ellos estaban listos para cualquier servicio, no importa lo abominable que fuera. Y Baker, reflejando en sus viajes, indicó que incluso los turcos y los paganos aborrecían esas acciones brutales. Sus compañeros de prisiones también fueron abusados por Brown, y después fueron enviados a Newgate otra vez. Y después de algunos días, ellos fueron llamados a las sesiones, donde su acusación fue leída, lo cual como otros ante tales sugerencias, generalmente funcionaron con los siguientes términos: que los prisioneros, bajo la pretención de llevar a cabo un servicio religioso, de manera diferente que por las leyes establecidas por el rey de Inglaterra, ilícitamente y tumultuosamente se juntaron y se reunieron, para el gran terror del pueblo de su majestad, y para el alborotamiento de la paz del rey, en desacato de nuestro señor rey; y sus leyes, para el mal ejemplo de todos los otros que son así fácilmente ofendidos. Al leerse la acusación, ningún testigo apareció en contra de los prisioneros, con excepción de Brown, quien se sentó en el tribunal: y por lo tanto el voto, como la trampa ordinaria, fue ofrecido a ellos; porque fue suficientemente sabido, que su profesión no soportó que tomaran ningún juramento. Ellos por negarse a jurar, fueron enviados otra vez a la cárcel, para quedarse allí hasta que tomaran el voto.

Si yo aquí expusiera todos los casos similares que han sucedido, encontraría más trabajo que lo que yo soy capaz de realizar: porque este enfado con el voto era tan común, que algunos habían sido tomados en la calle, y llevados ante un juez de paz, para que él pudiera ofrecerles el voto a ellos, y en caso que se negaran, enviarlos a la cárcel, aunque esto era directamente contrario al estatuto de la Carta Magna, la cual expresamente decía que ‘ningún hombre libre puede ser llevado o encarcelado, o ser desposeídos de su propiedad o libertades, sino por la ley de la tierra.' Pero esto no fue considerado por Ricardo Brown, quien hacía lo que quería; porque la fuerza y la violencia no eran predominantes; y a veces cuando los prisioneros eran llevados al banquillo, por sus reuniones frecuentes, la libertad les era negada a ellos para justificarse a sí mismos; pero el ser intimidados y desconcertados era su suerte.

Una vez sucedió que un prisionero, que había sido un soldado anteriormente bajo Brown, viendo que no se observaba ninguna justicia o equidad, lo llamó diciendo que él no era apto para sentarse en el tribunal; porque él hizo a un hijo colgar a su padre en Abingdon; para que él pudiera probar que era un asesino.' Estas palabras audaces causaron algo de alboroto en la corte, y Brown, no importa lo fuerte que fueran los cargos, no negó el asunto en la corte, ni se defendió ante él: sin embargo los otros prisioneros cuáqueros no aprobaron esta censura, sino indicaron que aunque el hecho era cierto, ellos no estaban allí para reprochar a ningún magistrado en el tribunal, cuyo lugar tenía un oficio que ellos no respetaban ni honraban. Pero yo no encuentro que Brown, (por esta causa), procesó a los que hablaban tan audazmente, aunque de otra manera él hacía lo que quería, sin temer que sus compañeros magistrados, (que lo respetaron a él que era un favorito en la corte), lo negaran, como puede parecer por este próximo ejemplo. 

Cierta persona que había sido sacada de una reunión por los soldados de manera muy violenta y abusiva, porque él no estaba dispuesto a ir con ellos, dijo en la corte que su negativa de ir se debía a que ellos no le mostraban ninguna orden para su detención: debido a que él no sabía si ellos eran ladrones o asesinos, con los cuales él no estaba obligado a ir. Pero Brown, quien abocaba por la violencia, dijo antes esto, que si ellos lo hubieran arrastrado a él por todos las perreras en la calle, ellos le hubieran hecho bien, si él no hubiera ido. Esto lo dijo de manera tan furiosa que uno de los prisioneros le dijo, 'Usted ha recibido muchas advertencias y visitaciones en el amor de Dios, pero usted las ha desairado; por lo tanto tenga cuidado de estar sellado en la ira de Dios.' Por consiguiente uno de los carceleros vino con su bastón y golpeó a varios de los prisioneros tan fuertemente que varios de ellos fueron heridos de gravedad; y algunos reportaron que Brown gritó que lo derribaran, aunque otros (para mitigarlo un poco), lo hicieron, lo derribaron. Pero lo primero parece más probable: porque los golpes fueron tan violentos, que algunos de los presentes gritaron: ¡asesino! ¡asesino! y preguntaron: '¿Permitirás que los hombres sean asesinados en la corte?' Con lo cual uno de los alguaciles se bajó en persona de su asiento para detener la golpiza. Pero Brown estaba tan desesperadamente lleno de ira, que él le dijo a los prisioneros: 'Si algunos de ustedes muere, la sangre de ustedes estará sobre sus propias cabezas:' y el verdugo parado con su mordaza en la mano, amenazó a los prisioneros con amordazar a cualquiera de ellos que dijera cualquier cosa. De modo que la inocencia fue forzada a dar lugar a la violencia. Y una vez, cuando ante la común pregunta juridicial de culpable o no culpable, contestó: niego que yo sea culpable, y puedo decir que no soy culpable; y también en Latín, non reus sum. Sin embargo él fue sentenciado como mudo, y multado como corresponde, aunque las palabras que él dijo, finalmente indicaron que no era culpable, aunque él no lo había expresado en los mismos términos. Pero ahora ellos estaban de parte de contrariar a los cuáqueros en todos los puntos.

Mencionaré más ejemplos de la brutalidad de Brown, antes de pasar a otra cosa. Cuando a otra persona se le demandaba que respondiera a su acusación, si era culpable o no culpable, y al él no contestar, sino que al pensar un poco qué podía decir con seguridad, Brown dijo burlescamente: 'Tendremos una revelación con el tiempo.' A lo cual el prisionero dijo: '¿Por cuánto tiempo te opondrás al inocente? ¿Por cuánto tiempo tú perseguirás a la semilla justa de Dios?' Pero mientras él hablaba, Brown comenzó a gritar indecentemente en el lenguaje de esos jóvenes que andan gritando de allá para acá en la calle: 'Ahá, ahá, ¿Vas a querer unas ostras?' Y: '¿Tienes alguna criada en la cocina?' Y cuando un prisionero en el tribunal dijo que por causa de la consciencia no podía dejar de reunirse con el pueblo de Dios, Brown respondió groseramente, 'Consciencia: ¡para mí es como la cola de un perro!' Y cuando el concejal Adams, hablando con uno de los prisioneros, dijo: 'Lamento verte aquí;' 'Yo lo lamento' dijo Brown, '¿Qué debes lamentar?' 'Sí,' dijo Adams, 'Él es un hombre sobrio.' Pero Brown, quien no podía soportar oír esto, contestó que nunca hubo un hombre sobrio entre ellos, queriendo decir los cuáqueros. A los presentes, que te tomaron nota de lo sucedido, les disgustó mucho su actitud. Pero parecía que él estaba muy endurecido; porque en cierta ocasión cuando dos personas estaban siendo enjuiciados por robar una casa, él les dijo que ellos eran los canallas más grandes de Inglaterra, excepto por los cuáqueros.

A veces sucedió que los prisioneros eran llevados al banquillo sin ser acusados; y cuando ellos decían: '¿Qué hemos hecho?' y deseaban justicia, Brown, no teniendo ninguna acusación en contra de ellos, frecuentemente gritaba: ‘¿Tomarán el voto?' Y después cuando decían que por causa de la consciencia ellos no podían jurar, eran condenados como transgresores, aunque tales procesos eran directamente contrarios a la ley. Pero en el momento parecía que era algo que se debería considerar muy poco. Por lo tanto, algún tiempo antes, sucedió en Thetford en el condado de Norfolk: que el juez Windham, mostrándose en esos momentos como justo en un caso similar, reprendió duramente a los jueces sobre el tribunal, no sólo por haber condenado a algunos a la cárcel, sino también los llevó al banquillo, donde ningún acusado compareció ante ellos. Pero Ricardo Brown hizo lo que pudo, y se mostraba a sí mismo muy furiosamente impío, cuando algún prisionero era llevado ante él con el sombrero puesto.

Un tal Juan Brain, siendo detenido en la calle, y no en una reunión, fue llevado ante Brown por algunos soldados; quien, viéndolo sin su sombrero, ordenó que fuera tirado al suelo seis o siete veces, y cuando estaba abajo, ellos golpearon su cabeza en contra el suelo, y lo patearon; y Brown, como un loco, les dijo que lo tiraran por la nariz. Y cuando él se levantó, ellos lo tiraron al suelo por los pelos de la cabeza, y después lo levantaron por el pelo otra vez. Y cuando él quiso hablar en defensa propia en contra de esta crueldad, Brown les dijo que le callaran la boca. A lo cual ellos no sólo lo golpearon en la boca, sino que le taparon la boca y la nariz de tal manera, que no podía respirar, y era como si se estuviera ahogando: y ante estas acciones Brown se puso a reír, y finalmente lo envió a la cárcel.

Tomás Spire, siendo llevado ante Brown, éste mandó a que le sacaran el sombrero; y como no se hizo con la violencia que él quería, Brown hizo que se lo pusieran en la cabeza otra vez, diciendo que no se le debería quitar tan fácilmente. Entonces él fue tirado al suelo por el sombrero, y levantado por el pelo. Al ser William Rill llevado ante él, mandó que su sombrero fuera quitado para que su cabeza estuviera inclinada: y cuando lo echaron al suelo, fue arrancado por el pelo de su cabeza, Jorge Ableson fue así tirado al suelo cinco veces una después de la otra, y tirado por el pelo, y golpeado de tal manera en la cara, o en los lados de la cabeza, que se tambaleó, y sangró, y por algunos días estuvo con mucho dolor.

Al ser llevado Nicolás Blithold ante Brown, él tomó su sombrero con ambas manos, tratando de tirarlo al suelo; y porque no se cayó completamente al suelo hacia adelante, lo empujó para tirarlo hacia atrás; y entonces le dio una patada en la pierna, y lo empujó de la puerta para fuera. Al ser llevado Tomás ante él, le dio él mismo un golpe en la cara; e Isaac Merrit, Juan Cook, Arturo Baker, y otros, no fueron tratados mucho mejor; entonces él parecía más apto para haber sido un verdugo que un concejal, o un juez. Pero me canso de mencionar más ejemplos de su crueldad. Estos logros abominables de él fueron publicados más ampliamente que lo que yo he mencionado; y el libro, como ya se ha dicho, fue dedicado a él. Y sin embargo no he hallado que nadie haya sido procesado por esta causa; aunque su maldad era extravagante, y como si quisiera erigir estacas en Smithfield para vender su madera; siendo que él era un hombre dedicado al negocio de la madera.

En este tiempo de dura persecución, Francis Howgill escribió, escribió el siguiente documento para animar a sus amigos.

‘Las meditaciones de mi corazón han sido muchas, profundas, y ponderosas por algunos meses, semanas, y días, con respecto a su pueblo, el cual el Señor había levantado para llevar testimonio de su nombre, en este día de su poder; y se hizo intercesión a menudo por ellos al Señor, y una paciente espera para conocer su pensamiento con respecto a ellos para el tiempo futuro; en lo cual a menudo recibí satisfacción como para mí mismo pero fui llevado por el Señor a esperar algo, para que yo pueda consolar y fortalecer a su rebaño por un testimonio seguro. Y mientras estaba esperando todas las cosas visibles, y estando bien fuera del mundo en mi espíritu, y cuando mi corazón no estaba sobre nada sino sobre el Dios viviente, el Señor abrió los manantiales profundos, y desbordó todo mi corazón con luz y amor; y mis ojos eran como una fuente por causa de las lágrimas de gozo, por causa de su heredad, de quien él me mostró, y me dijo a mí en un poder completo, fresco, y viviente, y un testimonio santo y completo, de modo que mi corazón fue embelesado con un gozo indescriptible, y yo estaba fuera del cuerpo con Dios en su paraíso celestial, donde vi y sentí cosas indecibles, y más allá de todas las demostraciones o discursos. Al final la vida cerrada con mis entendimiento, y mi espíritu lo escuchó a él; y el Dios eterno dijo:

"¿Esconderé alguna cosa de los que buscan mi cara en la justicia? No, yo lo manifestaré a los que me temen; yo hablaré, si me escuchan, y lo publicaré entre mi pueblo, para que ellos puedan ser consolados, y ustedes sean satisfechos."

Y así dijo el Señor viviente del cielo y de la tierra, en el día 28 del tercer mes, del año 1662:

"Entonces el sol dejará su brillante esplendor, y cesará de dar luz al mundo; y la luna será una completa oscuridad, y no dará luz en la noche; las estrellas cesarán de conocer su oficio o lugar; mi pacto con el día, la noche, los tiempos, y las estaciones, llegarán más pronto a un fin, y el pacto que yo he hecho con este pueblo, el cual ellos hicieron conmigo, se acabará, o será quebrantado. Sí, aunque los poderes de la oscuridad y del infierno se combinen en contra de ellos, las garras de la muerte abrirán su boca, sin embargo yo los libraré, y los guiaré. Yo confundiré a sus enemigos como lo hice con Jacob, y los esparciré como lo hice con el Israel antiguo. Yo tomaré a sus enemigos; los arrojaré de aquí para allá, como piedras lanzadas con una honda; y la memoria de esta nación, la cual es santa para mí, nunca será desarraigada, sino que vivirá por las edades, como una nube de testigos, en las generaciones por venir. Yo los he llevado al nacimiento, sí, los he llevado hacia adelante; yo los he envuelto, y son míos. Yo los nutriré y los llevaré; aunque la oscuridad se junte a montones, y se generen tempestades, yo los esparciré como con un viento del este; y las naciones sabrán que son mi herencia, y ellos sabrán que yo soy el Dios viviente, quien rogará por su causa con todo lo que se levanta en oposición a ellos."

Estas palabras eran santas, fieles, eternas, buenas y verdaderas; bienaventurados son aquellos que oyen y creen hasta el fin: y por causa de ellos no quedó fuerza en mí por un tiempo; pero al fin mi corazón estuvo lleno de gozo, aún cuando el arca de Dios fue sacada de la casa de Obed-edom, cuando David danzó ante ella, y cuando Israel dio gritos de alegría.

Francis Howgill

Este escrito de Francis Howgill, quien era un hombre piadoso, junto con muchas otras exhortaciones poderosas de aquellos que valientemente estuvieron antes, fue de gran ánimo en este tiempo de severa persecución. Porque no importa lo furiosos que fueran sus enemigos, ellos continuaron siendo fieles en sus súplicas y oraciones fervientes hacia Dios, para que a él le pueda agradar asistirlos en su celo recto, quienes no querían nada para sí mismos sino que por causa de su verdadero temor y reverencia hacia él, no se atrevieron a omitir sus reuniones religiosas. Y ellos hallaron que el Señor oyó sus oraciones, de modo que yo recuerdo a uno que dijo que en una reunión en la cual parecían estar en peligro de muerte a causa de sus furiosos perseguidores, se pensaba que él estaba embelesado, de modo que apenas sabía si estaba dentro o fuera del cuerpo. Al perseverar en la fidelidad de lo que ellos creían que el Señor pedía de ellos, con el pasar del tiempo, cuando sus enemigos creyeron que estaban apunto de destruir a los cuáqueros, ellos vieron que el Señor Dios Todopoderoso se levantó en su defensa, y aplastó y confundió los ardides de sus crueles perseguidores, como será visto en el transcurso de esta historia.

Y en otros pueblos y ciudades por toda la nación,
la persecución era aun más intensa.

En Colchester, Inglaterra, la persecución ahora era extremadamente feroz. En el mes de Octubre, William More, alcalde de ese pueblo, fue en el primer día de la semana, y deshizo las reuniones de los así llamados cuáqueros, y encerró algunos en la cárcel; la siguiente semana hizo lo mismo, y una semana después hizo que un grupo de la tropa del condado fuera a la reunión. Éstos golpearon a algunos, e hicieron mucho daño a las formas, asientos, y ventanas del lugar de reunión. Y después el alcalde utilizó a un hombre de edad para que detuviera en la puerta a los que iban a la reunión; quien le dijo a los que querían entrar que el alcalde lo había puesto allí para mantenerlos afuera. Ahora, aunque ellos sabían que él no era un oficial, ni tenía ninguna orden judicial, no pusieron resistencia, sino que continuaron en la calle, y así tuvieron su reunión de manera pacífica, no estando libres por causa de la consciencia para dejar de llevar a cabo su adoración pública a Dios, aunque en esa época del año hacía frío, y a veces llovía; y así continuó por muchas semanas, aunque asistían con tantas dificultades.

Durante la primera parte de diciembre vinieron alrededor de cuarenta de los soldados del rey, a caballo, en sus armaduras, con espadas, carabinas, y pistolas, gritando: ‘¿Qué diablos están haciendo aquí?’ Y cayendo violentamente sobre este grupo inofensivo, ellos los golpearon, algunos con espadas, y otros con carabinas, sin hacer distinción entre hombre o mujer, viejo o joven, hasta que muchos estuvieron muy heridos; persiguiéndolos de allá para acá en las calles. El viernes siguientes estos tipos furiosos vinieron otra vez, ahora con garrotes además de espadas y carabinas, y les pegaron terriblemente a aquellos que estaban reunidos de manera pacífica en la calle para adorar a Dios. Esta cruel golpiza fue tan excesiva, que algunos recibieron más que cien golpes, y sus miembros fueron golpeados de tal manera que estaban negros o azules y perdieron su fuerza natural. Un soldado golpeó a uno de ellos por tanto tiempo que la hoja de su espada se cayó del puño, con lo cual aquel que estaba siendo golpeado vio y le dijo al soldado: ‘Yo lo levantaré y se lo daré otra vez,' lo cual él hizo con estas palabras: ‘Espero que el Señor no le ponga la obra de este día a su cargo.'

Pero para evitar la prolongación, no mencionaré todos los asaltos particulares que yo encuentro que fueron cometidos en ese lugar. Estas acciones crueles continuaron todavía por varias semanas, y algunos fueron golpeados tan violentamente, que su sangre fue derramada en las calles, y ellos se hundieron y desmayaron.

Un tal Eduardo Graunt, un hombre de alrededor de setenta años de edad, (a cuya esposa e hijas yo conocía muy bien), fue derribado tan terriblemente, que sólo vivió unos pocos días después. Este tiempo era tan terrible ahora, que estos adoradores religiosos, cuando iban a su reunión, parecían ir a la muerte; porque no podían prometerse a sí mismo regresar a su hogar intactos o vivos. Pero a pesar de todo esto, su celo por la adoración era tan vivo, que ellos no se atrevían quedarse en la casa, aunque el razonamiento humano se los pudiera haber aconsejado. Y algunos de ellos habían sido gente de notoriedad en el mundo; entre otros un tal Giles Barnadiston, quien habiendo pasado seis años en la universidad, en el estudio de la literatura humana, después llegó a ser coronel; pero con el paso del tiempo, habiendo oído predicar a G. Fox el joven, estuvo tan enteramente convencido de la Verdad que él renunció a su mando militar y entró a la sociedad de aquellos llamados los cuáqueros; y continuando fiel, con el pasar del tiempo llegó a ser un ministro del evangelio entre el pueblo mencionado; siendo un hombre de espíritu manso, y uno a quien conocí muy bien. Este Barnadiston no se abstuvo de asistir a las reuniones frecuentes, no importando lo horrible de las persecuciones, estando completamente entregado a arriesgar su vida con sus amigos.

Un tal Salomón Fromantle, un comerciante, con quien yo estaba bien familiarizado, fue tan terriblemente golpeado, que él se cayó y perdió mucha sangre en la calle; y sin embargo los soldados brutales no dejaron de golpearlo. Su esposa, una hija de Eduardo Graunt, temiendo que fuera asesinado, se tiró sobre él, para cubrirlo y protegerlo de los golpes con su propio cuerpo, como ella misma me dijo en la presencia de su esposo; un amor conyugal y fidelidad dignos de ser mencionados, y dejados en el registro. Y aunque ella entonces no recibió golpes muy feroces, aún así habían algunas mujeres que fueron golpeadas gravemente con garrotes, en los cuales habían puesto clavos de hierro. Y una viuda anciana recibió no menos de doce golpes sangrientos en varias partes de su cuerpo; y otra mujer fue perforada en el lomo con un garrote de estos. Un hombre anciano de sesenta y cinco años fue seguido por una larga distancia por tres personas de a pie y uno a un caballo, y fue golpeado y herido de tal manera que una mujer, teniendo piedad de este anciano, le dijo a esos viciosos perseguidores que pararan; pero esto enojó tanto al jinete a caballo, que le dio un fuerte golpe con su espada en el hombro, con maldiciones y recriminaciones. Esta barbaridad continuó, hasta que los perseguidores llegaron a estar tan exhaustos golpeando a los inocentes, que parecían llegar a ser más bravos a medida que continuaban sus tribulaciones, no importando lo grave que fueran. Un gran promotor esta furiosa violencia fue el capitán Turner, que le ordenó a sus soldados que cometieran estas acciones. Su malicia era tan grande que una vez mientras deshacían una reunión, él no sólo dio la orden de golpear a la gente, sino también que destruyeran el cuarto, las ventanas, y las murallas; de modo que el daño llegó a veinticinco libras.

Ahora, yo podría pasar a dar una gran descripción del juicio de muchos prisioneros en Worcester, ante los jueces Hyde y Terril; pero debido a que ese juicio fue muy similar al de Juan Cook, detallado en este documento, no haré sino una mención breve de esto. Cuando los prisioneros, siendo llevados al tribunal, preguntaron por qué habían sido dejados por tanto tiempo en la cárcel; se les contestó con la pregunta que si ellos tomarían el voto de lealtad. Pero se hicieron esfuerzos para hacer que algunos se delataran a sí mismos, preguntándoles dónde habían estado en ese día. Porque si hubieran dicho en la reunión, entonces hubiera salido de su propia boca que ellos habían actuado contrario a la ley; pero ellos respondieron con recelo, que no estaban obligados a acusarse a sí mismos. Otros por evidencia fueron culpados con haber estado en la reunión; y cuando ellos dijeron que sus reuniones no siempre eran para adoración pública, sino que ellos también tenían reuniones para cuidar a las viudas, los huérfanos, y otros que eran indigentes; sin embargo se le dijo al jurado, que aunque no había evidencia, que había habido predicación en esa reunión, sin embargo si sólo creían que los prisioneros habían tenido una reunión para alabanza religiosa, eso era suficiente para que ellos aprobaran la acusación. Y aún así tales procedimientos en otros casos se hubieran considerado injustificados.

Eduardo Bourn fue encarcelado por haber estado en la reunión, y después al ser llevado a juicio, se le ofreció que tomara el voto. Entre otras palabras que él dijo en defensa propia, dijo: ‘Suponga que Cristo y sus apóstoles hubieran tenido una reunión aquí en este lugar, ¿acaso esta ley en contra de las reuniones les aplicaría a ellos también?' ‘Sí,' dijo el juez, '¡aplicaría!' Pero pensando otra vez para sí mismo, dijo: 'No responderé a sus preguntas; ustedes no son apóstoles.' La conclusión fue que Bourn y varios de sus amigos fueron multados cinco libras cada uno.

Ahora, debido a que aquellos que fueron multados de esta manera no acostumbraban a pagar las multas, al considerar que aquello por lo cual eran multados era un deber indispensable que le debían a Dios, y por lo tanto no podían pagar tal multa de buena consciencia, entonces la consecuencia generalmente era el encarcelamiento, y la toma de sus bienes como pago de las multas, por lo cual algunos perdieron dos veces, y tal vez tres veces la cantidad de la multa. Algunos de los prisioneros hicieron parecer que habían estado en otro lugar, y no en la reunión en la casa de un tal Roberto Smith, durante el tiempo de la evidencia declarada bajo juramento; y sin embargo, debido que no dieron una respuesta satisfactoria a la pregunta de si ellos habían estado allí en ese día, fueron considerados culpables. El mencionado Roberto Smith fue culpado por apelar a una corte extranjera: porque cuando se le ofreció el voto de lealtad, y él fue amenazado por el juez con una apelación a la corte extranjera, preguntó quién había hecho esa ley para tomar el dicho voto, si es que no era para los papistas. Y bajo sospecha de que algunos de esa persuasión se sentaban en el tribunal, él también preguntó que si ellos, para la satisfacción de la gente que estaba presente, no debían también tomar el voto. Pero el juez desatendió esto diciéndole que él tenía que tomar el voto, o de otra manera se le pronuciaría una sentencia en su contra. Smith entonces preguntó si el ejemplo de Cristo decidiría el asunto; pero el juez dijo: 'No he venido aquí a disputar con ustedes con respecto a la doctrina de Cristo, sino para informarles con respecto a la doctrina de la ley.' Entonces a Smith se lo llevaron y después, cuando se les hizo la acusación por rehusar el voto, él fue llevado a corte otra vez, y se le preguntó si respondería a la acusación, o no; y las razones que él dio no fueron aceptadas, el juez dijo, antes que Smith terminara de hablar: ‘Esta es tu sentencia, y el juicio de la corte: Tú quedarás fuera de la protección del rey, y cederás para siempre los derechos de tus propiedades privadas al rey, y tus bienes raíces durante la vida.' A esto Roberto dijo con una mente serena: ‘El Señor ha dado, y si él decide que sea quitado, se hará su voluntad.' Entonces Roberto Smith sufrió, con muchos más de sus amigos, allí y en otras partes: todo lo cual yo creo que mi vida entera no sería suficiente para describir de manera circunstancial.

Pasando entonces por las otras persecuciones de este año, relataré un caso notable que sucedió este año, 1663, donde la paciencia triunfó muy eminentemente sobre la violencia. Pero antes que yo entre en esta narrativa, no sería malo retroceder un poco, y mencionar algunos casos singulares del actor principal del hecho que voy a describir.

En Warborough de Oxfordshire, aquellos que son llamados cuáqueros también fueron abusados gravemente en sus reuniones religiosas, y aún las ancianas no fueron perdonadas; lo cual a menudo causó que el llanto de los niños inocentes subiera hasta el cielo, cuando ellos vieron a sus madres que eran tratadas tan mal. Porque el que los magistrados mismos rompieran sus canas en pedazos sobre aquellos que se reunían, era una cosa común; y entonces usaban otros palos: a menudo a las mujeres se les sacaban las ropas de arriba; y esto acompañado con la toma de los bienes. Que estos perseguidores estuvieran así de enfurecidos no era extraño, cuando consideramos que algunos fueron llevados a eso por sus maestros; un ejemplo de lo cual fue dado por Roberto Priest del mismo lugar, quien una vez dijo en un sermón, que las leyes del rey, aunque eran contrarias a la ley de Dios, que todavía debían ser obedecidas. Muy diferente era la doctrina de los apóstoles Pedro y Juan, cuando ellos dijeron al concilio judío: 'Juzguen ustedes si es que es correcto ante la vista de Dios, obedecerlos a ustedes más que a Dios.'

En Northamptonshire, donde la persecución también era muy terrible, el obispo de Peterborough dijo públicamente en la iglesia, después de haber mandado a los oficiales a ejecutar el último acto en contra de las reuniones sediciosas, ‘En contra de todos los fanáticos ha hecho su negocio, excepto los cuáqueros; pero cuando el parlamento se reúna otra vez, se hará una ley más fuerte, no sólo para quitar sus alabanzas y sus bienes, sino también para venderlos como esclavos.' Así los eclesiásticos apagaron el fuego de la persecución.

En York la toma de bienes fue ferozmente impulsada por el concejal Richardson; y aún los niños y las niñas, que tenían menos de dieciséis años de edad, y por lo tanto no estaban sujetos a la penalidad de la ley, fueron multados; y cuando los guardias no se mostraron dispuestos a asistir en el robo, fueron desdeñados, y uno que fue procesado por no llevar a cabo su deber, porque él había rehusado a quitarle la capa a un hombre. Pero si yo mencionara los males cometidos en todos los condados y lugares, ¿cuándo llegaría a alguna conclusión?

Tomás Green, un hombre grave, con quien yo he estado muy familiarizado, estando en oración en una reunión en Sawbridgworth de Hertfordshire, fue levantado de sus rodillas y arrastrado hacia afuera; y al ser llevado ante los jueces Roberto Joslin y Humphrey Gore, lo multaron con veinte libras, por hablar o predicar en la dicha reunión; y emitieron una orden judicial a Juan Smith y Pablo Thomson, que eran guardias, para tomar bienes o propiedades; después de lo cual ellos fueron al negocio de Tomás Green, en Royston, y tomaron suficientes bienes como para que valieran cincuenta libras. Pero esto no apagó su celo; porque como un pastor verdadero y fiel, él continuó alimentando al rebaño, y para edificar la iglesia con su don: en lo cual él fue muy servicial.

En otra ocasión, los jueces Pedro Soames y Tomás Mead, emitieron una orden de tomar bienes con el valor de veinte libras del mencionado Tomás Green, por predicar en una reunión en Upper-Chissel, en Essex. Y los oficiales que fueron al negocio de Tomás Green, tomaron todo lo que pudieron tomar, dejando nada en el negocio sino un rollo de hilo arruinado, que se había caído al suelo, y no había sido visto por ellos.

Teófilo Green sufrió también una gran pérdida de bienes, por haber predicado en una reunión en Kingston-upon-Thames, fue puesto en el cepo por varias horas, y multado veinte libras. Y habiendo predicado los tres siguientes primeros días de la semana en Wandworth, fueron cada uno multados con la misma cantidad.

La semana siguiente, estando en Uxbridge, y visitando algunos pobres niños de sus amigos, cuyo padre y madre habían muerto uno un poco después del otro, él tomó dos de ellos como suyos, y se preocupó de disponer del resto. Y quedándose allí hasta el primer día de la semana, se fue a la reunión, y exhortó a sus amigos a seguir reuniéndose en el nombre de Jesús: y cuando fueron dichas estas palabras entraron el guardia y el informante, y lo llevaron al juez Ralph Hawtrey, que le dio una multa de veinte libras, y lo envió como prisionero a Newgate en London, con una orden judicial; donde se le acusó que había exhortado a la gente a seguir reuniéndose en el nombre de Jesús, a pesar de las leyes de los hombres que lo prohibían. Se emitieron órdenes para causar aflicción por las multas mencionadas anteriormente, las cuales sumaron cien libras y cinco chelines; ellos vinieron y abrieron sus puertas, y se llevaron todos los bienes que encontraron, dejándolo sin cama ni silla. Y después que había estado como prisionero por tres meses, él con siete más fueron llevados a la cámara de sesiones en Hicks' Hall, y los votos de lealtad y supremacía fueron ofrecidos a ellos. A lo cual su alegato era: 'Como un inglés, yo debería ser absuelto o condenado, por aquello por lo cual soy culpado, antes que yo pueda responder a cualquier otro asunto o causa. Además, yo veo que he sido encerrado ilegalmente, porque he sido punzado y encerrado por el mismo hecho.' Pero ellos le dijeron que él debía responder si es que él habría de jurar o no; y entonces él sería oído. Pero como continuaba rehusándose a jurar, fue llevado a la cárcel con el resto; y después cuando fue llamado otra vez, y como todavía no estaba dispuesto a quebrantar el mandamiento de Cristo, que dice que no se debe jurar por ningún motivo, la sentencia de apelación a una autoridad extrajera fue leída en contra de él y sus compañeros de cárcel, de modo que continuaron en la cárcel por más de dos años, hasta que fueron liberados por un acto de gracia de parte del rey.

La reunión de aquellos llamados cuáqueros fue miserablemente perturbada en Horslydown en el condado de Surrey. En el día 25 de septiembre varios mosqueteros fueron al lugar de reunión, y arrastrando hacia la calle a los que estaban reunidos, los soldados del rey vinieron cabalgando entre ellos, y los golpearon y abusaron violentamente, empujándolos con sus carabinas, lo cual los otros hicieron con los extremos de sus mosquetes, de tal manera que más de veinte personas fueron heridas o severamente lesionadas; no, tan desesperadamente impías eran estos tipos malignos, que un grupo que andaba a caballo quiso cabalgar por encima de estas personas inocentes; pero los caballos, más misericordiosos que los jinetes, al no avanzar, ellos los hicieron dar la vuelta, al frenarlos y detenerlos, intentaron hacer cualquier maldad que pudieron. El día 2 de octubre, vino hacia estas personas pacíficas, que habían sido echados fuera de su lugar de reunión, un grupo a pie y un grupo a caballo y los abusaron no menos violentamente que la semana anterior; tanto así que con los golpes rompieron varios mosquetes y picos, y una carabina, y más de treinta personas fueron severamente heridas y lesionadas, de manera que su sangre fue derramada en las calles.

En el día nueve del mismo mes los soldados, tanto a caballo como a pie, fueron otra vez a la reunión que se llevaba a cabo en el mismo lugar, y uno de ellos que tenía una pala, tiró lodo cenagoso de los canales [que eran alcantarillas abiertas con aguas residuales] sobre tanto hombres como mujeres; y después vinieron los de a caballo y a pie, y cayeron sobre ellos, golpeándolos y derribándolos, sin respetar edad o sexo, hasta que ellos hicieron a muchos sangrar; y cuando algunos de los habitantes compadeciéndose los llevaron a sus casas, y salvaron sus vidas, los soldados abrieron las puertas por la fuerza, y los arrastraron otra vez hacia la calle, y les quitaron los sombreros para poder golpearlos con la cabeza descubierta; hasta el punto que a muchos les rompieron la cabeza. Algunos soldados también les rasgaron las ropas a las mujeres por atrás, y las arrastraron por el lodo cenagoso desde el costado de sus caballos; y algunos de los soldados a pie pusieron sus manos de la manera más vergonzosa bajo las capas de las mujeres: no, un soldado le pegó dos veces con su mosquete a una mujer que estaba embarazada sobre el vientre, y una vez en el pecho, mientras que otro le tiró tierra en la cara: de modo que ella abortó espontáneamente. Y más de cincuenta personas en este día fueron severamente heridos y lesionados. El día 16 de este mes estas personas concienzudas se reunieron otra vez para realizar su adoración a Dios, cuando vino un gran grupo a caballo y a pie, y cayeron sobre ellos para golpearlos tan violentamente, como si ellos quisieran matar a todos en ese instante; de modo que la sangre corrió por los oídos de muchos; y uno de los guardias intentó detener al impío grupo de personas para que no derramaran más sangre, pero cayeron sobre él también, y le rompieron la cabeza; y cuando ellos fueron reprendidos por sus crueles acciones, algunos dijeron: 'Si ustedes supieran las órdenes que tenemos, dirían que los hemos tratado misericordiosamente.' Y cuando se les preguntó cómo podían tratar así a la gente que no ponía resistencia u oposición, ellos respondieron: ‘Preferiríamos, y sería mejor para nosotros, si ustedes se opusieran y resistieran.' Por lo cual se vio claramente que este mal fue hecho para provocar oposición, para que ellos pudieran llenar sus manos con la sangre de esas víctimas, y así despojar los bienes y las vidas de ellos. Por lo tanto era conveniente familiarizar al rey y su concilio con esta brutal crueldad; lo cual tuvo tal efecto que se detuvieron hasta cierto punto estas excesivas crueldades, aunque sus abusos no cesaron del todo.

Persecuciones en Boston

Nota de editor del sitio: He notado en mis años que mientras más inseguro está uno en su incredulidad, más amenazantes son las creencias opuestas. Muchos puritanos se fueron de Inglaterra en el tiempo antiguo para escapar la persecución, huyendo a las colonias Americanas. Es un hecho trágico que cuando surgió la fe de los cuáqueros, los puritanos eran los más violentos en oponerse a ellos. Yo le sugiero que su fe, basada en una observancia externa rígida de las reglas que están en la Biblia, era tan frágil, que cuando la Verdad apareció entre los cuáqueros, ellos se atemorizaron mucho. Por lo tanto reaccionaron desesperadamente para apagar la Luz que les dijo que su fe estaba sobre sobre un terreno arenoso, lista para ser arrastrada por la primera tormenta. Ellos persiguieron cruelmente a los cuáqueros y a cualquiera que se atreviera a cuidarlos.

Pero ahora hágase la siguiente pregunta: ¿está su fe basada en la Biblia, o está basada en conocer a Dios dentro de sí mismo, quien le enseña, lo guía, lo corrige y lo purifica? (por supuesto, mientras que uno esté en conformidad al testimonio de la Biblia). ¿Puede usted decir que tiene el mismo espíritu de la Biblia? ¿Están siendo sus acciones y palabras controladas por el Espíritu Santo dentro de usted?

Si usted encuentra que estas preguntas son amenazadoras, tal vez usted entiende cómo los puritanos persiguieron a los cuáqueros. 

El espíritu de persecución todavía está vivo hoy en día; muchos fundamentalistas que leen este sitio de internet me acusan de ser un ministro de Satanás, quienes, si tuvieran la oportunidad, probablemente serían inspirados por su espíritu santo? a golpearme para la gloria? de Dios.

- de Valiantes por la Verdad:

En el mes de julio del año 1656, dos mujeres que eran Amigas llegaron a Boston, Massachusetts, procedentes de Inglaterra. Fueron tratadas cruelmente y encerradas en la cárcel por cinco semanas. Nicolás Upsal, antiguo residente de Boston, y ardiente cristiano, lamentaba la condición atribulada de estas mujeres desamparadas. No les daban alimento, y él indujo al carcelero a darles alimento, pagándole cinco chelines por semana. Fueron liberadas de la cárcel solamente para ser devueltas a Inglaterra.

Un mes más tarde un buque cargado de Amigos llegó a Boston, y aunque no había ley en contra de ellos, fueron considerados como demasiado peligrosos para estar en libertad y después de una breve prisión fueron devueltos a Inglaterra. El gobernador de Massachusetts, John Endicott, hizo entonces una ley prohibiendo a los capitanes de buques de traer cuáqueros a la colonia, y amenazando con prisión a los que se atrevieran a venir. El honrado Señor Upsal sentía sobremanera que esta ley era injusta, según su parecer, y protestó contra tales edictos, amonestando a tener cuidado de no estar peleando contra Dios. Los gobernantes, resentidos de tal intervención, impusieron al venerable anciano una multa de veinte libras y le desterraron de la Colonia. La colonia vecina de Rhode Island ofrecía un asilo a los perseguidos por sus creencias religiosas. Roger Williams, su fundador, había sido desterrado de la provincia de Massachusetts por sus ideas liberales, y al formar el gobierno de su nuevo hogar declaró: "La doctrina de la persecución por causa de la consciencia es evidente y lamentablemente contraria a las doctrinas de Jesucristo." Allí en la profundidad del invierno Nicolás Upsal dirigió sus pasos, y fue hospedado amablemente durante su viaje por un jefe indio, cuyo campamento quedaba al lado de su camino.

La temida herejía se extendió no obstante los esfuerzos de los gobernantes de la colonia de Massachusetts para impedirlo, de modo que dictaron leyes aún más severas que las anteriores. Impusieron una multa a todos los que se ausentasen del culto público puritano. Ninguno podía ofrecer hospedaje o alimentos a los odiados cuáqueros sin exponerse a una multa, y todos los que profesaban sus doctrinas debían ser flagelados públicamente, perder sus orejas, y sus lenguas tenían que ser traspasadas por un fierro candente; y si estas medidas fueran ineficaces debían ser desterrados de la colonia. Aún los niños no se escapaban. En algunos casos fueron condenados a ser vendidos como esclavos a las islas Bermudas para pagar la multa impuesta a sus padres.

Dos historias reveladores de persecución de niños nos son dadas por Sewel:

Lawrence y Cassandra Southwick, de Boston, habían sido encarcelados por no asistir a la adoración pública de los puritanos. Sus hijos, al ver la traición de las autoridades religiosas, también rehusaron asistir a los servicios de adoración. Ellos fueron multados diez libras cada uno, y como no tenían dinero para pagar a multa, el tesorero del condado, Edmundo Butler, con autoridad legislativa, decidió venderlos como esclavos en Barbados. Sin embargo, no podía encontrar ningún capitán de barco dispuesto a participar en un proyecto tan diabólico; uno incluso dio la excusa que no quería que los prisioneros estropearan el negocio de su barco. A lo cual Butler respondió: "No, usted no necesita tener temor de eso, porque ellos son pobres criaturas inofensivas, y no le harán daño a nadie." "¿No lo harán?" respondió el capitán, "¿y usted hará esclavos a estas criaturas?" De modo que su malicia deliberada, con sus aparentes excusas, fueron expuestas y admitidas involuntariamente. Afortunadamente, los niños no fueron transportados, sino que regresaron a sus hogares para arreglárselas solos, ya que sus padres todavía estaban en la cárcel.

También reportó que una niña, de alrededor de once años de edad, llamada Patience Scott, cuya madre religiosa había sido cruelmente azotada por estas personas, testificó en contra de su impía persecución; lo cual enojó tanto a los perseguidores, que ellos enviaron a la niña a la cárcel; y cuando la niña fue examinada, habló tan bien para ese propósito, que confundió a su enemigos; algunos de ellos confesaron que tenían muchos hijos, que habían sido bien educados, y que sería bueno si ellos pudieran decir la mitad de eso acerca de Dios, ella podía hacerlo del diablo. Pero la niña era tan pequeña, que no pudieron decidir desterrarla, como lo hicieron con los otros.

Pero fue en las colonias de Nueva Inglaterra que la extrema penalidad de la muerte fue impuesta sobre aquellos que no habían cometido ningún crimen más grande ante los ojos de los jueces que ser cuáqueros. Ya se ha hecho mención de las persecuciones a las cuales fueron sometidos algunos de la odiada secta de los cuáqueros, y en 1655 la corte general de Plymouth emitió una proclamación denunciando que ellos "publicaban folletos peligrosos y horribles," y declarando que cualquiera que fuera convencido a compartir sus creencias debería ser desterrado de la colonia bajo pena de muerte. En obediencia a su ley cuatro personas fueron ordenadas a dejar la jurisdicción. Ellos eran William Robinson, Marmaduke Stephenson, William Leddra, y María Dyer, quienes habían 'ido a Boston a trabajar por su Señor.' En obediencia a ese mandato ellos se fueron de la ciudad, pero William Robinson y Marmaduke Stephenson no se sintió satisfecho de ir más allá de Salem. Allí ellos pasaron la noche con algunos de sus amigos, y en la mañana, después de una despedida cariñosa, partieron otra vez hacia Boston con unos pocos que decidieron acompañarlos. Parecía casi como una procesión funeral, ya que ellos calmada pero solemnemente fueron hacia su muerte, siguiendo lo que parecía la guía del Señor. Al llegar a la ciudad fueron arrestados rápidamente y encerrados en la cárcel. En el mes siguiente María Dyer regresó y también fue puesta bajo custodia. Los prisioneros fueron entonces llevados ante la corte y la sentencia de muerte fue pronunciada sobre ellos.

En el día designado para su ejecución una banda de doscientos hombres armados, además de muchos hombres a caballo, fueron llamados para escoltar a estos cuáqueros inofensivos y desarmados a la horca. Los prisioneros fueron puestos en el centro con un tamborilero a su lado, a quien se le ordenó que hiciera suficiente ruido para ahogar sus voces, si ellos intentaban hablar con las muchedumbres que los seguían. Los prisioneros mismos estaban en paz. Se nos dijo que "ellos se fueron con gran alegría, como hacia una fiesta de bodas eterna." Los hombres sufrieron primero, y después María Dyer subió al patíbulo; pero cuando la cuerda fue puesta alrededor de su cuello se oyó un grito: "Ella ha sido indultada." Su hijo había hecho mucha intercesión para que le fuera concedida la vida en condición que ella dejara la colonia inmediatamente.

En la primavera de 1660 María Dyer se sintió inspirada por el Señor a regresar a Boston, y pronto se encontró en su vieja prisión otra vez. Cuando fue llevada ante la corte, el gobernador, Juan Endicott, le preguntó si ella era la misma María Dyer, a lo cual ella respondió: "Yo soy." Ella entonces dio la razón de su regreso; ella creía que el Señor la había enviado a suplicarles que revocaran su ley impía, y a advertirles que Él por seguro castigaría a aquellos que se opusieran a Su voluntad. El gobernador Endicott era brutal, y él ordenó que fuera ahorcada a las nueve en punto al día siguiente.

Llegó la mañana. El parque Boston Common presentó un espectáculo indeseable. Grupos de mujeres sobrecogidas estaban hablando en susurros del triste destino que le esperaba a una que era como ellas, una esposa y madre. Los niños miraban con asombro y terror a la sombría horca que fue erguida ante ellos, y se preguntaron qué cosa tan mala había hecho esta mujer para que tuviera que ser ahorcada; mientras los hombres fuertes que denunciaron el celo errado de los cuáqueros, podían reconocer que eran una secta honesta. Pronto vino el sonido del tambor y del pífano, y un grupo de soldados pasó marchando; entonces vinieron hombres golpeando el tambor fuertemente, y por su lado caminó calmada y serenamente la heroína del día, la odiada, despreciada cuáquera. Ella subió al patíbulo, y cuando se le ofreció perdonarle la vida otra vez, bajo la condición de que se fuera de Boston para siempre, ella contestó: "No, no puedo prometer. En obediencia a la voluntad del Señor yo vine, y en su voluntad permaneceré, fiel hasta la muerte." La señal fue dada, y la puerta de la trampa cayó bajo ella, y esta testigo fiel cayó a su muerte, yendo a casa con Jesús para estar con Él para siempre.

Otro hombre fue ejecutado, ante el Rey, habiendo sido informado de las injusticias cometidas en sus colonias, lo cual fue emitido y ordenado para la condenación de todos los cuáqueros para ser llevados a casa. Muchos otros cuáqueros, o incluso aquellos que eran agarrados siendo amables con los cuáqueros, eran brutalmente azotados, quitándoles todo o más de la carne de sus espaldas y sus lados.

La primera mujer predicadora cuáquera fue Elizabet Hooton, una de los Sesenta Valientes enviados por Cristo hacia toda Inglaterra para predicar el verdadero evangelio. En 1661, cuando tenía sesenta y cinco años de edad, Elizabeth fue a America en un viaje misionero, llegando a Boston en 1662. Debido a las leyes puritanas en contra de los cuáqueros, ella tuvo dificultades considerables para obtener alimento o alojamiento. Mientras visitaba algunos cuáqueros en la cárcel, fue llevada ante el gobernador, Juan Endicott, quien después de insultarla, la envió a la cárcel. Posteriormente ella llevada en un viaje de dos días hacia el bosque, donde fue dejada para morir de hambre. Sin embargo, se las arregló para encontrar el camino hacia Rhode Island, consiguió un pasaje hacia Barbados, regresó a Boston, y después de una breve estadía volvió a Inglaterra. Después de conseguir una licencia del rey Carlos II para establecerse en cualquiera de las colonias americanas, Elizabeth Hooton regresó a Boston, donde intentó instalarse, pero encontró que la licencia del rey fue invalidada por las reglas de la ciudad. Entonces se fue a Cambridge, donde, debido a que no estaba dispuesta a negar su credo, fue echada en un calabozo y mantenida sin alimento o bebida por cuarenta y ocho horas, (una persona que intentó darle comida fue multada cinco libras). Después ella fue ordenada por la corte a ser azotada en tres ciudades, lo cual fue hecho a mediados del invierno y con gran severidad. Entonces ella fue llevada otra vez hacia la profundidad del bosque y dejada allí; otra vez se las arregló para llegar a la ciudad, donde recibió amistad, y después fue dejada; después de visitar Rhode Island, regresó a Cambridge, donde otra vez fue sometida a un trato brutal. Ella y su joven hija que la acompañaba fueron desvestidas hasta la cintura y azotadas mientras eran arrastradas por la nieve detrás de una carretilla por una distancia total de 80 millas, cuando pasaban por tres ciudades puritanas importantes. Los puritanos llamaron tanto a las mujeres como a los hombres cuáqueros brujos, poseídos por el diablo.

Jorge Fox declaró que él supo exactamente cuando sucedieron las ejecuciones y pudo sentir el lazo alrededor de su cuello. Por lo menos otros 27 cuáqueros fueron programados para ser ejecutados por los calvinistas puritanos [congregacionalistas] de Boston, (uno o más fueron ejecutados antes de su acción). Fox todavía estaba en la cárcel, de modo que Eduardo Burrough fue con el rey e inmediatamente apeló a él para que detuviera las ejecuciones; el rey Carlos se emocionó, y ordenó que todos los cuáqueros que estaban encarcelados de por vida o programados para ser ejecutados, fueran llevados a Inglaterra para darles la libartad. El rey Carlos emitió inmediatamente un mandato judicial [una orden legal del rey, la cual no podía ser evitada de ninguna manera por los tribunales menores], condenando esta práctica y demandando que todos los cuáqueros fueran llevados de vuelta a Inglaterra. Un grupo de cuáqueros se hicieron a la mar rápidamente hacia Nueva Inglaterra con el mandato judicial en mano, pagando por sus propios gastos, y los Amigos fueron inmediata y repentinamente rescatados de la prisión y de sus programadas ejecuciones. Después en Inglaterra, Jorge Fox se reunió con algunos de estos perseguidores de Boston con preguntas tan penetrantes que los avergonzó grandemente, y ellos admitieron su culpa por asesinar a los cuáqueros. Temiendo persecución de los parientes de aquellos que fueron asesinados, ellos huyeron hacia Nueva Inglaterra.

Aún cuando era raramente posible procesar a sus perseguidores en la corte, los cuáqueros consistentemente se negaron a culparlos, dejándolos para el juicio de Dios. Pero Dios fue limitado de esa manera. Los orgullosos perseguidores cristianos? puritanos de Massachusetts encontraron muertes extrañas y dramáticas, y a veces reconocieron que era el juicio de Dios. Juan Endicott, el cruel gobernador que había mandado azotar a tantos hasta el punto que la carne en sus espaldas estaba completamente destrozada, él mismo fue afligido de manera que su espalda se le pudrió lentamente, con un hedor que alejó a cualquiera que le pudiera prestar alivio. Pero el área entera de Boston sufrió un juicio aún más extraño. Citando a Sewel:

"Sin embargo puedo mencionar aquí una cosa extraordinaria, la cual cuando la oí la primera vez, no lo podía creer completamente: pero pensando que valdría la pena hacer una pequeña investigación de aquello, no sólo por escrito, sino también a partir de las bocas de las personas que habían sido testigos oculares, o habían sido informados por los tales; y de ellos obtuve esta observación en la cual coincidían, esto es, que la región alrededor de Boston antes había sido un terreno muy fructífero que producía un trigo excelente; pero desde el tiempo durante el cual esta ciudad había sido manchada con la sangre de los así llamados cuáqueros, ni trigo ni ningún cultivo similar, podía crecer a perfección dentro de una distancia de veinte millas, aunque la tierra había sido arada y sembrada varias veces; porque a veces lo que se sembraba era arruinado por los insectos o bichos; y en otras ocasiones crecía, pero a penas producía más de lo que se sembraba, y por lo tanto no podía sostener el costo de la plantación; y en otros años la cosecha esperada era arruinada por algún otro accidente; y habiendo continuado estas desilusiones por muchos años, la gente finalmente comenzó a cansarse de probar, y así dejaron al tierra sin arar; a pesar de que a veinte millas de Boston la tierra es muy fértil, y produce muy buen maíz. Pero siendo que habían ejemplos infructuosos más cerca de la ciudad, las personas de edad que aún viven, y recuerdan los tiempos antiguos, generalmente concuerdan en su opinión de que esto es un castigo del cielo, y una maldición sobre la tierra, por el derramamiento de sangre inocente en Boston. Yo recibí este informe de tanta gente confiable (aunque los unos no sabían nada de los otros, ya que diferían bastante en tiempo), y lo que me dijeron estaba tan de acuerdo con la historia principal, que yo no podía hacer otra cosa más que creerlo, aunque al principio no pensé que era creíble; y por lo tanto he sido más exacto en mi investigación, de manera que ya no podía cuestionar el asunto; pero me parecía como un castigo por el comportamiento sanguinario que ya había terminado hace mucho tiempo."

Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.

1 Juan 3:11-12

 

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


Arriba | Quienes Somos | Inicio